LO QUE PIENSAN LOS DEMÁS.

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“Importa mucho más lo que tú pienses de ti mismo, que lo que los demás opinan de ti.”

Séneca.

Diario Positivo, entrada 52.

¿Quién no se ha dejado llevar alguna vez por el “qué dirán”? La inseguridad y la falta de autoestima, así como la búsqueda de aprobación, son unas de las peores enfermedades espirituales que puede contraer una persona.

La sociedad, de la cual he hablado en multitud de ocasiones en esta sección, es una fuente interminable de este virus. Los que odian que le juzguen, acaban, casi siempre, juzgando a los demás. Esto hace que esas personas sientan rabia por haber sido juzgados mientras comentan a sus amigos lo mala persona que es aquel que les está criticando. Y así hasta el infinito.

Es cierto que resulta altamente complicado no prestar atención a lo que los demás piensan de nosotros. Vivimos entre las personas, y si queremos encontrar trabajo, pareja, piso, si queremos que se nos aprecie, debemos prestar atención a la opinión ajena.

¿Tenemos que hacerlo?

Ya sabéis, porque os lo he dicho en multitud de ocasiones, que mi cambio de mentalidad. Mi optimismo, es relativamente nuevo. Hace poco más de dos años que me encuentro en esta gratificante situación psíquica. Pero en cuanto a lo que los demás piensan de mi, hace muchos años que practico la simple indiferencia. Antiguamente, tenía mucho complejo por mi sobrepeso, y no vestía nada que no fuera negro. Un día, me miré al espejo y me di cuenta de que realmente, se me veía más al vestir ese color. Quizá disimulaba algún centímetro, pero el hecho de vestir completamente de negro me convertía en un oscuro cartel de neón. Además, mirándome objetivamente, me di cuenta de que no iba precisamente “guapo”. De repente, empezaron a llamarme la atención los colores vivos. Los naranjas, los verdes y rojos ¡me di cuenta de que era un chaval realmente alegre a la hora de vestir! La gente me miraba con mala cara (un chico de ciento cincuenta kilos, vestido con un tejano y una camiseta naranja butano no era algo normal y, según la sociedad, no tenía sentido). El primer día, pensé en dejar de vestirme así, pero me negué. Ése era yo, y los que tenían un problema con mi forma de vestir eran los demás, no yo. Así que seguí vistiéndome así a pesar de que los otros hombres se reían de mi y las mujeres me miraban y cuchicheaban entre ellas algo que presiento sería: “mira ese…”

Cuando me di cuenta de que los demás ocupaban su tiempo mirándome y hablando de mi, mientras yo, simplemente iba VESTIDO por la calle, y pensando en mis propios asuntos. Empecé a extrapolar ese pensamiento, esa indiferencia al qué dirán del que os hablaba al principio, al resto de campos. Me daba igual si el hecho de ser friki (de lo que me siento especialmente orgulloso) estaba mal visto. Si mi calvicie era motivo de burla o si mi forma de hablar le parecía pedante a alguien. Como dijo Ortega y Gaset: yo era: yo, y mis circunstancias. Y mis circunstancias me hacían feliz.

¿Sois felices ocupando vuestro tiempo en intentar vislumbrar lo que los demás opinan de vosotros/as? ¿Sois conscientes de que cada segundo que vivís obsesionados/as con lo que piensan los demás, os impide vivir plenamente y disfrutad de lo que sois? Seáis “modernos” o “metaleros” seáis “chonis” o “pijos” seáis lo que seáis, disfrutadlo. Y si los demás están en contra de como pensáis, de como vestís, de como actuáis… el problema lo tienen ellos, no vosotros.

Yo no siento ninguna simpatía por las chonis, los quinquis y los pijos. Me he criado entre los dos primeros, y los conozco lo suficiente como para aborrecerlos. Pero soy consciente de una cosa: el problema lo tengo yo, no ellos/as. Hay que reconocer una cosa, y esto es indiscutible: a esas personas les da exactamente igual lo que los demás pensemos. Son así, y si a otros no les gusta, pueden mirar a otra parte.

Nunca pensé que diría esto pero: son un buen ejemplo de autoestima. Se quieren, son felices, e ignoran lo que se piensa de ellos. Son así, y a pesar de que el comportamiento de los primeros es muy discutible en todos los sentidos (su chabacanería y su falta de respeto hacia los demás), son personas fieles a sí mismas. ¿Y vosotros?

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