PREGUNTÁNDOME.

cuestiones

“Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola boca para enseñarnos que más vale oír que hablar.”

Zenón.

Diario Positivo, entrada 55.

La cita que os he puesto no sólo sirve para/con los demás, también para/con vosotros mismos/as. ¿Os escucháis? ¿Tenéis conversaciones con vuestra mente? Puede que penséis que me he vuelto loco pero tenéis que intentarlo. Yo he empezado a usar esta práctica desde hace poco y he resuelto importantes dilemas. Lo primero de todo es pensar en un problema, en algo que os inquieta. ¿Tenéis que decidir algo? Haceros esa pregunta. Os pongo un ejemplo personal:

Como muchos/as sabréis, estoy escribiendo una novela. Voy por la tercera y última parte. La recta final, pero me había atascado y había perdido las ganas de seguir. Interiormente me hice la siguiente pregunta:

“¿Por qué no quieres seguir con una novela que te entusiasma? ¿Qué problema tienes con la tercera y última parte?”

La respuesta no fue la que esperaba. Esperaba que mi subconsciente me dijera que me da miedo fracasar, que me aterra la idea de acabarla porque ello significaría empezar a moverla y verme en el complicado mundo de las editoriales. Lejos de eso, mi respuesta interna fue:

“La tercera parte no tiene sentido tal como la tienes ideada. La trama es absurda, y rompe por completo la dinámica de la historia. Si acabas la tercera parte como tienes pensado acabarla, destrozarás por completo la novela.”

En cuanto recibí esta respuesta empezaron a acudir a mí ideas de cambios para esa tercera parte que está sumida en un estado temporal de inconsciencia. Pero para responderse a uno mismo hay que ser imparcial, objetivo. Mi consejo es que te preguntes como si le estuvieras preguntando a tu mejor amigo. Como si tú fueras tu mejor amigo/a (de hecho, así es) y le estuvieras intentando dar un consejo. Pregúntate esto: ¿qué le dirías a una persona que acude a ti con esa inquietud?

Recientemente también me hice una pregunta referente a una amistad que tenía. Me daba pena desprenderme de ella por los años que nos unían, pero a la vez, su amistad me hacía tremendamente infeliz. Entonces acudí a mi subconsciente de nuevo:

“¿Realmente te da pena deshacerte de esta persona? ¿O crees que debe darte pena porque es lo correcto? ¿Te aporta algo? ¿El tiempo que ha estado en tu vida es un justificante de la infelicidad que te está aportando recientemente?”

Mi respuesta volvió a sorprenderme:

“Deja de pensar en lo que es políticamente correcto. Si lo que es correcto te hace infeliz, entonces ¿qué sentido tiene? Si lo que la sociedad comprende como ‘correcto’ es aceptar a una persona que te ignora, que te trata como una opción y que no te aprecia como te mereces. Alégrate de ser una mala persona e ir en contra de lo correcto, porque serás una persona feliz.”

Haceros preguntas, de verdad que merece la pena. No hay mejor consejero que uno mismo. Y yo me alegro muchísimo de haber descubierto esta maravillosa práctica. Ahora tengo la fuerza y el poder de responderme objetivamente las preguntas. ¿Y vosotros?

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