SI ESO ES EGOÍSMO…

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Narciso era un hombre enamorado de sí mismo. Nada le parecía tan hermoso como su rostro. Las mujeres no podían rivalizar con la imagen que él mismo tenía de su belleza, e incluso las estrellas le parecían poco brillantes en comparación.

Un día, sentado a orillas de un lago en una noche de luna llena, Narciso quedó mirando fijamente la superficie espejada del lago. Se acercó para mirar el reflejo que se proyectaba en el agua. ¿Cómo era posible? La luz de la luna hacía que su belleza fuera mayor. Se sintió profundamente atraído por su arrebatadora imagen. Estiró el brazo para tocar su rostro reflejado. Embelesado, no prestó atención a la distancia que había entre el líquido y él y fue entonces cuando, inevitablemente, cayó al agua.

Narciso, que no sabía nadar porque había ocupado su tiempo en aprender de memoria las perfectas líneas de su cara, se ahogó en aquel agua nocturna. Siendo la belleza de su cara, lo último que sus ojos pudieron ver.

La leyenda de Narciso.

Diario Positivo, entrada 50.

En la sociedad aprendemos que no hay que ser egocéntricos. Pero, ¿qué es ser egocéntrico? La gente tiene un concepto extraño sobre este “defecto”. Se dice que egocéntrico, es aquel que se quiere a sí mismo. Si dices que te quieres, si dices que te consideras atractivo/a, si declaras abiertamente lo contento que estás con tu persona, a ojos ajenos, eres un egocéntrico. Sin embargo, esa etiqueta está totalmente equivocada. ¿Por qué la pedantería depende del grado de amor propio que uno/a sienta? Nos enseñan que no tenemos que decir de nosotros cosas agradables porque “hay que ser humildes”. La humildad no tiene nada que ver con esto.

De pequeños, cuando decimos una frase como: “Yo y mi amigo/a” se nos corrige para que digamos “mi amigo/a y yo” ya desde entonces se nos enseña que hay que darle más importancia a los demás. Que no es de “buena educación” ponerse delante de la otra persona. ¿Por qué? Somos tan importantes como él o ella. Sin nosotros no podría componerse esa frase, no habría un “nosotros”.

Estoy aprendiendo a darme más importancia gracias al libro que os comenté la semana pasada: “Mis Zonas Erróneas.” Desde críos se nos bombardea con mensajes destructivos que dicen que no debemos querernos más que a los demás. Que si pensamos en nosotros acabaremos solos. Eso no es necesariamente algo malo. Quiero decir que, si estar acompañado de gente tiene como sacrificio no valorarnos a nosotros mismos, ¿de qué nos sirve que haya gente a nuestro alrededor? El doctor Wayne Dyer lo expresa muy bien en su libro:

Si no te quieres, si no te respetas, si no te valoras y crees que no eres importante,
simplemente estás muerto. No eres nada, y si no eres nada no exites.

Cuando habéis leído la leyenda de Narciso muchos/as habréis pensado que es una historia negativa a la par que triste. Morir por quererse demasiado. Vive tan embelesado por el amor propio que no le es posible ver más allá de las propias narices.

Yo veo en esta historia un ejercicio muy positivo. Narciso muere empujado por su amor propio, es cierto. ¿Pero qué es lo último que hace antes de morir? Quererse. Vive queriéndose y muere queriéndose y en ese sentido, su muerte, es la muerte más dulce que pueda encontrar una persona. Abandonar este mundo con la paz que te da el hecho de no necesitar la aprobación de nadie, porque la aprobación más importante viene dada por tu propia persona.

Debo confesar que yo, desde hace poco, siento ese amor hacia mi mismo que Narciso siente ante su belleza. ¿Tengo defectos? Muchos, pero el equilibrio de la vida es tan sencillo como que deben existir los defectos para poder valorar las virtudes. No cambiaría nada de mi mismo, ni si quiera los defectos. Por supuesto me refiero a los defectos que marcan mi personalidad, (soy rencoroso y desconfiado y extremadamente sincero – lo cual me causa problemas muchas veces –) obviamente, las manías y miedos, las inseguridades, etc, sí que quiero cambiarlos. Las personas somos universos, y dentro de nosotros hay muchos planetas distintos, muchas personalidades dispares. Tenemos a la persona segura, a la insegura, a la amorosa, a la áspera. Somos dependientes y a la vez solitarios. Valientes y miedosos. Todas estas personalidades componen una sola persona, nosotros. Si nos libramos de una sola de ellas, estamos librándonos de un pequeño porcentaje de nuestro total.

No digo que os regocijéis en los defectos, ni que os sintáis orgullosos de ellos. Simplemente digo que os aceptéis y que sigáis viviendo disfrutando de vuestras virtudes. Seguro que son más numerosas y más gratificantes. Sed Narcisos, pues a pesar de lo que la sociedad intenta inculcarnos. Si no nos amamos a nosotros, jamás podremos amar a los demás. Porque los sentimientos que proyectamos en los demás, son reflejos directos de los sentimientos que proyectamos en nuestras personas. Si no nos queremos y, como dice el doctor, no somos nada: ¿cómo podemos ser tan hipócritas y ofrecer nuestro amor a nadie? Si no somos nada, lo que ofrecemos es la esencia de la nada.

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