El Cuenta-Cuentos: Calé. (Parte 2)

Para leer la primera parte de “Calé” pulsad aquí.

(2ª parte)

Palabras a añadir:

(no hay palabras a añadir)

Continuación…

Antón empezó a vivir, quizá vivió por primera vez, cuando su familia lo desterró. Disfrutó como nunca lo había hecho. Las playas andaluzas, con su agua cálida e impoluta, se le antojaban las más maravillosas del mundo, quizá, su estado de ánimo, le otorgaba una nueva visión de todo aquello que le envolvía.
Hizo amistades. Amistades con las que, por primera vez, no tenía que fingir ser algo que no era. Podía ser él mismo, Antón, y no una sombra marchita de lo que la sociedad desea de su persona. Sólo su opinión acerca de sí mismo le importaba, y trataba lo que los demás pensaran con una indiferencia que le llenaba de gozo.
Su mejor amiga era Arantxa, una joven valenciana. Arantxa trabajaba como camarera, tenía el cabello corto, dejándole al descubierto su fino y largo cuello. Sus ojos eran de un marrón claro, que se adquiría un tono verde cuando la luz del sol los bañaba. Su nariz era afilada, pero lejos de afearla, le regalaba una sutil belleza a su rostro. Antón admiraba la belleza de aquella amiga.
Sin duda, el mejor regalo que le habían hecho en su vida, provenía de Arantxa. Ésta le había presentado hacía un par de meses a un primo suyo. Pedro quedó hechizado por el color canela de Antón, su pelo negro y sus ojos del mismo tono. Estaba claro que, sí bien nunca había creído en el amor a primera vista, aquello debía de hacerle cambiar de opinión.
Antón, un poco más reservado, no pudo evitar fijarse en Pedro, un chico de complexión ancha, con unos ojos verdes llenos de vida, y de una profundidad hipnótica. Antón pensó que aquel, era el chico más guapo que él hubiera visto. Sus ojos no podían apartarse de los del primo de Arantxa, como si de un pez atrapado en una red se tratase. No sabía lo que era enamorarse, la inquisición a la que se había visto sometido, le había obligado a desarrollar una frialdad que poco a poco, luchaba por romper.
Recordaba perfectamente el primer día que conoció a Pedro, éste le fue a dar dos besos pero Antón, acostumbrado al pensamiento de que los hombres deben estrecharse la mano, le tendió su brazo. Fue un momento incómodo que Pedro supo encajar. Arantxa le había contado, a groso modo, la procedencia de Antón. Pedro no podía soportar la homofobia, y a pesar de que jamás se lo expresó a Antón directamente, detestaba a su familia por haberle dado la espalda por aquella ridiculez.
Arantxa, que era altamente positiva, le razonó el motivo por el cual, debería estar en gratitud eternamente a aquella gente:

Sin ese destierro, sin esa actitud arcaica, jamás habrías conocido a Antón…

Aquello era totalmente cierto. Pedro calló, sonrió complacido ante aquella corrección, y miró con nuevos ojos la situación de Antón. Llevaba tiempo esperando a conocer a alguien como él. Alguien que no solo le atrajese, si no alguien a quien pudiera admirar como lo hacía hacia aquel hombre gitano.

Continuará…
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