LA MÁQUINA ESTILOGRÁFICA: “吸血鬼 (Vampiro)” (4, Final)

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En “La Máquina Estilográfica” encontraréis una historia mensual dividida en cuatro partes (una parte por semana).

Para leer las anteriores partes:

– Primera parte. –

– Segunda parte. –

– Tercera parte . –

Continuación…

¡Maldita sea!

Iwahara, sentado frente al escritorio de madera de nogal que había en el estudio de su piso, lanzó contra la pared el vaso de cristal del que estaba bebiendo en cuanto colgó el teléfono. Acababan de comunicarle la muerte de la detective Watsuki. El prometido de la mujer había llamado a la policía al haberla encontrado en la bañera con el agua ensangrentada; Watsuki tenía el lateral del cuello cercenado.

¡Ese hijo de puta se ha atrevido a matarla en su propia casa!

Las lágrimas bañaron las mejillas del detective que, desde hacía tiempo, sentía mucho más que amistad por la detective Shinju Watsuki. Se levantó, se dirigió al mueble bar que había al lado de la ventana que ocupaba toda la pared y se sirvió un poco de coñac; sus manos temblorosas hacían que el cuello de la botella tintineara en contacto con el la copa. Un poco de líquido cayó fuera del recipiente y le manchó los pantalones. Como si aquello fuera la gota que colmaba el vaso, lanzó la copa contra el suelo y luego, la botella, corrió la misma suerte.

¡Lo mataré! ¡Juro que lo mataré!

Aquella era una promesa que nacía de su total convencimiento. No importaba cuanto le costase, sin duda, acabaría por matar a aquel asesino. ¿Podría hacerlo? La rabia era una mala consejera en una batalla, eso lo sabía, pero sus sentimientos le nublaban el juicio.

Así que juras matarme, ¿no es así?

La voz sonaba en un eco que invadía la habitación. Iwahara miró a su alrededor, asustado. No había nadie más que él. ¿Se estaba volviendo loco? Por un momento se preguntó si había bebido demasiado.

Detrás de ti…

Cuando el detective se giró, quedó de cara al gran ventanal. Estaba solo. Sintió como el corazón se le aceleraba y; de pronto, vio una silueta flotando fuera de la estancia. Allá, en la intemperie de la noche japonesa, una silueta humana levitaba. Lo siguiente, hizo que las piernas del detective fallasen e Iwahara cayó de espaldas al suelo; la silueta se acercó a la ventana, hasta que finalmente pudo atravesarla. Aquella imagen hizo que un terror con sabor a bilis se instalara en la garganta del detective. Durante un segundo, aquel hombre de mirada muerta, quedó separado en dos mitades por el cristal, por un lado la que seguía en el exterior y por el otro, la que ya miraba a los ojos del detective desde la calidez del estudio.
El hombre tenía los brazos estirados de tal forma, que su cuerpo formaba una flecha que apuntaba al cielo. Cuando el extraño atravesó por completo el cristal, se quedó levitando a escasos centímetros del suelo. Iwahara seguía en el suelo, mirando a aquel extraño hombre de orejas puntiagudas y traje negro y sucio. El detective pudo ver como la boca del individuo estaba rodeada por una mancha rosácea. Sin duda era sangre, esa conclusión fue tan sencilla para Iwahara, como espeluznante. El ser habló y su voz pareció adquirir un aspecto más sólido:

Siento mucho haber irrumpido así. A veces me gusta demasiado la teatralidad…
Quién… ¿quién coño eres?
¿Que quién soy? Si te refieres a cuál es mi nombre, debo confesarte que no lo recuerdo; no obstante, considero que carece de importancia ya que no vivirás lo suficiente como para recordarlo.
¿Que no viviré?
Si te soy sincero, no tengo hambre, tu querida amiga me ha dejado satisfecho. Era realmente deliciosa… pero entiéndeme, no puedo permitir que dos simples mortales, metan sus sucias narices donde no les llaman. Tampoco me apetece tu sangre, la puedo oler, y no es nada apetecible, así que simplemente… te mataré.

Los ojos de Iwahara se abrieron como platos al escuchar aquella confesión. Él había matado a Watsuki. La rabia le dio la fuerza que el terror le había arrebatado. Se puso de pie y corrió hacia el escritorio, ante la mirada divertida del extraño que le observaba con una curiosidad casi más terrorífica que el hecho de que pudiera atravesar las paredes. La sangre que le manchaba la cara le daba un aspecto salvaje, sus ojos un aspecto psicópata.
Iwahara abrió un cajón y de él sacó su pistola. Martilleó el arma y disparó al hombre. Los cuatro disparos resonaron en la habitación cerrada y, para el asombro del detective, atravesaron al hombre como si de bruma se tratase y, por consiguiente, fueron a dar contra el cristal de la ventana que estalló en mil pedazos. Todo ocurrió a cámara lenta y, por un momento, el hombre armado vio como los cristales saltaban por el aire, reflectando la luz de la lámpara. El rostro de Iwahara se desencajó por el miedo que le invadía. Su corazón amenazaba con salírsele del pecho. El aire gélido entraba por el ventanal roto.

Tú no podrás matarme porque… ¡ya estoy muerto!

El detective corrió hacia la puerta y la abrió para después salir de la habitación. Corrió hacia el salón y se tropezó con el sofá de tres plazas. Bien parecía que Iwahara no conocía su propio piso. El hombre apareció tras un torbellino de humo azulado. No apareció delante del detective, simplemente, apareció en la sala para observar la carrera aterrorizada del hombrecillo. Iwahara se dirigió hacia la puerta de salida, temiendo que el asesino de Watsuki se interpusiera y le matara. Pero aquella idea estaba lejos del tenebroso hombre que dejó que Iwahara se cansara. Cuando el detective hubo salido del piso, el vampiro hizo que su cuerpo perdiera la solidez y, convertido en humo, atravesó el suelo.
Iwahara tardó un par de minutos en bajar los dos pisos que le separaban de la calle. Una vez en el exterior no fue consciente del frío casi invernal que hacía. Sólo deseaba correr y alejarse de allí. Miró a un lado y a otro, intentando decidir hacia donde dirigirse. Si iba hacia la izquierda llegaría a un parque solitario y; sin duda, acabaría muerto en un abrir y cerrar de ojos. Si iba hacia la derecha, se encontraría de bruces con el cuartel de policía, estaba claro hacia donde se dirigiría.
Echó a correr, mirando de vez en cuando a su espalda para asegurarse de que aquel desconocido infernal no le perseguía. Le sorprendía que se hubiera dado por vencido después de la amenaza que le había proferido. Diez minutos de carrera después, podía ver el cuartel de policía. Sus esperanzas, así como su energía, se renovaron y apretó la carrera ante la mirada de algunos peatones que se sorprendían al ver a alguien corriendo a aquellas horas de la noche. Iwahara les ignoraba sabiendo que estaba a salvo. De pronto se vio golpeado por una corriente de aire tan brutal que le lanzó por los aires e hizo que se viera adentrado en un callejón oscuro.
Allí, lejos de las miradas de los peatones que habían visto como el hombre volaba violentamente. El detective Kujo Iwahara se incorporó con gran esfuerzo y quedó sentado en el suelo. Ante él, y a pesar de la oscuridad reinante en el callejón. Pudo ver un círculo de bruma flotando en el aire y, de pronto, como si de un enjambre de abejas se tratase, aquel humo liláceo, se puso en movimiento y cayó en picado hacia el detective. No pudo evitarlo, no tuvo tiempo de nada más que de abrir la boca para lanzar un grito que jamás sonó. La bruma se le metió por la garganta y el hombre sintió como su cuerpo ardía. Se pudo de pie, y su cuerpo, por entero, crujía como si los huesos se le estuvieran rompiendo. Las venas de su cara se le marcaban peligrosamente, las del cuello parecían estar a punto de estallar y su rostro estaba completamente rojo. La saliva le caía por la comisura de los labios. Iwahara, poseído por el vampiro, echó a correr hacia fuera del callejón. Los peatones que habían quedado reunidos en la boca de éste, se tuvieron que apartar para dejar que el hombre poseído siguiera corriendo hasta que, cuando la acera finalizó, saltó en el justo momento para que un autobús que circulaba a su velocidad normal le arroyara.
Las ruedas gimieron cuando el conductor, con la luna delantera cubierta de sangre, pisó con todas sus fuerzas el freno como si, de alguna forma, la fuerza de la pisada tuviera algo que ver con la velocidad de la frenada. Ya era tarde, el detective Iwahara había muerto en el acto.
Los espectadores se agolparon a pie de acera para ver lo que estaba ocurriendo. La bruma lilácea ya había salido del cuerpo del muerto y se había solidificado en medio de la acera, detrás de la multitud cotilla. El vampiro se relamió al ver la cantidad de personas que, con su delicioso perfume a sangre fresca, se presentaban ante él como el delicioso y truculento manjar de aquel al que, durante décadas, habían llamado monstruo. El ejercicio de matar al detective le había abierto el apetito y, haciendo que sus cuatro colmillos se estiraran amenazadoramente, se dispuso a empezar con el festín.

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CUANDO LO “MARAVILLOSO” SE HACE PESADO

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“El abuso no es uso, sino corruptela.”

Anónimo.

Diario Positivo, entrada 63.

El que más y el que menos conoce a Mr. Wonderful, ese “artista” que se ha hecho de oro al plasmar en tazas, calendarios, gomas de borrar…, etc, frases de carácter positivo. Ha sido todo un fenómeno ya que, incluso con su simplicidad, hizo algo que nadie había conseguido hasta ahora: alegrar al mundo con cuatro letras.

¿Qué ocurre? Que como todos los que empiezan a hacer algo bonito, Mr. Wonderful ha acabado violando su propio producto, sacándolo en una cascada de frases cada vez más enervante. Le ha pasado lo mismo que a los creadores de series televisivas; cuando una idea no da para más y, aún así, siguen estirándola.

Es curioso como, incluso las mejores ideas, las más altruistas, acaban siendo simples ideas comerciales. Simples ambiciones consumistas y terminan generando odio donde antes había admiración. Y hablo por mi mismo. “Diario Positivo” nació al ver como el fenómeno “Wonderful” nacía y arrasaba. Pensé: “Sería genial poner por escrito los consejos que he aprendido a lo largo de mi vida, como, de alguna forma, esta persona hace con las ocurrentes frases que vende”, ahora, cuando entro en una tienda y veo estanterías llenas de estas cosas, y leo frases cada vez menos ocurrentes y que dejan, cada vez con más claridad, la evidencia de que simplemente quieren ganar dinero y que, el bienestar del público les interesa bien poco, siento una profunda decepción.

No abuséis de nada de lo que hagáis. Es un desenlace peligroso y cuesta mucho caer en él, pero ocurren cosas como las de Mr. Wonderful; a pesar de haber empezado con buen pie y plantarse ante el mundo con el mensaje de: “Esto es lo que yo os ofrezco, algo simple pero en lo que nadie había pensado”, ha acabado (al menos a mi me lo parece) con el mensaje: “Esto es lo que os sigo ofreciendo, ya no se me ocurre nada nuevo, así que voy a seguir explotando aquello en lo que no pensasteis, pero que ahora empezáis a aborrecer”.

Por otro lado es curioso el boom de estos productos, la influencia de este “artista” es tan grande que todo el mundo utiliza su tipografía; si veis un anuncio de televisión donde haya un texto escrito, estará con esta letra. Es impresionante y a la vez agobiante, ver que la gente, en general, se agolpa ante una novedad como mosquitos ante una luz radiante; incluso cuando esa novedad, se vuelve añeja y pesada.

ILUSTRANDO (II)

Hola a todos/as, seguimos con la serie de ilustraciones que os comenté que estaba haciendo. La última vez compartía con vosotros mi versión del Actor Secundario Bob esta vez os dejo con:

* Krusty, Mel y Teeny:

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DEATH NOTE, MANGA A MEDIO GAS.

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Hace años aprendí que un buen guión lo es todo; ya sea en un cómic o una película. Cuando empecé a leer el manga “Death Note” me sorprendió aquel inicio inquietante. Pensé, sinceramente, que el guión de aquel cómic que tenía entre manos, no tenía nada que envidiarle a la mejor novela de Stephen King.

Por desgracia, y como bien me avisaron en mi cuenta de Facebook, el manga comienza a perder fuelle hacia la mitad. Y es cierto, al llegar exactamente al sexto tomo (justo la mitad ya que son doce), la historia empieza a enrevesarse de una una forma ridícula.

Los personajes principales (me refiero a Ligt Yagami y al investigador apodado “L“) empiezan a convertirse en una parodia de lo que eran al principio. Los guionistas, por algún extraño motivo que no consigo entender, hacen que L aparezca comiendo en todas y cada una de las viñetas, convirtiendo a este personaje en una ridiculez constante.

El dibujo de los entornos: edificios, vehículos, árboles…, tenedores, cuchillos, platos…, comida en general, son tan perfectos que adquieren una frialdad que afean las viñetas de este manga que va a peor en cada capítulo.

La segunda mitad de “Death Note” es simplemente absurda. El protagonista, Ligh, que al principio era un chico con un cerebro superdotado, parece haberse dado algún golpe en la cabeza, pues su inteligencia se ve ridiculizada constantemente por un tercer personaje que, para no spoilear, me reservo para mi.

No tiene sentido que hayan estirado tanto la historia, ya que, cuando acabas los doce tomos, te das cuenta de que era totalmente innecesario. Entiendo que, doce tomos son mejor que, por ejemplo, ocho (en cuanto a ganancias se refiere), pero a veces, menos es más.

Es una lástima ver como, los propios creadores de una idea que podría ser una obra de arte, y pasar a la historia como aquellos que crearon el manga perfecto; estiran y deforman su propia obra hasta convertirla en un castigo pesado y difícil de leer. Una verdadera lástima.

EXPEDIENTE WARREN

Título Original: The Conjuring.
Director: James Wan.
Reparto: Lili Taylor, Vera Farmiga, Patrick Wilson, Joey King, Ron Livingston, Mackenzie Foy, Shanley Caswell, Hayley McFarland, Sterling Jerins, Shannon Kook.
País: Estados Unidos.
Duración: 112 minutos.
Género: Terror.

Sinopsis:

La película esta basada en la historia real de la familia Perron y sus encuentros sobrenaturales en su casa de Rhode Island a comienzos de los años 70. Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, son llamados por una familia aterrorizada por una presencia oscura en una casa de un granja aislada. Obligados a enfrentarse a una poderosa entidad demoníaca, los Warren se encontraron atrapados en el caso más terrorífico de sus vidas…

Crítica:

Ya hacía tiempo que no veía películas de miedo. El motivo es bien simple: las películas de terror, cada vez dan menos miedo; se abusa excesivamente de los efectos especiales para hacer efectos que en los años ochenta y noventa no podían hacerse; no obstante, aquella época de efectos especiales low cost, era sin duda la mejor época del cine de miedo.

The Conjuring” devuelve esa calidad perdida a causa de las nuevas tecnologías y la escasa imaginación de los guionistas. Es cierto que se usan efectos especiales, pero el buen gusto con el que están utilizados y su mesura, hacen que esta cinta sea de gran calidad.

Además, y lo que es más importante, esta película basada en hechos reales, consigue algo que hacía tiempo que ninguna conseguía: asustarme. Da miedo desde el primer minuto. La atmósfera que da la iluminación es simplemente impecable; como impecable son todas y cada una de las interpretaciones.

Tuve el placer de verla en versión original subtitulada (no lo recomiendo si, como yo, sois muy miedicas, ya que tendréis que elegir entre taparos la cara con un cojín o leer los subtítulos y enteraros de lo que ocurre). Simplemente me pareció que todos los componentes del reparto disfrutaron como niños del rodaje de esta película, y cuando eso ocurre, se nota.

Sinceramente no se me ocurre nada negativo; salvo quizá que en algunas escenas no se aprovecha y/o explota el ambiente de terror que iluminación, banda sonora, efectos de sonido…, proporciona. Pienso que cuando esto es lo único “reprochable” de una película, simplemente se está hablando de una película hecha con un buen gusto exquisito.

NOTA:
10

LA MÁQUINA ESTILOGRÁFICA: “吸血鬼 (Vampiro)” (3)

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En “La Máquina Estilográfica” encontraréis una historia mensual dividida en cuatro partes (una parte por semana).

Para ver las anteriores partes:

– Primera Parte. –

– Segunda Parte. –

Continuación…

La noche había caído, Watsuki intentaba desconectar del trabajo en su casa, pero las imágenes de los cadáveres no abandonaban su mente. Se habían tatuado a fuego en sus retinas. Ni siquiera era capaz de disfrutar de la compañía de su prometido, ni de la cena romántica que éste le había preparado. Sólo era capaz de pensar en la grotesca apariencia de los cuerpos y las atroces heridas de sus cuellos y la afirmación que el teniente Iwahara hizo de que estaba seguro de que algo había salido del suelo, hacían que su inquietud creciera.

¿Ya estás pensando en el trabajo?

La voz del joven prometido no era sino cariñosa.

Sí, lo siento, me han asignado un caso que me pone los pelos de punta.
¿De qué se trata?
Sabes que no puedo hablar de una investigación en curso, cariño.
Tenía que intentarlo. ¿Por qué no te das un baño relajante mientras yo recojo todo esto?
Eres un encanto, ¿lo sabías?
Te encargas de recordármelo cada día, ¡ja, ja, ja!

Watsuki se quedó embobada mirándolo, le parecía un hombre arrebatador, y cuando sonreía, a pesar de no tener una dentadura perfecta, hacía que la mujer sintiera como la calidez le invadía. Sin duda había hecho bien en darle el “sí, quiero”, nunca lo dudó, pero cada día confirmaba más y más el amor que por él sentía. Se levantó de la mesa y se dirigió al baño. Antes de entrar, se giró, miró a su pareja por encima del hombro y, con una sonrisa llena de intención le dijo:

Si sigues portándote así de bien, quizá piense en recompensártelo de algún modo.
Entonces tendré que seguir sacrificándome, ¿no?

Ella no contestó, simplemente dejó que su sonrisa se abriera más y se metió en el cuarto de baño. Los dos se amaban y eran felices juntos. Los padres de Watsuki murieron en un accidente cuando ella acababa de ser ascendida en el cuerpo de policía. Aquel ascenso fue agridulce, pero cuando Sora se arrodilló ante ella y le enseñó el anillo de compromiso, sintió como, de alguna forma, la dulzura ganaba a la agriedad.
Cuando la bañera estuvo llena, Watsuki se desnudó y se metió en el agua. Se sentó y dejó que el agua caliente le cubriera los pechos. Echó su cabeza hacia atrás, y la apoyó en el hierro blanco de la bañera. Lanzó un profundo suspiro, sin duda, aquello era lo que necesitaba. Cerró los ojos y respiró hondo, inhalando en cada respiración el agradable perfume del jabón.
Empezó a pensar en el caso. Los cuerpos de los jóvenes, la tumba abierta desde dentro. Sus ojos, incluso con los párpados cerrados, se movían compulsivamente debido a la velocidad de sus pensamientos. Las imágenes se sucedían en su mente a una velocidad abrumadora. Los rostros cadavéricos y deshidratados de dos jóvenes, a pesar de que sólo había visto el de ella. Sin duda, la imaginación estaba haciendo el resto. Los cuellos destrozados de ambos, y un profundo y oscuro agujero en el suelo. Tuvo que abrir los ojos para dejar de ver todo aquello y, cuando lo hizo, sintió como un terror que jamás había sentido, se agolpaba en su pecho. Allí, delante de ella, se encontraba un hombre de cuclillas sobre el borde de la bañera. La miraba con unos ojos que evocaban muerte. Su pelo, perfectamente repeinado hacia atrás, dejaba libre un mechón largo y fino que le caía como una espada por su rostro. Las orejas ligeramente puntiagudas le daban un aspecto no-humano. La nariz afilada cortaba, por la posición de su cabeza, una sonrisa fría y asesina. Vestía un traje completamente negro con manchas de tierra.
Watsuki intentó gritar, pero su voz no salía, no era el terror, físicamente le era imposible emitir ningún sonido.

No grites — dijo el intruso sin mover sus labios. La voz se proyectaba directamente en la mente de la mujer. — ¿por qué los mortales tenéis esa necesidad de gritar?

Los ojos de Watsuki se abrieron como platos. ¿Había sido él? ¿Él le estaba impidiendo hablar? El hombre empezó a reírse con un tono bajo que sólo conseguía helar la sangre de la detective. Una risa burlona que le daba un aspecto desquiciado a aquel ser. El ser se había metido en sus pensamientos.

Te preguntarás quién soy y qué hago aquí. La primera pregunta deberías reformularla en tu estúpida cabecita. Sería más correcto preguntar qué soy; y la respuesta a esa pregunta, contesta también a la segunda: soy tu verdugo.

Watsuki sintió como el terror le invadía. ¿Su verdugo? ¿A qué venía aquello? ¿Por qué a ella? Aquel ser no era humano, a pesar de que su apariencia, en gran medida, podía parecerlo. Fue entonces cuando la detective lo dedujo, aquel monstruo era el causante de la muerte de los dos jóvenes y, aunque fuera estúpido pensarlo, era él el que había salido de la tumba.

¿Sabes una cosa? No habría dado contigo de no ser por tu olor. Si no hubieras estado en el cementerio, no habría olido tu deliciosa sangre pero ese olor — el ser se relamió —… ese olor ha invadido todo el lugar y me ha traído hasta aquí. Debo estar de suerte, a pesar de que el niñato no sabía todo lo bien que habría deseado, ella sí, su sangre era deliciosa y me temo que la tuya, será un manjar.

Cuando dijo esto, abrió la boca en una sonrisa animal, y Watsuki pudo ver como sus cuatro colmillos se alargaban de una forma inexplicable. Sin duda, aquel hombre había matado a los dos jóvenes, ¿era un vampiro? Ya nada importaba, aquel sería su fin. Miró a la puerta, pensando en Sora. No era posible que escuchara nada, aquel ser estaba hablándole telepáticamente. Watsuki vio como en el rostro de aquel monstruo se dibujaba una mueca de diversión al leer los pensamientos de la detective, y aquella aterradora sonrisa, desapareció en un ataque tan veloz que la mujer no tuvo tiempo ni de asustarse. No sufrió, simplemente, su mundo se convirtió en penumbras.