EL CUENTA-CUENTOS: KILL. (PARTE 4 -FINAL-)

Para leer la primera parte de “Kill” pulsad aquí.

Para la segunda parte de “Kill”, aquí.

Y para leer la tercera parte de “Kill” pulsad aquí.

(4ª y última parte)

Palabras a añadir:

(no hay palabras a añadir)

Continuación…

La noche llegó provocando que la detective Gala sonriera por primera vez ante la idea de poder descansar. Subió a su utilitario blanco. Deslizó el cinturón de seguridad hasta que escuchó el “clic”. Metió la llave en el contacto y se esforzó para que el motor comenzara a rugir. Sin duda necesitaba jubilar aquella viaja chatarra. Algún día, quizá cuando dejara el cuerpo, se compraría uno de esos cuatro por cuatro que tanto le gustaban.
En la radio sonaba una canción de un grupo pop en español, cambió de emisora con una mueca de desagrado. El coche quedó invadido por los violines y el piano de una pieza clásica, la voz de la soprano hizo que Gala cerrara los ojos con súbito placer. Luego quitó el freno de mano y emprendió la marcha hacia su casa. Tuvo que tocar el claxon cuando otro conductor se cruzó en su camino furtivamente y se vio obligada a dar un golpe de volante. Bajó la ventanilla y empezó a proferir insultos al inepto piloto.
Tardó media hora en llegar a su casa, aparcó el coche tras dar varias vueltas a las manzanas circundantes, y por fin, encontró un sitio libre. Salió del vehículo y notó como el frío le calaba los huesos. Corrió por la calle hasta entrar en el portal desprovisto de luz y maldijo en voz alta al vago de mantenimiento al que hacía una semana que se le había pedido que arreglase los apliques.
Abrió el buzón para recoger la correspondencia del día. Subió las escaleras, no le gustaban los ascensores. Introdujo la llave en la cerradura y entró en la casas. Lanzó la chaqueta a un perchero que había en la entrada, no encendió la luz del recibidor, no lo necesitaba. Recorrió aquel pasillo hasta llegar al salón, de pronto un chasquido hizo que Gala se quedara helada, reconocía aquel sonido, lo reconocería entre miles de sonidos. Era imposible, para una detective como ella, no reconocer el martilleo de una pistola.
Gala encendió la luz y vio a la intrusa sentada en el tresillo, con los pies encima del asiento. Llevaba unas botas newrock, tejanos ajustados y una camiseta negra con el emblema de un conocido grupo de rock que la detective conocía y detestaba.

¡¿Qué coño haces aquí?!
He venido a corregir tu error…

Gala sintió como la rabia subía por la boca de su estómago.

¡Joder Laurie! – explotó la detective –. ¡Te dije que no vinieras a verme hasta que todo hubiera pasado!
Lo sé – Laurie empezó a hacer pucheros –, pero no me gusta estar sola en mi apartamento.
¿Tienes idea de lo que puede pasar si te encuentran aquí?
¡Me da igual Gala! – Laurie se levantó del sofá y se acercó a su hermana – ¡Estoy harta de esconderme, de matar gente para que tú puedas investigar casos! ¡Estoy harta de que te aproveches de mi!

Gala le dio un bofetón y Laurie sintió el calor en su mejilla izquierda. En su cabeza aparecieron en cuestión de segundos, las imágenes de su padre y algunos profesores de su infancia golpeándola como acababa de hacer su hermana.

Laurie…

La voz de Gala se estremeció por lo que acababa de hacer. Alzó la mano para pedirle disculpas cuando de pronto, escuchó dos sonidos sordos y sintió el dolor punzante en su vientre. Había recibido disparos en anteriores veces, siempre supo que moriría así, lo que nunca imaginó fue que sería su propia hermana la que le mataría.

Laurie… lo sien…

Pero antes de terminar la frase había perdido la vida. Laurie la miró, torció la cabeza dando el aspecto de un cachorro prestando atención. Su boca se encorvó en una sonrisa inquietante. El suelo enmoquetado empezó a encharcarse de la roja sangre de su hermana. Laurie se dirigió a la cocina, cogió un refresco de la nevera asegurándose de no tocar nada con sus manos desnudas, la cerró golpeando la puerta con su trasero y tras coger una manzana del frutero que descansaba en la encimera se dirigió a la puerta para abandonar el apartamento. No sin antes lanzar otra sonrisa a su difunta hermana. Se sentía llena, se sentía completa, por primera vez, se sentía libre.

Dulces sueños hermanita… tengo que seguir con lo que empecé.

Y después salió al rellano oscuro para cumplir lo que acababa de decir. Sería la pesadilla de todo el departamento de policía hasta que la detuvieran, o perdiera la vida, tanto le daba cual de las dos cosas llegase antes.

-FIN-

Nota: ésta es la última entrega de “El Cuenta-Cuentos”. Debido a la poca aceptación que este “juego” ha tenido, he decidido dejar de publicarlo. Pero no dejaré de crear historias. A partir de la semana que viene, podréis leerme en la sección “La Máquina Estilográfica”, donde escribiré un relato mensual dividido en cuatro partes (cuatro semanas) pero sin la opción de dejarme palabras.

Gracias a los que habéis participado en la mayoría de mis publicaciones en esta sección, especialmente a Sara.

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