RELEYENDO

releer los libros

Una práctica que hasta ahora era desconocida para mi. Siempre me ha dado mucha pereza la idea de volver a leer una historia que ya cerré en el pasado. Leer de nuevo algo que ya sabía como terminaba me parecía poco apetecible. Tras muchas recomendaciones, este mes me he decidido por darle una segunda oportunidad a mi muy adorado: “El Retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. Al principio contemplé ilusionado como aquel libro parecía no haber sido nunca leído por estos ojos, lo que leía no lo recordaba y me volvía a fascinar como el primer día. Eso fue al principio, ese instante de la historia que pocos recordamos, las primeras páginas del libro, cómo empieza todo. Cuando fui avanzando por las páginas escritas por este gran maestro, seguí fascinándome con sus ácidos y acertados diálogos sin fecha de caducidad, me reí y entusiasmé con las frases lapidarias de Lord Henry cuyos pensamientos podían trasladarse a este alocado siglo XXI, pero de pronto esa sensación de renovada sorpresa se terminó. Desde el nudo de la historia hasta su desenlace, recordaba la trama como si la hubiera protagonizado yo mismo. Las líneas parecían pesarme y cada vez me costaba más pasar la página.

He descubierto, a través de la práctica, que la relectura no ha sido diseñada para mi. Lo he intentado y es por ello que puedo decir que no es una práctica que me parezca entretenida. No digo que no lo sea, si no que a mi, personalmente, no me lo parece. Desde luego que os insto a que lo probéis. Cada cual tiene que probar las cosas por sí mismo y después valorar si le merecen la pena.

Una profesora de lengua que tuve en el instituto me dijo un día que “hay que leerse ‘Cien Años de Soledad‘ de Gabriel García Márquez exactamente cada diez años, porque es el tiempo necesario para que maduremos lo suficiente como para encontrar nuevos matices en él.” Ahora que he leído por segunda vez mi libro favorito sé que no podría leerlo una tercera vez. Menos aún, leerlo cada diez años. Soy más aficionado a abrigarme con historias nuevas, historias que me sorprendan con cada coma y que hagan que me sumerja en cada punto.

Disfruté mucho de Dorian Gray la primera vez que leí esta novela inmortal. Esta segunda vez simplemente he conseguido recordar ese disfrute, pero no lo he repetido. No sé si soy la única persona a la que le ocurre esto, pero lo cierto es que releer no está hecho para todo el mundo.

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