¿DIBUJOS VIOLENTOS?

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Cuando yo era pequeño, los dibujos que predominaban en la programación televisiva infantil eran los dibujos japoneses, o mejor dicho: los anime. Disfrutaba como un enano viendo la archifamosa e inmortal “Dragon Ball”. En aquella época, un enorme colectivo de padres y madres, empezaron a denunciar que estos dibujos venidos de Asia, eran extremadamente violentos, y que inculcaban unos valores erróneos a sus hijos — es decir, a nosotros —. Con el tiempo, esos dibujos que tanto gustaron a la gente de mi generación, fueron perdiendo presencia en las pantallas españolas. Nunca olvidaré el cambio que hubo de “Musculator” a “Los Fruitis” y, a pesar de que seguramente os lo toméis a broma, para mi fue un insulto. ¿Cambiar una serie tan buena por una mediocridad nacional como aquella? ¿Por qué? Pues simplemente porque a nuestros padres se les metió en la cabeza que eran dibujos violentos.

Es cierto que las series japonesas que veíamos por lo general eran de lucha. “Dragon Ball”, “Musculator”, “Fly”…, pero no todo lo que se veía en esas series era “malo”. Ahora estoy vvolviendo a ver la serie “One Piece” y, sinceramente, dejando al margen las escenas de lucha (que no me molestan para nada), es una serie que además de divertida y graciosa, tiene unos valores realmente impresionantes. No habla de unos piratas dándose puñetazos. Habla de la amistad, de la superación. Habla de perseguir los sueños sin rendirse jamás, aunque los demás te aseguren que no lo conseguirás. Cosas así nuestros padres no eran capaces de verlas en nuestra época. ¿Qué tiene de malo ver a un personaje luchar contra otro? ¿Qué pensaban que íbamos a hacer? ¿Ir por la calle haciendo el “Kamehame”? ¡Es absurdo! Si algún crío se volvía violento no era por ver dibujos japoneses, simplemente ese “germen de la maldad y la violencia” ya estaba dentro de la cabeza de esa persona.

El tiempo ha pasado y las generaciones han ido cambiando. Quizá esto suene feo, pero me gustaban los niños hasta que los niños han degenerado en las criaturas insoportables que hoy día corretean por todas partes. No es culpa de ellos, por supuesto, es culpa de los padres que los sobreprotegen y miman de tal forma, que los niños y niñas crecen con una tontería irritante. ¿Los dibujos de nuestra época eran violentos? Yo no recuerdo que, con esa supuesta violencia, los niños de mi generación se comportaran de la misma forma que esta nueva hornada libre de “violencia”. Los dibujos que se les ponen a los niños actualmente, simplemente ayudan a que crezcan un poco más atontados.

Me gusta, como artista, ver lo que actualmente se llama “programación infantil” y salvo contadas excepciones, los dibujos animados actuales son simplemente lamentables y, por mucho que digan algunos/as, son fábricas de niños burbuja. Los padres quieren tener tan a salvo a sus hijos de lo que ocurre en el mundo, que los educan en una burbuja llena de arco iris y palabras bonitas. Y, sintiéndolo mucho, cuando ocultas a una persona la verdad, ésta acaba golpeándole en la nariz y cuando eso ocurre, la persona no sabe qué hacer con ella. ¿Por qué? Porque nadie le ha preparado para la verdad.

No digo que haya que coger a un niño o una niña y traumatizarlo con los problemas que hay en el mundo. No hay que hacerlo a posta. No hay que decirle que en la calle hay asesinos y ladrones. Pero tampoco hay que ocultárselo tras capítulos empalagosos y estúpidos de “Pepa Pig”. Parece que muchas veces es más fácil poner al niño/a a ver estos dibujos “lobotomizadores” en vez de simplemente hablar con ellos (de nada en concreto) pero creo que hablar con un crío es realmente beneficioso para él. Mucho más que un capítulo de “Dora la exploradora”. Me encuentro con padres que simplemente dicen cosas como: “Cuando se pone pesado, le pongo los dibujos y así está un rato callado”. ¡Me parece horrible! En vez de estar por mi hijo y explicarle las cosas (aunque me las pregunte mil veces) le enchufo el televisor y dejo que se vuelva insoportable poco a poco. Pues lo siento, pero así no se educa a un niño.

¿El anime es violento? No lo es más que malcriar a tus hijos con una actitud tan vergonzosa. Nosotros no crecíamos de esa forma. Mi madre nunca me puso la tele para que la dejara tranquila. ¡Jamás! Creo, y me da igual como suene, que muchos padres tienen niños por el placer de hacerlos, no porque realmente deseen tenerlos. Y me da mucha pena y asco que eso ocurra. En vez de pensar en el tipo de dibujos animados que pueden o no pueden ver, en vez de buscar ese canal que los tenga enganchados durante un par de horas dejándoos libres a vosotros/as, quizá sería más recomendable para la educación de esos niños que fuerais sus padres. Porque cuando la televisión educa a un niño, ese niño se convierte en lo que ve.

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DEATH NOTE, MANGA A MEDIO GAS.

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Hace años aprendí que un buen guión lo es todo; ya sea en un cómic o una película. Cuando empecé a leer el manga “Death Note” me sorprendió aquel inicio inquietante. Pensé, sinceramente, que el guión de aquel cómic que tenía entre manos, no tenía nada que envidiarle a la mejor novela de Stephen King.

Por desgracia, y como bien me avisaron en mi cuenta de Facebook, el manga comienza a perder fuelle hacia la mitad. Y es cierto, al llegar exactamente al sexto tomo (justo la mitad ya que son doce), la historia empieza a enrevesarse de una una forma ridícula.

Los personajes principales (me refiero a Ligt Yagami y al investigador apodado “L“) empiezan a convertirse en una parodia de lo que eran al principio. Los guionistas, por algún extraño motivo que no consigo entender, hacen que L aparezca comiendo en todas y cada una de las viñetas, convirtiendo a este personaje en una ridiculez constante.

El dibujo de los entornos: edificios, vehículos, árboles…, tenedores, cuchillos, platos…, comida en general, son tan perfectos que adquieren una frialdad que afean las viñetas de este manga que va a peor en cada capítulo.

La segunda mitad de “Death Note” es simplemente absurda. El protagonista, Ligh, que al principio era un chico con un cerebro superdotado, parece haberse dado algún golpe en la cabeza, pues su inteligencia se ve ridiculizada constantemente por un tercer personaje que, para no spoilear, me reservo para mi.

No tiene sentido que hayan estirado tanto la historia, ya que, cuando acabas los doce tomos, te das cuenta de que era totalmente innecesario. Entiendo que, doce tomos son mejor que, por ejemplo, ocho (en cuanto a ganancias se refiere), pero a veces, menos es más.

Es una lástima ver como, los propios creadores de una idea que podría ser una obra de arte, y pasar a la historia como aquellos que crearon el manga perfecto; estiran y deforman su propia obra hasta convertirla en un castigo pesado y difícil de leer. Una verdadera lástima.

AGENTS OF Z.Z.Z.Z.Z.Z.!

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Hace unas semanas se estrenó en Cuatroº la serie de MarvelAgents of S.H.I.E.L.D.” y, cómo no, la cadena ya ha empezado a poner los episodios de dos en dos. Pero hoy no hablaré de la mala forma de proceder de las cadenas de televisión españolas; (ya hablé de ello la semana pasada). Hoy quiero hablaros directamente de la serie en cuestión.

Me ha sorprendido, negativamente, el soporífero ritmo de esta serie que, a pesar de tratar sobre una agencia como es S.H.I.E.L.D. Y, ya de paso, ser una serie de acción, es extremadamente densa y aburrida.

Uno de los mayores defectos que está empezando a caracterizar las nuevas propuestas de Marvel, es su continua obsesión por enlazar todo su universo, especialmente con la película “Los Vengadores”. Todo gira en torno a esa cinta. No sólo esta serie: “Iron Man 3”, “Thor 2”, de alguna forma, se unen en una enervante línea que, intentando ser invisible, se vuelve hortera y cansina.

Los personajes sobreactúan a un nivel absurdo. El guión es previsible y, como ya he dicho, aburrido. Y, lo único que se salva, son los efectos especiales. ¿Pero de qué sirven unos buenos efectos especiales si la trama carece de emoción? Sí, es genial ver como un coche vuela. Las explosiones de energía son espectaculares. Está claro que Marvel ha gastado mucho dinero en el apartado de FX, lo que me pregunto es: ¿gastó todo su presupuesto en este departamento? Viendo la calidad de la historia general, y la de cada capítulo en particular, juraría que sí.

Veo que han intentado meter el hocico en un mercado en el cuál, su competidora: DC Comics, lo lleva haciendo realmente bien desde hace años. Las series “Smallville” y “Arrow” se han convertido en un total éxito. Tanto es así, que DC tiene en su recámara las balas de Flash y Wonderwoman. Pero es que, la editorial de Superman, se ha convertido en la dueña de la televisión ya que, incluso sus películas animadas, son verdaderas obras maestras. Desgraciadamente para ellos, a Marvel le queda un largo camino para llegar al nivel de su rival directa.

Mi profesor de guión me dijo un día: “un cómic mal dibujado, puede ser bueno si tiene un buen guión, mientras que un cómic mal guionizado será un fracaso aunque tenga el mejor de los dibujos”. Esto es lo que le ha ocurrido a la insulsa “Agents of S.H.I.E.L.D”.

DE DOS EN DOS.

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A veces la mentalidad de los responsables de las televisiones me asombra. Desde hace un tiempo se ha instalado una nueva moda en las cadenas de este país: dar dos capítulos de estreno de la serie de turno. Está claro que la idea es “enganchar” al espectador el mayor tiempo posible e impedir así que cambie de canal.

Por otro lado creerán que nos están regalando algo: “No os quejéis que el mismo día estrenamos dos capítulos de esa serie que tanto os gusta”. ¿No se dan cuenta de que esto, en muchos casos, es contraproducente? ¡No quiero ver dos capítulos seguidos! ¡No me quiero ir a la cama a la una de la noche! Pero claro, si estás enganchado a una serie en concreto, no puedes perderte ningún capítulo, porque pierdes el hilo. Y si no tienes dinero para comprarte la serie y así prescindir de la retransmisión en televisión… ¿qué solución queda? ¡Exacto! Esa que muchos/as habéis pensado. Sin darse cuenta están empujando a la gente a piratear dichas series. Porque seamos sinceros: si podemos elegir entre estar un martes viendo “Homeland” hasta las dos de la madrugada, teniendo que despertarnos pronto al día siguiente, o descargar el capítulo y verlo cuando a nosotros nos apetezca… ¿qué elegís?

Siempre me ha gustado acabar un capítulo y pensar: “vaya, que interesante está la historia, ya tengo ganas de que llegue la semana que viene para ver como sigue.” Pero ahora el pensamiento, al menos el mío, es: “¡uf! Me gusta mucho esta serie, pero hoy estoy agotado y me da mucha pereza ver dos capítulos.” ¿Y qué pasa a continuación? Que muchas veces nos vamos a dormir y, normalmente, cuando te pierdes un solo capítulo, dejas de seguir la serie. Con lo cual, no sólo invitan al espectador ha realizar descargas ilegales si no que además, aunque no hagamos tal cosa, ellos corren el riesgo de perder audiencia y, en consecuencia, si todos pensáramos igual, suspender la serie. Muy lógico.

XIX SALÓN DEL MANGA DE BARCELONA.

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Después de muchos años desvinculado del mundo del manga y el anime, he vuelto con más fuerza que nunca. Por primera vez he asistido al Salón del Manga de Barcelona. Lo primero que me llamó la atención es el hecho de que sólo dejaran entrar de cincuenta en cincuenta personas, lo cual me pareció muy bien para que no se repitiera el desastre del Madrid Arena. Más tarde esto les jugaría una mala pasada, ya que, por falta de organización, se vendieron más entradas del aforo máximo que se permitía. Que en uno de los pabellones sólo hubiera un escenario, no ayudó a que esto fuera distinto, y algunas personas se quedaron sin entrar.

Dejando este gran fallo al margen, el salón me pareció muy bueno, no sé si siempre es así, ya que, como os he dicho, es la primera vez que voy. A diferencia del Salón del Cómic, en éste, el lado comercial (las tiendas), a pesar de tener un gran protagonismo, se compaginaban en una buena medida con artistas invitados promocionando sus trabajos en los diferentes puestos. De esta forma, además de poder comprar lo último de Marta Nael, podías disfrutar viéndola dibujar in situ.

Hubo un puesto que me llamó especialmente la atención. Fue el puesto en el que la ilustradora chilena Victoria Rivero vendía sus obras de arte. Realmente eran ilustraciones preciosas. Mi amiga y yo vimos que hacían retratos con estilo manga y ella no dudó en encargarle uno. Esto fue a la una del medio día. Ella le hizo una foto a mi amiga y le dijo que se pasara después de comer, así que nos dedicamos a ver el resto del salón. Comimos y seguimos paseando hasta las cinco de la tarde. Fue entonces cuando decidimos marcharnos ya y pasar por el puesto de la ilustradora. Resulta que había estado firmando libros y no había hecho la ilustración. “¿Vuelven mañana?” nos dijo, a lo que le respondimos que no, y nos dijo: “entonces denme una hora para hacerla” y, debido a su falta de seriedad, tuvimos que estar una hora más (una hora que no nos apetecía estar porque ya lo habíamos visto todo) para que ella hiciera la ilustración. Francamente, yo le habría dicho que me devolviera el dinero, pero mi amiga es demasiado buena.

Curiosamente, una de mis mayores decepciones fueron las clases magistrales en el espacio de Escola de Còmic Joso que, al menos las que yo vi, se trataban más de presentaciones de los cómics de los amigos de turno, que de clases magistrales. Asistí a la “master class” de Pere Pérez y a parte de descubrirle a él, no aprendí nada. Miento, aprendí cómo de importante es tener amigos que presenten tu trabajo en público. Para mí una clase magistral, cómo su propio nombre indica, debe hacer que te vayas a casa pensando: “vaya, he aprendido algo realmente valioso” pero la enseñanza brilló por su ausencia. Una verdadera lástima. Otra, a la que me negué a asistir sólo por lo que escuché, fue la de cosplay. Si quiero aprender a hacer cosplay, entro en Youtube y veo cualquier tutorial, no pago una entrada al Salón del Manga, ni me siento en una silla, pudiendo ver a artistas dibujar en directo.

Por contra, la mayor sorpresa fue encontrarme con los creadores de Kboom y saber que este año repiten salón en Barcelona. Sin duda estaré allí para ver si mejoran algo que ya estuvo bien y cuyo único fallo era la excesiva calefacción (curiosamente, un fallo que nada tenía que ver con ellos). Sea como fuere, me alegra enormemente haberme dejado convencer para asistir a este salón, lo disfruté gratamente y, aunque suene pelota, no podría haber tenido una compañía mejor. Como broche final a una tarde llena de manga y anime, cenamos en un buffet japonés armados con los palillos y un hambre de oriente más que notable.