REALITIES Y SU IRREALIDAD.

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Hace más de diez años se creó un programa que revolucionaría la audiencia por su originalidad. Ese programa era Gran Hermano. Era la primera edición, vendida como “un experimento sociológico”. Realmente lo fue, por primera vez podías ver las reacciones de un grupo de personas desconocidas entre sí encerradas en una casa.

En la época actual, Gran Hermano ha llegado a su catorceava edición, y se ha convertido en un circo de chulos y verduleras. Desde el primero de sus concursantes hasta su presentadora. Mercedes Milá parece haber olvidado su talento periodístico, y se mimetiza a la perfección entre sus enfermizamente defendidos participantes.

Operación Triunfo tuvo un efecto similar. Su primera edición fue toda una novedad en nuestro país. Fue fácil para cualquier melómano sentirse enganchado ante aquel mecanismo. Mezclaba la convivencia de los concursantes, y la formación como cantantes. Pero todo puede ser dañino en exceso. OT acabó con una audiencia tan baja que su última edición tuvo que cancelarse cuando ya se había iniciado.

Y es que los reality shows, cada vez pierden más realidad. Simplemente se crean a cascoporro para engordar las audiencias y ver quien gana en la batalla eterna de las audiencias. Un buen ejemplo de esto, es la situación que se vive actualmente con dos realities; uno de ellos es Splash, famosos al agua retransmitido por Antena 3. El otro es Mira quien salta que, por el título poco original, podríais haber adivinado sin problemas que pertenece a Telecinco. A3 estrenó su programa antes, pocas semanas después T5 estrenó el suyo.

¿Es necesario que se estrenen dos programas idénticos, sobretodo cuando es sobre algo tan absurdo como ver a un grupo de, dejémoslo en “personajes”, tirándose a una piscina desde un trampolín? Pues por lo que dice el nivel de audiencia de los dos concursos, parece que sí. La gente lo ve, se ríe constantemente de los grandes hermanos, de los triunfitos, de los sálvame deluxe, pero los números son claros, mucha gente quiere ver a Falete lanzándose a la piscina. Lo triste es que la gente no reconozca que lo ve.

También están los realities “de supervivencia”. Uno de ellos es Expedición Imposible. En él, un grupo de famosos – se supone – se dedican a recorrer el desierto en distintas etapas para llegar a la meta. Sería un concurso genial, si en vez de un grupo de famosillos pijos que se dedican a hacer una excursión exótica por el Sahara, se cogiera a gente “llana” que realmente necesitara ganar un premio. ¿Qué tiene de apasionante ver a Rafael Amargo andar? ¿Por qué tengo que sentir admiración al ver a Rocío Madrid diciendo tonterías bajo un sol acusador?

Quiero pensar que esta odiosa moda de los realities, pasará algún día. Que Gran Hermano dejará de emitirse, y que los programas de Mediaset, perderán tertulianos. Aunque, si eso pasara, pronto se inventarían algo. Sobretodo si la productora en cuestión dejase de perder dinero. Para eso tienen a Jesús Vazquez esperando nuevos programas que presentar. A veces me pregunto si no hay más presentadores en Telecinco. Es el equivalente de Carlos Sobera de Antena 3.

Es curioso como estos programas han ido alejándose cada vez más de su propia definición. Pasando así de una “realidad” a una mala función con actores mediocres.

-Sergio Flores Marcos. (Floser)-
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