CERRANDO UN CICLO.

lapiz pequeño

 

  Quizá este sea el artículo más difícil de todos cuantos he escrito hasta el momento. Durante muchos años he soñado, o mejor dicho; he creído soñar, con ser dibujante.

 Las personas que me seguís habitualmente sabréis que durante cuatro años estudié en Escola de Cómic Joso, allí fue donde todo cambió aunque por aquel entonces aún no era consciente.

 Poco a poco, el lápiz empezó a pesar en mi mano, y me vi soportando un lastre difícil de transportar. Me obligaba a dibujar, pues en mi mente se acomodaba la idea de que es lo que quería hacer. Mi obligación era luchar por ello. Un dibujante que no dibuja, no es un dibujante.

 A pesar de tener claro esa redundancia, me negaba a aceptar la evidencia, y seguía torturándome. Me sentaba cada día ante una hoja en blanco, empuñando amenazante el lápiz, preparándome para una batalla que sabía perdida.

 Cuando el papel ganaba la lucha, descansaba refugiándome en algo que no hacía mucho tiempo había descubierto. Me sentaba delante del ordenador, con el procesador de texto abierto, y miraba placentero esa línea vertical parpadeante, deseosa de que mis dedos se movieran para avanzar por la hoja digital. Y avanzaba, creédme cuando os digo que jamás algo se me había antojado tan sencillo y glorioso.

 Pero mi actitud obstinada, seguía creyendo erróneamente que mi obligación era rendir pleitesía a un arte que parecía no simpatizar conmigo. Las musas no solo me habían abandonado, si no que parecían haber interpuesto una orden de alejamiento contra mi.

 Durante meses mi angustia crecía ante aquella absurda situación. Cada día llevaba a cabo la misma rutina. Me sentaba ante una hoja en blanco que parecía mirarme con superioridad. El duelo de miradas se mantenía durante unos minutos y luego, inevitablemente era yo el que apartaba la vista.

 No siempre, a veces conseguía que mi mano se aliase con el lápiz, y allí surgía alguna imagen digna de mención. Lo normal en aquellos momentos, habría sido que uno se alegrase cuando aquel hecho poco usual ocurría. Pero simplemente miraba el dibujo en cuestión, y pensaba que no estaba mal.

 ¿A dónde había ido aquella pasión que años atrás hacía que saltase de alegría cuando terminaba un dibujo a mi gusto? ¿Dónde estaba la fuerza con la que luchaba por aquel sueño? Simplemente, mi fuerza estaba esperando a que abriese los ojos.

 He tardado dieciocho años en abrirlos. Pero dicen que “más vale tarde que nunca”. Hace pocas semanas, hablando con una buena amiga mía, le dije que dibujar ya no me llenaba. Aquello me entristeció. Algunos/as pensaréis que es una minucia. Pero cuando empleas tantos años, tanto esfuerzo en algo, y de repente, descubres que no está hecho para ti, el golpe es duro.

 Duró un tiempo, quizá excesivamente largo. Pero cuantas más veces repetía que lo que me llenaba, lo que me hacía feliz, era la escritura, más sabrosa me parecía la idea. De pronto me vi negándome a dibujar, diciéndome que mis esfuerzos se tenían que enfocar en un único camino, el de la literatura.

 Llevo semanas sin dibujar, lo echo de menos, pero me siento en paz. En paz conmigo mismo, y agradecido por darme un respiro. Necesitaba respetarme a mi mismo lo suficiente como para aceptar que no quería ser algo que me estaba siendo impuesto, curiosamente, por mi propia persona.

 Como si fuera un padre intransigente, que quiere que su hijo sea algo que realmente no desea, y que no tolera ningún cambio en su futuro. Así me traté durante tantos años, que hoy me sigue pesando. Pero poco a poco, me estoy quitando la soga que rodea mi cuerpo y empiezo a ser libre.

 Con ello, estoy consiguiendo algo que hacía muchos años no conseguía: sonreír mientras trabajo. Mientras escribo, y veo en mi mente sucederse las imágenes que ilustran mis textos, noto como mi boca se arquea en una sonrisa apasionada.

 No sé si vosotros/as notáis esa pasión al leerme, pero os prometo que por fin, tras muchos años de espera, vuelvo a ser feliz con el arte. Y es en este punto en el que he conseguido reírme de mi mismo. El motivo es bien simple; siempre he pensado que soñaba con ser dibujante, cuando la única realidad, era que soñaba con ser artista.

-Sergio Flores Marcos. (Floser)-

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4 pensamientos en “CERRANDO UN CICLO.

  1. Te felicito Sergio, no es fácil aceptarse a uno mismo y por lo general, las limitaciones y barreras más dificiles de superar son las propias. Por lo que pienso que es muy loable que te hayas autoaceptado y lo más importante, que sigamos pudiendo disfrutar de tu arte. Adelante…¡te esperan grandes aventuras y nosotros las viviremos a través de tus palabras!

  2. Muchas gracias Sara, aún me emociono al pensar en ello. No deja de ser una parte muy importante en mi vida. Todo lo que soy y/o quiero ser en la vida, empezó con un lápiz y una serie de animación japonesa.

    Pero es cierto que cuando aceptas que algo no te hace feliz, y ante la duda de “aguantarte y luchar o aceptar y avanzar” decides respetarte y seguir el camino que más deseas, te sientes lleno.

    Yo me siento lleno, como hacía muchos años que no me sentía. La vida, empieza a sonreír, y a guiñarme el ojo, y eso, me da más fuerzas para luchar.

  3. No te puedes creer hasta qué punto te entiendo. A mí me ha pasado lo mismo con una de las cosas que más me ha gustado desde que era niña: la historia. Incluso me saqué la carrera, justo a tiempo para darme cuenta de… bueno, y ahora qué. No estoy cómoda con la idea de dedicarme a ello profesionalmente debido a ciertas cosas que se fueron dando a lo largo de los últimos años. Poco a poco fui perdiendo esa pasión que tenía antes, sobretodo por la arqueología.
    En fin, todavía me gusta y planeo aunque sea hacer un blog de historia cuando tenga algo más de tiempo, pero… Ya no me planteo “dedicar mi vida laboral” a ello. Es duro reconocerlo, así que me alegro de que lo hayas podido hacer. Yo ahora estoy un poco perdida, pero me alegra que todavía tengas algo que sabes que te apasiona todavía más, como es la literatura. Mucha suerte!

  4. ¡Qué alegría me acabas de dar! En serio, te perdí de vista cuando tuve que cambiar mi cuenta de Facebook y me supo muy mal.

    Me alegra enormemente que te hayas sentido identificada con este post. Yo pensé durante mucho tiempo que renunciar al dibujo sería como tirar a la basura todo el esfuerzo, tanto físico como económico, que realicé en la Joso. Ahora entiendo, que ese esfuerzo dio sus frutos, pero unos frutos que no veía porque estaba mirando en la dirección incorrecta.

    Haz lo mismo, piensa en lo que te hace feliz. Sea lo que sea, que nadie te diga que es un sueño estúpido o inalcanzable. Que nadie te contagie esa mediocridad. Me acuerdo muy bien de ti, y aunque no hablábamos mucho, recuerdo a una chica apasionada por la cultura japonesa, a una chica a la que se le llenaba la boca hablando de todo eso.

    Busca aquello, que cuando empiezas a hablar de ello, sientes que no puedes callarte.

    Gracias por el comentario, me has alegrado el día.

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