LA MÁQUINA ESTILOGRÁFICA: “吸血鬼 (Vampiro)” -1-

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En “La Máquina Estilográfica” encontraréis una historia mensual dividida en cuatro partes (una parte por semana).

Inicio…

La luz de la luna se filtraba a través de una bruma espesa dando a aquel cementerio un mortecino fulgor pálido. Las lápidas de mármol y piedra custodiaban el descanso eterno de aquellos que, en otros tiempos, perdieron la vida. Como única banda sonora, el canto incansable de decenas de grillos que habitaban los árboles del cementerio. Dicho canto reinante en la quietud del cementerio, fue bruscamentente interrumpido. Una chica de no más de dieciséis años, metro setenta, vestida con un uniforme escolar compuesto por camisa blanca con pajarita, falda gris, calcetines altos de color negro y unos brillantes zapatos de charol, iba agarrada de un joven de pelo rapado y mirada lasciva. El labio superior del muchacho estaba salpicado con un ridículo bigote que no terminaba de crecer. Ella temblaba de miedo, él caminaba como si creyera ser el amo del universo. No conocía el miedo, pero eso no tardaría en cambiar.

¡Vámonos Nozomi, no me gusta este sitio!

No seas miedosa Natsuki, ¿qué crees que va a pasar? Estos tíos ya están muertos.

Aún así, no me gusta estar aquí. Hazlo por mi, Nozomi, sé buen chico.

Me dijiste que compartirías mis aficiones, ¿no es así? Bien, pues una de mis aficiones es montármelo con monadas como tú en sitios como este.

Los ojos de Natsuki se abrieron asombrados, pensaba que Nozomi era distinto. Era su amigo, aquel al que siempre ayudaba cuando los matones del instituto golpeaban a la hora del recreo. Eso era cuando ambos eran pequeños, ahora habían crecido y, las hormonas del chico, habían olvidado todo lo que Natsuki había hecho por él. Por un momento, la chica pensó que debería haber dejado que Kaoru y Ren siguieran golpeándole, es lo menos que se merecía aquel ser repulsivo. “¿montárselo con monadas?” pensó la joven. Ella sabía que las otras chicas se burlaban de él. Era su amigo, al menos hasta ese preciso instante, el instante en que Nozomi había dejado claras cuales eran sus intenciones.

Nozomi, yo me marcho a casa. Mi padre estará preocupado – puso como excusa –, él no sabe que estoy aquí.

Lo sé, te has preocupado mucho de que nadie sepa que venías conmigo. ¿Crees que no entiendo lo que sucede? No seas tímida Natsuki, sé que me deseas. ¿Por qué te ibas a preocupar tanto por mi, si no fuera así?

¿Esás loco? Me estás asustando.

Natsuki hizo el intento de salir corriendo pero Nozomi se lo impidió cogiéndola con fuerza por la cadera. A pesar de haber sido apalizado por la mayoría de alumnos, aquel chico tenía más fuerza que Natsuki.
Ella le dio una bofetada y, con el anillo de su mano, hizo que el labio del chico sangrara. A pesar del corte, Nozomi no perdió los estribos, sólo se relamió la sangre y sonrió.

Vamos, vamos, ya no necesitas hacerte la dura. Los dos sabemos que deseas esto.

Nozomi inmovilizó a la chica y la tiró encima de la arena. Ella forcejeaba pero él la tenía sujeta de las muñecas. Natsuki sintió el aliento de Nozomi en su cuello y las lágrimas empezaron a caerle por las mejillas. Nozomi soltó una de las muñecas de la chica y empezó a bajar la mando lentamente por el pecho de Natzuki. Él sintió como la excitación hacía que sus sienes latieran. Ella sintió ganas de vomitar. Poco a poco bajó él por sus caderas y ella, sacando fuerzas de donde pensaba que no le quedaban gritó a pleno pulmón pidiendo ayuda.

Estamos solos preciosa, tú y yo, aquí nadie podrá escucharte.

Cuando dijo esto, un ruido extraño empezó a invadir el lugar. Nozomi se detuvo mirando a su alrededor. ¿Qué era aquello? Provenía de una de las tumbas. Parecía un lamento, un gimoteo humano. El suelo empezó a temblar y crujir. Natsuki notó cómo Nozomi dejaba de hacer fuerza contra ella mientras miraba al lugar donde provenía el sonido. La tierra cerca de ellos empezó a removerse.

¿Qué narices es eso? ¿Un topo?

Nozomi se levantó de encima de Natsuki, se acercó a la tierra que se movía lentamente, como si algo intentara salir de debajo de la tierra. El chico se inclinó hacia delante para mirar de cerca aquel movimiento cadencioso. De pronto, una pálida mano de largas uñas salió a la superficie haciendo que Nozomi se cayera del susto golpeándose el trasero contra el suelo. El color de su tez desapareció y Nazuki lanzó un grito horrorizado.
La mano se posó en la tierra ejerciendo la fuerza necesaria para que el resto del cuerpo pudiera desenterrarse. Salió primero el brazo, enfundado en un traje negro lleno de tierra. La cabeza quedó al aire libre, el pelo era largo, negro, despeinado y sucio por el desentierro. Las orejas ligeramente puntiagudas y los ojos rasgados tenían unas diminutas y frías pupilas. Un fino mechón de pelo caía por el rostro de aquel hombre que acababa de salir de una tumba. Nozomi estaba paralizado, aquel rostro de cejas perfiladas y nariz aguileña, de finos labios y sonrisa pérfida, le resultaba aterrador.

Hacéis demasiado ruido.

La voz era áspera, ruda y hacía que la sangre de los jóvenes se helara. Terminó de salir del suelo, quedó de pie, con las piernas tambaleantes por el esfuerzo de salir de la tumba. Nozomi sintió como todo su cuerpo temblaba, su corazón latía desbocado y supo que, aunque lo intentara, no conseguiría ponerse en pie.
El individuo levantó la cabeza y husmeó el aire con un gesto animal que conseguía ser tan aterrador como el resto de sus movimientos.

Hacía tiempo que no notaba ese olor – el hombre miró a Natsuki y luego a Nozomi y se relamió –… el olor de la sangre.

Se abalanzó como un relámpago sobre el chico que no tuvo tiempo de reaccionar. Solo le dio tiempo a una cosa, ver los relucientes colmillos del misterioso hombre y luego, sintió como se clavaban en su cuello. Nozomi empezó a forcejear, pero no tardó en quedar inmóvil, el hombre de la tumba había clavado sus colmillos en la arteria carótida del chico y la sangre le llenó la boca en un éxtasis de sabor.
Natsuki se horrorizó ante aquel espectáculo. No podía moverse, el terror la invadía. El hombre se levantó y estiró corvando su espalda dejando su cara ensangrentada a la luz de la luna, un rugido animal desgarró la garganta del hombre acompañando el movimiento de su torso. Luego, sin perder esa posición, giró la cabeza mirando a Natsuki por encima del hombro.

No me gusta el sabor de los chicos…

Natsuki se llevó las manos a la boca reprimiendo un grito de espanto.

… en cambio, el de las chicas…

El hombre sonrió, y aquella sonrisa, aquella aterradora sonrisa cubierta de sangre, fue lo último que Natsuki vio.

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