Mono-Lógicos: Aquellos Años Brutos.

En mi barrio éramos unos brutos, éramos más brutos que perseguir los coches aparcados. (Vaya chiste para empezar, que malo… y encima no es mío, como éste sea el nivel del monólogo estamos “apañaos.”)

Cuando era pequeño lo que más odiaba era a la gente pija; pero pija, pija ¿eh? De los de: “Te lo juro por el código pin de mi móvil, que me quede sin cobertura ahora mismo si te miento, ¿sabes?” Huy que rabia me dan… son más repelentes que cocer un kilo de coliflor. ¿Qué? El olor de la coliflor repele… éste es mío, se nota el nivel ¿no?

Recuerdo que cuando venía alguien extremadamente educado nos poníamos de muy mala leche, nacía la agresividad que teníamos dormida. Con deciros que un día un amigo mío se lió a hostias con la máquina de tabaco porque siempre que sacaba un paquete, ésta le daba las gracias… “Tanta educación ¿por qué? ¿eh? Ésta busca algo…” Me decía.

Lo que no entiendo, aunque no tiene mucho que ver con el monólogo es: ¿desde cuando la palabra “hostias” es un taco? Es decir, las madres cuando un niño dice “hostias” le dicen: “¡Niño no digas tacos!” A eso suele seguir: “¡o te lavaré la boca con jabón!” Que yo siempre me he preguntado: ¿qué mierda de amenaza es esa? “Huy que me lava la boca con jabón… entonces dejo de decir hostias… ¡hostias!” Esto me recuerda la diferencia entre las madres de los barrios “bajos” y las de los barrios “altos”. Las de los barrios bajos no lavan la boca con jabón… ¡que va! Ellas te miran cuando dices algún taco y te dicen: “¿Quieres dejar de decir tacos de una puta vez?” Y claro, con ese tono acojona, dan más miedo que Aramís Fuster con transparencias. (Esa imagen ha dolido ¿eh?)

Mi amigo, (el de la máquina de tabaco) se llevaba la palma en lo de ser bruto: un día, en el colegio le apagó un cigarro en la cabeza a una profesora, y yo: “¡¿pero qué haces ‘desgraciao’!?” Y me salta: “¿No la llaman la cenicero? Pues así el mote tiene sentido…” Y yo: “¡No! ¡La llaman por su nombre: Laura Culero!” Lo mejor de aquello fue que el director llamó a mi amigo al despacho, todos nos pensábamos lo peor, y el director le dijo: “¿Pero no te da vergüenza? ¡A quien se le ocurre! ¡Es de locos! ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¡No sabes que está prohibido fumar en clase?” Solo le llamó la atención eso…

También recuerdo la primera vez que puse la lavadora, ahí si que fui bruto; me dijeron: “tienes que separar las prendas de blanco y las prendas de color.” Así lo hice: “Negro a la de color, blanco a la de blanco, calcetines blancos con franja azul y roja… esto… bueno, ante la duda… a color. ¿Donde va esta camiseta negra con franjas blancas? ¡Qué cabrones los diseñadores! ¡Siempre poniendo las cosas difíciles al consumidor!”

Lo que ya me pudo fue cuando me dijeron: “Tienes que poner otra lavadora con las prendas sensibles…” Bueno, vale, de acuerdo… cogí un tanga/hilo dental, y le dije: “¡Eres un inútil! ¿No te da vergüenza? ¡Deja de exhibirte ya! ¡Degenerado! ¡Ah, y que sepas que no me pones nada!” Y nada, como ni lloraba ni se deprimía ni nada, lo metí con la ropa de color.

Moraleja: Ser bruto, como ser idiota… es una forma de vida.

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