LO PROMETIDO ES DEUDA

¡Hola flosers! Como bien os dije hace un mes, ha llegado el momento de dejar este blog. Pero sólo para cambiar de registro y seguir evolucionando.

Quiero daros las gracias por estos fantásticos siete años juntos. Y espero que me acompañéis en mi nueva aventura.

A partir de ahora me podréis encontrar en:

¡Os espero!

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LOS MUY IDIO…

Loser_by_lisasimpson

No sé que pasa últimamente, pero soy un imán para las personas digamos… de escasa inteligencia (por no llamarlos gilipichis) tranquilos, puedo decirlo, tengo el carné de insultos chorras. El caso es que parece que todos se hayan enterado que tengo tiempo libre, porque si no no me lo explico. El otro día, sin ir más lejos, estaba en una biblioteca, mirando el pc de un conocido porque tenía problemas con su antivirus, de repente viene la bibliotecaria (que por cierto no hizo ruido, creo que vino levitando en plan Drácula, y por su peinado, quizá fuera Drácula) y nos dice: “aquí no se puede hablar tan fuerte, no sé si os creéis que estáis solos”. De entrada estábamos susurrando así que a no ser que sea una biblioteca para gente con superoído, no me toques los limoneros. Por otra parte, a los que has oído han sido los dos críos que estaban “estudiando” como el que comenta el partido del domingo en el bar. Yo no podía creerme que me hubiera dicho eso de una forma tan borde. He ido y le digo: “You mamma so fat!” (no, en serio) “perdona, pero ¿qué es eso de venir así de borde y pegarnos la bronca cuando no estamos hablando fuerte, a diferencia de los otros dos?” y me dice: “yo te lo digo antes de que lo hagas” ¡tócate los lolos! ¡La tía predice el futuro y todo! ¿Cómo amonestas a alguien por algo que no ha hecho? Es como si alguien hubiera ido a ver a Ashton Kutcher y le hubiera apaleado antes de que empezara a rodar “Jobs” (bueno, en ese caso habría estado muy bien).

Total que seguí a mi aire. Me metí en Facebook y, como era el día de la Mercé en Barcelona (la patrona de la ciudad), felicité a una contacto que se llama así y me dice: “Yo que intento librarme de la tontería esta de los santos porque ya no somos niños, y no me lo pones fácil. En fin…” yo ha habido un momento que he tenido que mirar a mi alrededor para buscar la cámara oculta, porque no me creía que dos gili… de esa categoría se hubieran juntado en un lapso tan corto de tiempo. Le pongo: “vale…” y me dice: “pero que yo te lo agradezco, ¿eh? No te ofendas.” Primero, no ofende el que quiere si no el que puede y segundo: si tú me lo agradeces ¡AGRADÉCEMELO, NO ME TOQUES LAS NARICES!

En capítulos anteriores de “Los Lerdos de Floser”… como muchos que me seguís sabréis, hay una sección en este blog que se llama “Once Cuestiones”. En ella promociono a gente a cambio de que responda once preguntitas MUY SIMPLES. Y diréis: “tito Floser, ¿por qué lo pones en mayúsculas?” pues veréis, niños, lo hago para que se os quede muy presente que son MUY SIMPLES. Sigamos, de entrada la gente que se COMPROMETÍA (no perdáis de vista las mayúsculas, ¿eh? Que habrá examen). Pues esa gente que se comprometía, de repente desaparecía y me ponía como excusa que estaban muy ocupados. Repitamos ¿cómo eran las preguntas? “MUY…” ¡bravo! Y esta ya va para nota: ¿Qué hacía la gente? “Se COMPRO….” ¡olé vosotros/as! (lo más curioso es que más de uno/a habréis respondido al examen, me encanta tener tanto poder, ¡muahahaha!) Pues eso. Otro caso de “Once Cuestiones” es el del batería/compositor/líder de un grupo de música. Nos seguíamos en Facebook mútuamente. Le ofrezco la entrevista (él encantado), le pido el e-mail para mandarle las preguntas (él me lo da), le pregunto si le ha llegado el e-mail porque tengo problemas de conexión últimamente… (él se agobia y me bloquea)… really? Como diría Forrest Gump: “y no tengo nada más que decir sobre esto”.

Yo creo que es una prueba que el universo me está poniendo. ¿De qué? Ni zorra idea, pero prueba al fin y al cabo. Quizá si la supero me canonicen, o quizá me contraten para un holocausto masivo, no lo tengo claro. El caso es que tengo que sacar paciencia de donde pensaba que no la había, quizá me veáis en la sección de sucesos, o quizá mi úlcera haga que implosione. ¡Se admiten apuestas! (Era broma, guardad los billetes, no me seáis gentuza).

Es un tema delicado, ¿eh? Cuando me visto cada mañana y me planto delante de la puerta de mi casa, suspiro para salir a la calle. Me da miedo lo que me puedo encontrar ahí fuera. Me siento como Magneto antes de entrar en una ferretería, puedo morir. ¡Es que me vienen todos a mí últimamente! Cuando veo que alguien se acerca a mi en la calle para preguntarme por una dirección, le grito: “¡MI NO ENTIENDA TU IDIOMO!” por si acaso es un gili que viene a por mi. Son como zombies, bueno no… son lo contrario. Porque los zombies van en busca de cerebros, los gilis huyen de ellos (de hecho se extirparon los suyos). Son estos a los que les dices: “Perdona, ¿tienes hora?” y te dicen: “sí…” y cuando les preguntas: “¿me la puedes dar?” dicen: “es que entonces me quedo yo sin ella…” vamos: gilis de categoría profesional. De esos gilis que dices: madre mía, eres tan gili que tiene que dolerte. Ais, voy a dejar este monólogo, porque decir gili y no acabar la palabra, es un asco.

MONO-LÓGICOS: “LA GENTE ME CAE MAL”

Me cae mal la gente. Sí, es así, noto como el “gilipollismo” se extiende en la sociedad. Hace unos días me fui de excursión con unos amigos a una feria medieval, eso estaba más lleno que el estómago de Falete en Navidad, una cosa “bárbara” Rey (que malo, este). Bueno, pues estábamos bajando por una escalera – o mejor dicho, intentándolo, porque con la cantidad de gente no había un Dios que se moviera –, y el tío de atrás, que llevaba un carrito de niño, no paraba de darme en los talones con las ruedas. Me paraba, porque de momento no sé atravesar a la gente y si hay una barrera de Parchís delante mía pues tengo que pararme, y el tío venga a darme con la ruedecita. Se conoce que pensaba que yo tenía un botón en el talón, que cuando lo aprietas se abre el mar de gente, rollo Moisés, y la verdad que en el talón solo tengo un botón que abre cabezas de personas, rollo Mike Tyson.

Me vuelvo agresivo con la sociedad, en serio. Hay una tontería flotando por el aire, y muchas personas parece que se pasen el día respirando hondo: “¡toa pa mi!” A ver si explotan los muy ansiosos. No, es que la gente no sabe vivir en civilización. Yo propongo una cosa, muchas personas deberían estar en la jaula de los gorilas de los zoológicos, y los gorilas en la ciudad. ¿Os imagináis? No podría ser, porque si vas al zoo e intentas hacer una foto alguno de estos especímenes, te dirían en su idioma: “¡¿PERO DE QUE VASSSSS PAVO?!” son así, más cortos que el orgasmo de un grillo (este es mío, y reconoced que os habéis imaginado a dos grillos chuscando y uno de ellos diciendo “¡AY, YA ESTÁ!”)

Mi problema es que no me puedo mudar al campo, sé que sería la mejor solución, pero el silencio me estresa. Yo en el campo, con el simple sonido del aire acariciando las plantaciones de trigo, acabaría como Jack Nicholson en “El Resplandor”, y vosotros diréis: “¿mal doblado?” no, loco y psicópata. Acabaría cargándome a alguien, y como no tendría a nadie, porque estaría solo en el campo, viajaría a la ciudad y estrangularía a un quinqui. Lo he mirado, no es ilegal, es un bien común.

Más ejemplos de personas que me caen mal, los “Skaters Senior” ya sabéis, esos que aún con los cuarenta años bien cumplidos, siguen paseándose por la calle montados en un monopatín. Con su gorra, su melena, su camiseta XXXXXXXXXXXXXXXXXL y los pantalones cagados. Que de lejos lo ves y dices “mira, un skater jovenzuelo” y de repente se acerca y te dan ganas de preguntarle: “¿tus hijos saben lo que haces en tus ratos libres?”

La gente no sabe envejecer. Y no digo que con cuarenta años se sea viejo, pero sí que estaremos de acuerdo en que no acabas de salir de la pubertad. Ya hay una edad, hay que saber crecer con dignidad. Ayer vi a dos tíos de esa edad, más o menos, paseando a los perros e iban con una gorra con la visera hacia atrás, los dos, uno de ellos llevaba una sudadera que ponía “VIDA EXTREMA” – a todo esto, cuando se agachó para recoger la “descomida” de su perro, hizo ese sonido de esfuerzo cuando te sientas o agachas, ese “ay…” – que me lo quedé mirando y pensé: “¡tío, estás quemando la vida por las dos puntas!” No hay que hacer estas cosas, vístete como una persona normal, no vayas disfrazado, que parece que vayas con retraso – aunque viéndoles, el retraso es más que evidente –.

También me cae muy mal la gente que participa en el programa “Atrapa Un Millón”, no sé si lo habréis visto alguna vez, pero los concursantes suelen ser más tontos que regalarle un libro a Mario Vaquerizo. Para empezar llegan al plató como si hubieran vivido toda su vida entre cámaras. Y a mi eso, pues llámame capullo, pero me da rabia. Cuando veo a alguien que no siente cierta vergüenza ante una cámara, me cae mal. “Yo es que no soy tímido” yo tampoco lo soy, pero si me enfocan con una cámara me quedo más quieto que la cara de la Duquesa de Alba, no me jodas.

Cuando ya han terminado de presentarse, y de ir un rato de listos, llega el momento de hacer la primera pregunta con cuatro opciones. Y verás que esta gente, estos inadaptados, van a razonar cualquier pregunta: “¿DE QUÉ COLOR ERA EL CABALLO BLANCO DE SANTIAGO? BLANCO, ROJO, VIOLETA, O DEPENDE LO QUE SE FUMASE SANTIAGO AQUEL DÍA.” Y ellos empiezan: “yo creo que es blanco, claro porque rojo no era, ¿no?” y el compañero “no, claro, es blanco, lo dice la propia pregunta”. Entonces ponen todo el dinero a esta opción y aún siguen conversando: “seguro, ¿no? Mira que no las tengo todas conmigo, ¿eh?” Entonces releen la pregunta. “Sí, es blanco tío, ¡es blanco!” cuando llega el momento de comprobar si han acertado – las trampillas de las respuestas falsas se abren y si hay dinero encima lo pierdes – aún se cogen de la mano y dicen “ay, no quiero mirar…” Yo creo que si fueran más tontos habrían necesitado un GPS para nacer, su tontería llega hasta un límite, que cuando se miran al espejo dicen “¡anda, me veo!” y para asegurarse de que son ellos piden el comodín del 50%.

Moraleja: si te cae mal la gente, no te sientas culpable, es culpa de ellos, por ser distintos a tí.

MONO-LÓGICOS: “PESADOS”.

Hoy me he encontrado con unos testigos de Jehová por la calle y cuando esto pasa se crea una situación muy extraña. Apartas la mirada y empiezas a andar con la cabeza gacha, como si fueran Medusa y al mirarlos a los ojos te fueran a convertir en piedra.

Yo he visto gente que se ha quedado quieta delante de los testigos de Jehova, y cuando les he dicho: “¡¿Pero qué haces insensato?! ¡¡Corre!!” me han dicho: “¡No, que si estás quieto no te ven!” y yo: “¡¡Eso es el tiranosaurus rex, huye!!” Y claro, como no me hacen caso, acaban siendo presas de éste encanto de oradores.

Estamos tan acostumbrados a encontrarnos con esta gente, que ya nos negamos sin escucharles. Hace un tiempo – y esto es verídico – me paran dos mujeres por la calle con unos panfletos impresos en papel. Yo claro, pensando que eran testigos, les dije: “no, lo siento, no creo” y de repente, sentí como si me castraran cuando una de ellas me dijo: “¿en qué no crees? ¿En salvar el amazonas?” Me quería morir, y ¿cómo sales de esa? Yo me puse nervioso y le dije: “no, la verdad” ¿No, la verdad? Es como no creer en la cocina de tu casa, ¡EXISTE! Yo creo que cuando me fui, rojo como un tomate y con la frente llena de sudor frío, ellas pensaron: “déjale, es subnormal…”

Pero es que sea de la forma que sea, los comerciales nos atacan por la calle. O incluso en los centros comerciales. A quién no le han preguntado eso de “¿es usted socio del Racc?” A mi al principio me sabía mal ignorarles y me paraba con todos. Pero oigan, cuando vas a un centro comercial a comprarte un libro, y tardas dos horas en llegar a la tienda porque has escuchado los discursos del comercial del Racc, del de ING Direct, y la chica que vende planchas para la ropa sin cables, acaba saliendo tu parte más cruel.

Yo voy a reconoceros una cosa, pero que no salga de aquí. Ahora, cuando me preguntan eso de “¿Es usted socio del Racc?” Siempre digo que sí, pero es mentira, solo quiero que me dejen en paz. No se lo digáis a nadie, ¿eh? ¡Hombre, es que no es culpa mía que esta gente no tenga amigos! Que entren en loquo y pongan un anuncio, no me jodáis…

Luego están los generosos, son esos que trabajan para alguna cafetería, o heladería o bombonería o lo que sea que acabe en “ia” y se te acercan con una bandejita con diferentes productos y te dicen: “¿Le apetece probar?” Yo que soy algo corto, me pensaba que se refería a otra cosa y le di mi número de teléfono. “Te espero en la pensión Loli” le dije. Ella me dio un bofetón y luego me tiró la tarrina de helado a la cabeza. Pero no os penséis que me quedé callado, no, no, le dije: “¡está muy feo eso de ir provocando al personal y luego pegarle! ¡Ah, por cierto, el helado muy bueno, aunque a mi me gusta más con nueces de macadamia!”

Pero aprendí la lección. Un día pasé por delante de una chica, por la calle. Estaba en una esquina en ropa interior, me miró, me susurró, sacó morritos y me dijo: “hola guapo… ¿te apetece probar?” Yo no me negué, fuimos a un hotel, se quitó la ropa interior… y después de probármela le dije: “a mi es que me va más el coulotte, ya siento haberle hecho perder el tiempo” y me fui.

Hay momentos, en los que la gente que te ofrece una degustación, es extremadamente pesada. “Hola, estamos ofreciendo el nuevo sabor de queso al toque choricero, ¿le apetecería probarlo?” y tú: “no, gracias” a lo que contraatacan: “Está realmente bueno, ¿eh?” y tú: “ya, pero no me apetece, gracias” y te dice: “mire que si no lo prueba quizá se arrepienta” Yo pensé que me estaba amenazando, pero resultó que no, total que acabas de mala hostia: “¡TE HE DICHO QUE NO QUIERO QUESO CHORICERO, JODER, CÓMETELO TÚ SI TAN BUENO ESTÁ!” Y su respuesta: “bueno, bueno, tampoco hace falta ponerse así. Con un ‘no’ había suficiente…”

Moraleja: si no crees en el Amazonas, hazte socio del Racc, porque como te tiren un helado a la cabeza, ni el queso choricero te animará.

Mono-Lógicos: Aquellos Años Brutos.

En mi barrio éramos unos brutos, éramos más brutos que perseguir los coches aparcados. (Vaya chiste para empezar, que malo… y encima no es mío, como éste sea el nivel del monólogo estamos “apañaos.”)

Cuando era pequeño lo que más odiaba era a la gente pija; pero pija, pija ¿eh? De los de: “Te lo juro por el código pin de mi móvil, que me quede sin cobertura ahora mismo si te miento, ¿sabes?” Huy que rabia me dan… son más repelentes que cocer un kilo de coliflor. ¿Qué? El olor de la coliflor repele… éste es mío, se nota el nivel ¿no?

Recuerdo que cuando venía alguien extremadamente educado nos poníamos de muy mala leche, nacía la agresividad que teníamos dormida. Con deciros que un día un amigo mío se lió a hostias con la máquina de tabaco porque siempre que sacaba un paquete, ésta le daba las gracias… “Tanta educación ¿por qué? ¿eh? Ésta busca algo…” Me decía.

Lo que no entiendo, aunque no tiene mucho que ver con el monólogo es: ¿desde cuando la palabra “hostias” es un taco? Es decir, las madres cuando un niño dice “hostias” le dicen: “¡Niño no digas tacos!” A eso suele seguir: “¡o te lavaré la boca con jabón!” Que yo siempre me he preguntado: ¿qué mierda de amenaza es esa? “Huy que me lava la boca con jabón… entonces dejo de decir hostias… ¡hostias!” Esto me recuerda la diferencia entre las madres de los barrios “bajos” y las de los barrios “altos”. Las de los barrios bajos no lavan la boca con jabón… ¡que va! Ellas te miran cuando dices algún taco y te dicen: “¿Quieres dejar de decir tacos de una puta vez?” Y claro, con ese tono acojona, dan más miedo que Aramís Fuster con transparencias. (Esa imagen ha dolido ¿eh?)

Mi amigo, (el de la máquina de tabaco) se llevaba la palma en lo de ser bruto: un día, en el colegio le apagó un cigarro en la cabeza a una profesora, y yo: “¡¿pero qué haces ‘desgraciao’!?” Y me salta: “¿No la llaman la cenicero? Pues así el mote tiene sentido…” Y yo: “¡No! ¡La llaman por su nombre: Laura Culero!” Lo mejor de aquello fue que el director llamó a mi amigo al despacho, todos nos pensábamos lo peor, y el director le dijo: “¿Pero no te da vergüenza? ¡A quien se le ocurre! ¡Es de locos! ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¡No sabes que está prohibido fumar en clase?” Solo le llamó la atención eso…

También recuerdo la primera vez que puse la lavadora, ahí si que fui bruto; me dijeron: “tienes que separar las prendas de blanco y las prendas de color.” Así lo hice: “Negro a la de color, blanco a la de blanco, calcetines blancos con franja azul y roja… esto… bueno, ante la duda… a color. ¿Donde va esta camiseta negra con franjas blancas? ¡Qué cabrones los diseñadores! ¡Siempre poniendo las cosas difíciles al consumidor!”

Lo que ya me pudo fue cuando me dijeron: “Tienes que poner otra lavadora con las prendas sensibles…” Bueno, vale, de acuerdo… cogí un tanga/hilo dental, y le dije: “¡Eres un inútil! ¿No te da vergüenza? ¡Deja de exhibirte ya! ¡Degenerado! ¡Ah, y que sepas que no me pones nada!” Y nada, como ni lloraba ni se deprimía ni nada, lo metí con la ropa de color.

Moraleja: Ser bruto, como ser idiota… es una forma de vida.