EL CUENTA-CUENTOS: CALÉ. (PARTE 4 – FINAL -)

Para leer la primera parte de “Calé” pulsad aquí.

Para la segunda, aquí.

Y para leer la tercera parte de “Calé” pulsad aquí.

(4ª y última parte)

Palabras a añadir:

(no hay palabras a añadir)

Continuación…

Antón no pudo evitar sentirse culpable al darse cuenta de que era más feliz desde que se alejó de su familia. Pedro era su pareja desde hacía ya dos meses, desde aquella comida en “Sopa de Letras”.
Solía preguntarse si el corazón, desacostumbrado a ser feliz, podría sentir algún tipo de dolor al albergar entonces tanto gozo. Se preguntaba si existían las agujetas emocionales, y a la vez, si era así, estaba deseando sentirlas. Todo su ser cantaba, todos sus sentidos bailaban presa voluntaria del hechizo enamorado.
Añoraba a su familia, pues tenía muy arraigado el sentimiento gitano de que la familia era lo más importante. Pero cuando hacía aquella reflexión, no podía evitar sentir náuseas al darse cuenta de que su propia familia le había desterrado simplemente por ser gay. ¿No era aquella una cruel contradicción?
Aquella mañana había quedado con Arantxa para tomar un café. Antón estaba esperando en una cafetería en la que ya le conocían. El camarero, al cual se le notaba que era homosexual, solía piropearle. Algo que al principio incomodaba al joven calé, que no estaba acostumbrado, pero que poco a poco, servía como inyección de autoestima.

¡Antón!

El chico se giró y se sorprendió al ver a su espalda un ex-compañero de clase. En su pecho se alojó un nudo de incomodidad.

Hola…
¡Chacho! – dijo con su fuerte acento gitano – ¿Qué haces aquí?

Antón no tenía ganas de hablar con él, y deseaba que no se sentara, así que se levantó de la silla para que no interpretase que era libre de ocupar una silla que no le pertenecía. Aquel fue uno de tantos que se metió con él por “ser diferente” y odiaba esa manía que caracterizaba a la gente en general, de olvidar las malas pasadas, y hacer como si una amistad inquebrantable les uniese.

Vivo aquí…
¡A ver si quedamos, compadre, y nos vamos de fiesta! ¿Aún eres parguela?

La sangre de Antón empezó a hervir, estuvo a punto de responderle de alguna forma que no era típica de él, cuando de repente, a la espalda del intruso, vio como Arantxa venía con Pedro. El gitano insolente seguía esperando una respuesta. Y cuando los seres queridos de Antón estuvieron a su altura, éste se acercó a Pedro y le besó con una mezcla de ternura y deseo que hizo que el estómago de aquel descerebrado se revolviese. Pedro no tenía ni idea de a qué venía aquello, pero no se preocupó de interrumpir aquel beso para preguntárselo. Los labios de su pareja solían besar como si el sol no fuera a salir de nuevo, como si de aquel beso dependiera la salvación del mundo.
Cuando el beso se terminó, muy a pesar de la pareja, Antón miró a su ex-compañero, y con una sonrisa sonrojada, se limitó a decir:

Más que nunca…

El individuo se marchó, jurando y renegando. Pero aquello ya no ofendía a Antón, su homosexualidad había vencido en la guerra contra la discriminación. Era feliz por primera vez en su vida, y si alguien quería llamarle “parguela” por ser quien era, sin duda, aquella palabra dejaba de ser un insulto, para pasar a ser un sinónimo de la única etiqueta que le pertenecía: un hombre libre.

-Fin-

Nota: las palabras que dejéis en esta última parte, serán utilizadas para el inicio de la nueva historia la semana que viene. Para evitar condicionaros, me reservaré el género del nuevo “Cuenta-Cuentos”.

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