¿DIBUJOS VIOLENTOS?

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Cuando yo era pequeño, los dibujos que predominaban en la programación televisiva infantil eran los dibujos japoneses, o mejor dicho: los anime. Disfrutaba como un enano viendo la archifamosa e inmortal “Dragon Ball”. En aquella época, un enorme colectivo de padres y madres, empezaron a denunciar que estos dibujos venidos de Asia, eran extremadamente violentos, y que inculcaban unos valores erróneos a sus hijos — es decir, a nosotros —. Con el tiempo, esos dibujos que tanto gustaron a la gente de mi generación, fueron perdiendo presencia en las pantallas españolas. Nunca olvidaré el cambio que hubo de “Musculator” a “Los Fruitis” y, a pesar de que seguramente os lo toméis a broma, para mi fue un insulto. ¿Cambiar una serie tan buena por una mediocridad nacional como aquella? ¿Por qué? Pues simplemente porque a nuestros padres se les metió en la cabeza que eran dibujos violentos.

Es cierto que las series japonesas que veíamos por lo general eran de lucha. “Dragon Ball”, “Musculator”, “Fly”…, pero no todo lo que se veía en esas series era “malo”. Ahora estoy vvolviendo a ver la serie “One Piece” y, sinceramente, dejando al margen las escenas de lucha (que no me molestan para nada), es una serie que además de divertida y graciosa, tiene unos valores realmente impresionantes. No habla de unos piratas dándose puñetazos. Habla de la amistad, de la superación. Habla de perseguir los sueños sin rendirse jamás, aunque los demás te aseguren que no lo conseguirás. Cosas así nuestros padres no eran capaces de verlas en nuestra época. ¿Qué tiene de malo ver a un personaje luchar contra otro? ¿Qué pensaban que íbamos a hacer? ¿Ir por la calle haciendo el “Kamehame”? ¡Es absurdo! Si algún crío se volvía violento no era por ver dibujos japoneses, simplemente ese “germen de la maldad y la violencia” ya estaba dentro de la cabeza de esa persona.

El tiempo ha pasado y las generaciones han ido cambiando. Quizá esto suene feo, pero me gustaban los niños hasta que los niños han degenerado en las criaturas insoportables que hoy día corretean por todas partes. No es culpa de ellos, por supuesto, es culpa de los padres que los sobreprotegen y miman de tal forma, que los niños y niñas crecen con una tontería irritante. ¿Los dibujos de nuestra época eran violentos? Yo no recuerdo que, con esa supuesta violencia, los niños de mi generación se comportaran de la misma forma que esta nueva hornada libre de “violencia”. Los dibujos que se les ponen a los niños actualmente, simplemente ayudan a que crezcan un poco más atontados.

Me gusta, como artista, ver lo que actualmente se llama “programación infantil” y salvo contadas excepciones, los dibujos animados actuales son simplemente lamentables y, por mucho que digan algunos/as, son fábricas de niños burbuja. Los padres quieren tener tan a salvo a sus hijos de lo que ocurre en el mundo, que los educan en una burbuja llena de arco iris y palabras bonitas. Y, sintiéndolo mucho, cuando ocultas a una persona la verdad, ésta acaba golpeándole en la nariz y cuando eso ocurre, la persona no sabe qué hacer con ella. ¿Por qué? Porque nadie le ha preparado para la verdad.

No digo que haya que coger a un niño o una niña y traumatizarlo con los problemas que hay en el mundo. No hay que hacerlo a posta. No hay que decirle que en la calle hay asesinos y ladrones. Pero tampoco hay que ocultárselo tras capítulos empalagosos y estúpidos de “Pepa Pig”. Parece que muchas veces es más fácil poner al niño/a a ver estos dibujos “lobotomizadores” en vez de simplemente hablar con ellos (de nada en concreto) pero creo que hablar con un crío es realmente beneficioso para él. Mucho más que un capítulo de “Dora la exploradora”. Me encuentro con padres que simplemente dicen cosas como: “Cuando se pone pesado, le pongo los dibujos y así está un rato callado”. ¡Me parece horrible! En vez de estar por mi hijo y explicarle las cosas (aunque me las pregunte mil veces) le enchufo el televisor y dejo que se vuelva insoportable poco a poco. Pues lo siento, pero así no se educa a un niño.

¿El anime es violento? No lo es más que malcriar a tus hijos con una actitud tan vergonzosa. Nosotros no crecíamos de esa forma. Mi madre nunca me puso la tele para que la dejara tranquila. ¡Jamás! Creo, y me da igual como suene, que muchos padres tienen niños por el placer de hacerlos, no porque realmente deseen tenerlos. Y me da mucha pena y asco que eso ocurra. En vez de pensar en el tipo de dibujos animados que pueden o no pueden ver, en vez de buscar ese canal que los tenga enganchados durante un par de horas dejándoos libres a vosotros/as, quizá sería más recomendable para la educación de esos niños que fuerais sus padres. Porque cuando la televisión educa a un niño, ese niño se convierte en lo que ve.

SUCESOS POR DOQUIER

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Encender la televisión últimamente es, obligatoriamente, entrar en el macabro mundo de los sucesos. Cualquier telenoticias, cualquier tipo de programa informativo, se llena de información truculenta y amarillista. Es del todo vergonzoso que nos hagan creer que no hay ni una sola noticia buena en el mundo. Estamos de acuerdo en que España está pasando por un momento difícil: la corrupción, la crisis, el paro. Y muchas otras cosas que nos están azotando, como es el caso de la Doctrina Parot, los recortes, etc. Pero lo de las televisiones es simplemente una estrategia para sembrar el pánico.

Nos vemos bombardeados por noticias catastrofistas. Aunque eso no es nuevo. Estoy convencido de que, igual que hicieron con el tema de la “Gripe A”, los noticiarios están exagerando la situación actual. No digo que no sea una mala situación, digo que no lo es tanto. Como ya os he dicho en alguna ocasión: sólo hace falta pasearse por un centro comercial para preguntarse: “¿Y la crisis?”.

Hace unos años, en España, no se sabía nada del extranjero. No habían noticias de “fuera”, pero ahora nos vemos intoxicados por atentados en Irak, por asesinatos en USA, por catástrofes naturales en Asia. No quiero decir que haya que estar desinformados sobre lo que pasa en el mundo, pero ¿realmente se nos ofrece esta información de una forma veraz y con el objetivo de que estemos informados? ¿De qué me sirve saber que han matado a una docena de niños/as en Oriente Medio, a parte de para pensar en “lo mal que está el mundo”? ¿Qué puedo hacer yo, a parte de vivir angustiado por el hecho de que ocurran tales atrocidades? No, las noticias se han convertido en una larga y decadente sección de sucesos. Y lo peor de todo es que nosotros, inevitablemente, nos hemos convertido en espectadores morbosos de ese espectáculo deformado que algunos llaman “información”.

¿Cuál es la solución? Lo lógico (que no inteligente) sería decir que deberíamos dejar todos de ver las noticias. Repito, eso es lo lógico, aunque es tremendamente estúpido pensar en “pedir” algo así. No, la solución real es mucho más simple. Tenemos un problema generalizado y es el de no pensar por nosotros mismos/as. Adoptamos la actitud de: “si lo dicen en las noticias debe ser cierto”. Pero no es así, recordad que las noticias (ya sean telenoticias o periódicos) ya nos han mentido en multitud de casos (como ya os he dicho cuando he puesto el ejemplo de la gripe A.) En aquel caso, básicamente nos instaban a vacunarnos, porque si no, podríamos morir. Yo, por aquel entonces tenía una amiga enfermera y me dijo, claramente, que la gripe A no era mortal, si no una simple gripe estomacal llevada al extremo. La solución es muy sencilla: hay que leer entre líneas. No hay que dejarse absorber por esta torrente de noticias que nos está invadiendo como una plaga absurda.

CAMBIANDO EL COLOR DEL TEXTO CON HTML.

¿Cuantas veces hemos pensado en cambiar el color de un texto en nuestro blog, pero no teníamos ni idea de cómo hacerlo? Hace poco descubrí la manera de escribir textos con diferentes colores y, si os interesa, os explicaré como.

Antes de nada quiero deciros que, si no sois informáticos, quizá os abrumen los pasos que hay que seguir, pero creedme que es más aparatoso de lo que realmente es. Es muy sencillo cambiar el color, simplemente tenemos que usar el código HTML.

Empecemos con la explicación. El texto de nuestros blogs es negro por defecto, pero basta con escribir una etiqueta HTML para que eso cambie.

La etiqueta en cuestión es la siguiente:

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Después de la apertura de la etiqueta tendremos que poner el texto que queramos cambiar de color, y luego cerrar la etiqueta (como veréis a continuación):

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En la parte donde pone “código color” tendremos que poner el código del color que queramos usar. Por ejemplo, sabemos que el código del color negro es el: #000000 y que el del color blanco es el: #FFFFFF. Pero ¿cómo podemos saber el código de todos los colores?

He encontrado una magnífica página en la cual, encontraremos dos tablas de colores. La primera es una paleta bastante completa, con una gran gama de colores. Sólo tendremos que pulsar encima de cualquier color y, abajo, nos aparecerá el color seleccionado con el código de dicho tono:

TABLACOLORES1

La segunda es una tabla más completa, en ella somos nosotros los que, moviendo el ratón por las distintas tonalidades, conseguimos el color que se ajuste a nuestra necesidad, e, igual que antes, la tabla nos generará un código:

TABLACOLORES2

La página web es la siguiente: http://html-color-codes.info/codigos-de-colores-hexadecimales/

Una vez tengamos seleccionado el color, lo insertaremos en la etiqueta del principio. De tal forma que si el color que elegimos es este:

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Y su código es:

#ec7777

Pondremos lo siguiente:

VALORACIONES DESPROPORCIONADAS

Ana-Frank

Recientemente he decidido leerme todos los libros que tengo en casa, en vez de coger nuevos en la biblioteca o comprar nuevos títulos. El primero que leí fue “El Padrino” que, sinceramente, es uno de esos extraños casos en los que, bajo mi punto de vista, es mejor la película que la novela.

Una amiga me pidió que el segundo que me leyera fuera “El Diario de Ana Frank” no me lo he leído nunca, a pesar de las continuas alabanzas que sobre este libro he escuchado/leído. Sinceramente, cuando he cerrado este libro, me he preguntado el porqué la gente lo ha convertido en una referencia de la literatura.

“El Diario de Ana Frank” es, para mi (y siempre repetiré lo de “para mi”) un libro mediocre. Sí, sé que es un diario, y no voy a hablar de la historia ni criticar la narrativa. Me parecería absurdo hablar de lo bien o mal redactado que está, un diario, así como un artículo de opinión, no es criticable porque simplemente “es lo que es”. Cuando hablo de mediocridad, me refiero a la figura histórica de Ana Frank. Todo el mundo la tiene como una heroína, y no lo es. Llevo estudiando la época nazi y todo lo que ésta envolvía, desde los dieciséis años, y, francamente, Ana Frank es una de las figuras menos admirables de cuantas he tenido el placer de estudiar.

Se le da tanto bombo por el hecho de que está escrito por una niña. Bueno, sin duda lo que vivió es duro (o eso se supone, porque ella lo vive como si estuviera en el mundo de la Abeja Maya), pero habían tantísimos niños y adultos viviendo aquella misma situación que, lo único que diferenció a Ana, es que le regalaron un diario en el que escribir y ella narró lo que su infantil y descompensada mente veía. No nos engañemos, en aquella época, una cría de entre doce y dieciséis años, ya no era una cría. Ana Frank, entonces, era lo que actualmente llamaríamos “una niña mal criada e inmadura” y para nada aplaudiríamos su diario, porque “carece de madurez”.

Existe una manía generalizada de pensar lo que los demás piensan. No me creo que sea el único que se haya dado cuenta de que Ana Frank es simplemente una niña repelente que se tiene que esconder con su familia por un peligro tan notable como eran los nazis, (repito, como muchísimas otras personas en aquella época). Lo que creo es que la gente, generalmente, tiene miedo de decir que un libro con tanta fama, no le gusta. Así pues, todo el mundo sigue diciendo que Ana Frank es admirable y, permitidme el ejemplo: que “El Quijote” es el mejor libro de la historia de la literatura cuando, en ninguno de los dos casos, es así.

POCO ARTE.

plagio

El otro día estuve en un concierto, y debo decir que lo único digno de mención del mismo (al menos para mi gusto) fueron los primeros teloneros. Los segundos y el grupo principal se me antojaron anodinos y, el que realmente importaba, el grupo de peso, me parecieron de una mediocridad alarmante.

El motivo es de lo más simple. Hace poco que he entrado en el mundo del rock, como ya os he dicho en numerosas ocasiones. Y es por esto que tengo muy frescas las canciones de grupos conocidos. Me he aficionado a una emisora de radio de este estilo, con lo cual voy escuchando esta música casi todo el día y la tengo muy presente. Bien, el grupo al que fuimos a ver, insertaba de una manera poco sutil, acordes de canciones más que conocidas. Al principio pensé que quizá fuera un guiño de respeto a ellos, o incluso una casualidad. Pero cuando, en cada una de las canciones, se podía identificar la base de canciones de Guns and Roses y otros pesos pesados, lo único que queda pensar es en el plagio. En la falta de creatividad y arte.

Los que me seguís normalmente sabéis lo que pienso del arte. Soy un enamorado de este precioso milagro al que muchos aspiramos a llamar profesión. Es lo más importante para mi, y me ofende, enerva y molesta que alguien embrutezca el arte de una forma tan vil y rastrera.

Con vuestro permiso, me reservo el derecho a no decir el nombre de la banda. No por miedo, si no porque si os pongo su nombre, muchos/as de vosotros correréis a buscarlos en Youtube y no será a través de este blog como consigan más seguidores. No será gracias a este escritor que su continuo plagio prospere. Este grupo no es el primero en hacer cosas así, y no sólo en la música podemos ver estos comportamientos deleznables. Es vergonzoso exponerte a tu público con el trabajo de otro. Es como intentar adaptar su piel a tu cuerpo, y salir a la calle con un falso pellejo. Nunca comprenderé como pueden vivir agusto con esa mediocridad ofensiva e irritante y sentirse orgullosos de ello.

Lo peor de la gente sin talento propio, es que triunfan (o eso intentan) gracias al talento ajeno. Asistí a un espectáculo lamentable de una hora en el cual, el vocalista se comportaba como si del mismo Axl Rose se tratase. No es que cantara mal, no nos equivoquemos, aquí no estoy hablando de si tocaban y cantaban mejor o peor, estoy hablando de que presumían de “canciones escritas y compuestas por ellos mismos” y de repente, este novato del rock, reconocía los acordes de “Paradise City” de los ya mencionados “Guns”, lo más curioso es que un público tan entendido en su música, no se diera cuenta de algo que un profano como yo percibió de una forma tan clara.

Podría hablar durante horas de este tema, porque es algo que detesto con todas mis fuerzas. El robo descarado de la creación de otro, la violación de la intelectualidad de un artista cuyo arte llegó a base de dedicación y esfuerzo para que un… “personaje” se aproveche de ello y sólo escriba una letra y añada unos cuantos acordes. Los que sueñen con ser artistas me entenderán y, seguramente, habrán sentido como la rabia iba creciendo dentro de ellos/as mientras me leían. Imaginaos lo que fue vivirlo in situ. Sentía el deseo ardiente de subirme al escenario y pedirle que si no tenía talento que aportar dejara de utilizar el de otro o, que al menos, reconociese desde el principio que se tratan de un grupo de adaptaciones. Eso es respetable, los tributos son bienvenidos si son con respeto.

Copiar no es un delito. Yo, como dibujante, he copiado a muchos artistas en mi casa. El delito radica en firmar una copia y lucrarse con ella. Los dibujos que en su día copié de maestros como Akira Toriyama, Carlos Pacheco y otros, están guardados en una carpeta en mi estudio. Jamás verán la luz, a no ser que sea para que algún amigo/a los vea. Mucho menos los expondré para que un público, mayor o menor, lo vea y crean – porque yo se lo he hecho creer –, que esas obras pertenecen a mi ingenio.

NO LO ES TODO…

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Esta semana Cristiano Ronaldo ha renovado contrato con el Real Madrid. A partir de ahora, pasa a ser el jugador mejor pagado de la historia, cobrando la friolera de veintiún millones de euros por temporada. Además de las primas, los beneficios por sus derechos de imagen y otras barbaridades de las cuales prefiero no hablar en este artículo.

En la rueda de prensa que dio al firmar el nuevo contrato. El jugador de fútbol se redimió al decir: “Es cierto que no debería haber dicho que no era feliz y que estaba triste.” Parecía haber aprendido la lección, incluso parecía haber adquirido una humildad que antes se le escapaba de las manos. Repito: “parecía”. En la misma rueda de prensa tuvo la frivolidad de decir: “Ser el jugador más bien pagado no tiene importancia para mi. El dinero no es lo más importante…” Si no es lo más importante, ¿a qué ha venido tanta historia con la renovación y el aumento de sueldo? Si no es lo más importante, ¿por qué no ha seguido con el sueldo que tenía hasta ahora, que tampoco es que fuera pequeño? Si el dinero no es lo más importante, ¿por qué no conduce un Seat Ibiza en vez de un Ferrari? Podría seguir así durante varias líneas.

No me gusta el fútbol por varios motivos. Pero el más claro es éste. La cantidad de dinero que ganan personas que se ganan la vida dándole patadas a un balón. Ellos ganan veintiún millones al año haciendo eso que tú hacías en el recreo del colegio y por lo que sólo te ganabas que tu madre te diera una colleja si llegabas con la rodilla del pantalón rota. Me parece escandaloso. Pero no sólo el sueldo de este hombre. Cualquier sueldo más alto de, (por ser generosos) dos mil euros, me parece de vergüenza. Ya puede llamarse Cristiano Ronaldo, Messi, Casillas, Iniesta, o Perico de los Palotes. No veo lógico que esta gente esté ganando esas cantidades ingentes de dinero, mientras muchas personas están perdiendo sus casas. Quizá este comentario puede resultar demagógico, pero es la pura verdad. ¡Y encima se permiten la desfachatez de salir en la tele pidiéndote que colabores en ONG!

¿Sabéis lo más triste de todo? Que los seguidores del “deporte rey” lo toleran y les parece bien. El otro día el programa deportivo “Deportes Cuatro” salió a la calle para hacer una encuesta: “Si CR7 gana esa cantidad, ¿qué creé usted que debería ganar Messi que está considerado el mejor jugador del mundo?” y la gente decía: “¡veintisiete millones!” “¡Treinta!” incluso algún iluminado: “¡lo que él pida!” Claro que sí, hombre. Que le regalen una petrolera y acabaremos antes. La gente, me he dado cuenta últimamente, apoya a los famosos a los que admira, y los apoya de manera imparcial. Toleran todas las tonterías de estos personajes, sólo porque son ellos. Y muchos que me han leído, cuando he hablado de lo de las ONG habrán pensado: “no, pero ellos colaboran mucho, ¿eh?” ¡Sólo faltaría que no lo hicieran! Si ellos no colaboran cobrando el dinero que cobran, apaga y vámonos.

No todo es malo en el fútbol, por suerte. El jugador brasileño Ricardo Kaká, declaró que debería dejar de jugar un tiempo debido a su nueva lesión. A esto añadió que autocongelaría su sueldo hasta que estuviera recuperado del todo y pudiera ganarse el dinero. (A pesar de que no creo que se gane el sueldo que cobra por JUGAR, – y lo digo en mayúscula para que no olvidemos que no están trabajando, si no jugando – es un detalle por su parte. ¿Cristiano Ronaldo o Messi harían esto? Dudo que lleguemos a descubrirlo).

Me hace mucha gracia cuando la prensa muestra como un jugador va a eventos solidarios (como puedan ser visitar a niños enfermos en el hospital) y de ellos dicen: “Que buena gente, ¡cómo se involucran! Son tan solidarios…” perdone, señor periodista: si fueran realmente solidarios, estos “gestos” los harían fuera de cámara y de forma anónima, sin llenar el hospital de cámaras para tener publicidad y sin hacerse fotos mirando a la cámara mientras entregan un balón firmado a un niño con leucemia. ¿Alguien está en desacuerdo? Si es así lo siento, pero esto es un artículo de opinión, y esta es la mía…

ROCK, LA MÚSICA DEL ARTE.

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Mi vida siempre ha estado unida a la música. Nací y crecí en un barrio gitano en el cual Camarón y otros maestros del flamenco resonaban haciendo de banda sonora de la vida diaria. Las calles se llenaban de jóvenes calés con sus guitarras y sus gargantas desgarradas. El ambiente me parecía insuperable.

Mientras tanto, en mi casa sonaban los discos de Tom Jones, Bee Gees y otras voces extranjeras que llamaban la atención de mis padres. Era así como mi oído se acostumbraba a la música y sus variadas esencias.

Cuando abandoné mi barrio para estudiar dibujo, empecé a conocer a gente que escuchaba una música rítmica y en puntos estresantes que se llamaba “House”. ¿Qué era aquello? ¿Por qué me pedía a gritos que bailase sus notas discordantes? Estas preguntas se agolpaban en mi cabeza cuando empecé a salir de fiesta por la noche barcelonesa. Las discotecas retumbaban con estos tonos y yo me olvidaba del mundo mientras me movía y me divertía.

Desde aquel momento he buscado mi estilo. Ese que me llene, ese que me haga sentir vivo. Mi búsqueda me ha otorgado una cultura musical de la cual me siento orgulloso. He escuchado y disfrutado de la ópera y la música clásica. Del pop/rock catalán, del flamenco, del house, de la salsa. He sentido como mi piel se erizaba al escuchar las letras de Joan Manuel Serrat y he llorado como un niño escuchando “Killing me Softly” de la maravillosa Roberta Flack.

Hace casi dos años, conocí a una chica cuya amistad valoro por encima de todas las cosas. Recuerdo que me dijo que le gustaba el Rock & Roll y yo pensé, como mucha otra gente, “esa música es sólo ruido”. Poco a poco, y sin darme cuenta, las guitarras eléctricas me poseían, y los agudos de esas voces varoniles se filtraban sin permiso, pero sin encontrar resistencia, en mis oídos. Hace pocos meses, mi transformación fue completa; siento el rock y todos sus sub-géneros como nunca antes había sentido ninguna música. Cuando escribo, la voz de Axel Roses y la guitarra de Slash parecen animarme desde un plano extra-temporal.

Es curioso, pero haciendo memoria, me doy cuenta de que casi todos los artistas que he ido conociendo a lo largo de mi vida, han sido enamorados del Rock. Quizá alguno amaba el heavy u otro soñaba con el grunge, pero todos tenían el mismo sentimiento: el rock and roll es la inspiración hecha música. Escribo este artículo mientras escucho “Kickstart my Heart” de Mötley Crüe y me sorprendo a mi mismo moviendo la pierna bajo el escritorio y la cabeza al ritmo de la batería.

¿Cómo no va a ser la música del arte? Es la expresión en estado puro ¿y qué es el arte si no una maravillosa forma de expresión? Hay un grupo llamado Rammstein (entraría en el género “Industrial Metal“) que me fascina especialmente, porque rezuman arte por cada poro. Las letras, las músicas, la estética y su puesta en escena son admirables y cuando los visualizo y veo al vocalista Till Lindemann interpretar, porque como si fuera un actor interpreta cada letra en una sucesión de deliciosas actuaciones, siento que tengo que crear algo.

Un ejemplo de la influencia artística que esta música posee, es la cantidad de veces que los cineastas acuden a las guitarras eléctricas y el retumbar de las baquetas para ambientar musicalmente sus películas. Incluso en muchos libros se puede leer como el personaje escucha una canción de hard rock. Las notas desinhibidas de estos músicos transgresores hacen que te transportes de una manera única hacia donde ellos quieren. También la publicidad bebe de la fuente rockera y nos encontramos con coches que ruedan por la carretera al son de Bon Jovi o del Boss, Bruce Springsteen.

No me veréis alzar los dedos en forma de cuerno al aire. Pues respeto demasiado todo este mundo en el que me acabo de introducir. No soy metalero, de la misma forma que antes no era popero o flamenquero. Era, soy y seré Floser y es por ello que esos símbolos llenos de mensaje, deben usarlo las personas que realmente los sienten, yo me conformo con vivir la música y disfrutar de la compañía de esta gente que, si me permitís romper un mito: en general, y a pesar de que muchos/as creen que son personas violentas, satánicos y demás sandeces por el estilo, son las personas con las que más afinidad y buenos momentos he vivido hasta la fecha, (salvo excepciones).

He tardado 27 años en encontrar la música que me haga sentir yo mismo. Que me haga cerrar los ojos y pensar “esta es mi banda sonora de mi vida”. ¿Pero sabéis una cosa? Sólo por la sensación que tuve al descubrir que aquella “música que era sólo ruido” se convertía en la única que actualmente escucho todo el día, ha merecido la pena la espera.

Y no puedo evitar acabar este artículo dando las gracias a Chuck Berry, por ser el padre de toda la música que tan buenos momentos me está haciendo sentir. Porque sin él, no habría AC/DC ni habría Metallica y seguramente tampoco habría llegado a sonar nunca el genial Freddy Mercury con su grandiosa Queen. Gracias maestro. Let’s Rock and Roll!