LA MÁQUINA ESTILOGRÁFICA: “吸血鬼 (Vampiro)” -2-

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En “La Máquina Estilográfica” encontraréis una historia mensual dividida en cuatro partes (una parte por semana).

Para leer las anteriores partes:

– Primera Parte. –

Continuación…

La tarde era calurosa, el sol ondulaba el aire con su asfixiante fuego y el canto angustioso de las cigarras invadía el lugar.
La policía había recibido el aviso de que los cadáveres de dos estudiantes habían sido encontrados en el cementerio. El detective Kujo Iwahara se encargaba del caso. Había acordonado la zona después de ver los cuerpos. Una compañera pasó por debajo del cordón policial. No vio los cadáveres ya que habían sido tapados por el forense.

¿Qué tenemos Iwahara?
¿No los has visto, Watsuki?

La detective Shinju Watsuki movió la cabeza negativamente. Iwahara suspiró e invitó a su compañera a acercarse. Se puso en cuclillas y sujetó una de las sábanas con la punta de los dedos. Ella, al ver la expresión del detective entendió que lo que estaba a punto de ver, no tenía nada que ver con lo que había visto hasta el momento.
Cuando Iwahara levantó la tela, a pesar de la amplia experiencia de la detective en el departamento de homicidios, no pudo evitar soltar un grito de terror. El cuerpo sin vida era el de una mujer, sin duda. Presentaba un estado avanzado de descomposición. La piel había envejecido y deshidratado adaptándose de forma horripilante al cráneo. Los pómulos afilados, la nariz inexistente, los ojos vaciados, hacían que aquel rostro helara la sangre de la detective.

No lo entiendo… pensaba que se trataba de un homicidio.
Sí…
Pe… pero esa persona lleva tiempo muerta.
No lo creo.
¡¿Cómo?! ¿No ves el estado en el que se encuentra?
Lo sé, lo sé, pero la documentación de ambos indica que se trata de Nozomi Ohba y Natsuki Akamatsu. Ambos estudiantes del instituto Edogawa, lo hemos investigado. Salieron anoche y no volvieron a sus casas.
¿Y cómo puede estar tan descompuesta?
No tengo ni idea, eso tendrá que decírnoslo el forense. De todas formas, hay algo más, acércate.

Iwahara hizo una seña para que Watsuki se aproximara por el lado contrario. Cuando lo hizo, sintió como el estómago se le revolvía. El cuello de la chica había sido mordido con una violencia tal, que la carne había sido arrancada.

¿Qué ha ocurrido?
El forense dice que le han arrancado la arteria carótida.
¡¡¿¿Qué??!! ¡¡¿¿Cómo es posible??!!
Pero no es eso lo que me escama. El chico también tiene la misma herida y, sin embargo, mira el suelo a tu alrededor. ¿No te resulta extraño que, con semejantes heridas, no haya ni rastro de sangre? ¿Qué ocurrió aquí? – volvió a tapar el cadáver y se levantó –. Por otro lado, está el agujero en el suelo.
Sí, lo he visto nada más llegar pero, he supuesto que se trataba de alguna gamberrada.
Pudiera ser, sí. Quizá los dos estudiantes vinieron aquí para abrir alguna tumba. Estos niños ricos no saben con qué entretenerse. No obstante, fíjate bien en la tierra, Watsuki.

La detective hizo lo que Iwahara le pidió. Examinó la tierra con atención, pues sabía que si su compañero le había pedido que lo hiciera, tenía una buena razón. No tardó en darse cuenta de lo que Iwahara había notado, sus ojos se abrieron como platos cuando sentenció:

¡El agujero se ha abierto desde dentro!
Así es…
No estarás insinuando que algo ha salido de la tumba, ¿no?
Claro que no estoy insinuando eso.
Menos mal, si lo hicieras pensaría que estás lo…
Estoy afirmando que algo ha salido de la tumba. Sólo me falta saber qué ha sido…

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