Mono-Lógicos: febrero 5.

Monólogo: Los Centros Comerciales.

¿Os dais cuenta de que los que vivimos en la ciudad, hacemos vida en los centros comerciales? Que le dices a tu novia: “Vamos a comer…” y ella: “huy, en el centro comercial aquel hay muchos restaurantes.” “Vamos a comprar ropa.” “Huy, pues yo sé de un centro comercial que hay tiendas a montones…” “Vamos al cine.” “huy en el centro comercial hay un multicines que está muy bien…” “Vamos a hacer el amor…” “huy es que estoy agotada de recorrerme el centro comercial…” Eso no es vida.

Cuando llegas al susodicho centro comercial, haces eso que hace todo el mundo: quedarte en el chorro de aire de la puerta, y decir: “que gusto… ¿oye y si nos quedamos aquí?” Eso dura hasta que alguien se cansa de la tontería y te empuja. Que tú te piensas que es porque le cortas el paso, pero cuando te quitas ves que él se pone en el chorro con los brazos en cruz y mirando para arriba y dice: “¡Dios, que gusto! Oye ¿y si nos quedamos aquí?” (a esos les metía yo de hostias…) No es delito, lo he preguntado, puede hacerse.

Una vez dentro empieza a recorrerte una sensación de agobio todo el cuerpo; ¿por qué tienda empiezas? Por suerte si vas con alguien dice: “¡Primero vamos al lavabo!” (ir al lavabo cuando entras en un centro comercial es como cuando se te cuelga el “PC”, para que vuelva a funcionar lo reinicias… somos ordenadores, y el lavabo es un “reset”) Bueno o es un reset, o es una tortura. Porque tu entras en el lavabo de un centro comercial, confiado, y no sé las mujeres, pero el servicio de caballeros tiene como un portal a otra dimensión… el centro comercial huele a gofres, a pizza, a rata a la plancha (por lo de las hamburgueserías…) y entras en el lavabo y… bueno, también huele a rata, pero es como si los de las hamburgueserías hubieran tirado la casquería de las que sirven por el retrete. De hecho los nazis no metían a los judíos en cámaras de gas, los metían en lavabos de centros comerciales…
Cuando consigues recomponerte a ese olor, a ese castigo, entras en la cabina (en el urinario) y se te cae el alma al suelo. Para empezar no hay taza, y para seguir el baño es como una isla, está rodeado de… dejémoslo en líquido. Cuando descubres que en realidad eres Spiderman, agarrándote a las paredes del meadero, y consigues acercarte (que no sentarte) en el retrete, te bajas los pantalones, pero no del todo porque se te mojan con el suelo encharcado, y no saber que líquido es no ayuda demasiado. Haces tus cosas y cuando vas a echar mano al papel higiénico… (os pensáis que voy a decir que no hay ¿verdad? ¡Pues no!) Cuando coges ese papel, lo miras y piensas: “no sé yo si esto es para limpiarme el culo o para liarme un porro y flipar con el estado de este baño…”Pero sí, es para limpiarte, ese papel de calcar es para que tu cuerpo quede limpio… (no entraré en detalles…) Sales del baño y vas a lavarte las manos (esto lo digo porque es políticamente correcto, pero los tíos no nos lavamos las manos después de ir al baño, os mentimos para que nos queráis… y para que cuando os acariciamos la espalda recién salidos del servicio, no os deis cuenta de que en realidad, nos limpiamos en vuestra camiseta…) no, es broma, nosotros no haríamos eso… (ejem…) Total, que consigues salir del lavabo, y alguien te dice (muy original) “qué… ¿ya te has quedado vacío?” Te dan ganas de decirle: “sí, como tu cerebro… vacío, vacío…”

Ya con fuerzas renovadas empieza el maratón. Si vas con tu novia, a partir de este momento tú no eres un hombre, eres una percha andante. Ella llevará la voz cantante, y tú solo tendrás que decir una simple frase: “sí cariño, te queda genial…” Muchos dirán: “pero si no le queda bien, ¿cómo la voy a mentir?” Se nota que hace poco que tienen pareja. Pero no siempre es así ¿eh? A mi me encanta ir de compras (ahora los tíos dicen: “marica…” y las chicas: “que majo… lástima que sea gay…”) Pues no soy gay, y me encanta ir de compras, es la primera vez que una mujer dice: “me quiero ir ya, estoy harta de mirar tiendas.”¡Las agoto señores! Soy el terror de las nenas (cuando de compras se refiere.)

Los tíos cuando vamos a comprar ropa, entramos en la tienda con un pensamiento: “a lo mejor la dependienta me dice de meterse en el probador conmigo…” Bueno ya os lo aviso ahora, a no ser que estés en tu cama, soñando, eso no va a pasar. Las dependientas de las tiendas de ropa: que bonito tema. En serio, para trabajar de dependienta no pasas entrevistas, pasas castings. Es impresionante, ves a esas chicas y te preguntas: “y cuando saléis de aquí… ¿dónde os metéis?” Creo que las meten en casas secretas, eso o son robots que por la noche las meten en el almacén. Porque no son normales… cuando las ves dices: “hoy le tiro los trastos a una…” y cuando se te acercan: “hola ¿puedo ayudarle en algo?” Y tu mente empieza a funcionar: “pues sí, puedes darme tu teléfono y todo lo que me compre ahora te lo enseño en mi casa antes de cenar con vino y después tener una noche de sexo desenfrenado.” Repito, eso lo dice tu mente; tu boca dice: “esto…. esto… esto…” (y después de comunicar consigues decir: “¿tienes una talla más pequeña de esto?” Ella te mira y te dice: “señor, lo que tiene en la mano no es una prenda de ropa, es una percha vacía…” y tú, para salir del paso e intentar ligártela con tu sentido del humor le dices: “sí, es que es una camiseta transparente… ja, ja, ja…” y ella dice con mucha tranquilidad: “!Seguridad!”

Cuando superas las fantasías, dejas la camiseta transparente, y vas a probarte la ropa real, te sorprende lo inseguro que eres, es decir: entras en el probador, y corres la cortinita para que nadie te vea, y te aseguras de que no se abre así como así, la coges, la mueves (vamos que si tuvieras un martillo y clavos la clavabas…) ¿tan difícil es poner una puerta con su pestillito por dentro? Además así te ahorrarías de decirle a tu pareja: “no vayas a abrir hasta que yo salga ¿eh?” y te ahorrarías que ella te dijera: “que no… tranquilo…” y te ahorrarías también que ella hiciera lo que le de la gana. Además siempre abrirá cuando le des la espalda a la cortina y quitándote el pantalón se te hayan bajado un poco los boxers y se te vea la “hucha”ah, y por su puesto, siempre abrirá en el momento que eso pase mientras una señora mayor con su nieta pasen al probador de al lado.
Las novias hacen mucho una cosa mientras te pruebas la ropa, y es que viene la dependienta y le dice a tu novia: “qué, ¿cómo le queda?” y tu novia: “bueno, yo se lo veo bien, aunque el culo se le ajusta ¿ves?” te gira y la dependienta: “sí, puedo mirar una talla más pero le irá grande de piernas…” y la novia: “el problema es que tiene el culo muy respingón y claro, se le ajusta, pero no le queda mal del todo ¿no?” y la dependienta: “no, no, está bien.” Y saltas tú: “¿podéis dejar de hablar como si yo no estuviera?” A esto solo tengo que decir una cosa: “¡somos idiotas!”Pero ¿no nos damos cuenta de que es lo más cerca que vamos a estar de un trío? En fin…

Sales de la tienda, con tu pantalón y tu calentón. Y es hora de comer, vale… comer en un centro comercial puede ser difícil. Demasiada variedad, y los humanos somos muy simples en esto: si hay poco, “joer que cutre” si hay mucho: “joer, esto es demasiado…” Decides comer en el de la rata a la plancha. Que es gracioso, a mi me decían: “¿cómo comes ahí? ¿No te das cuenta que eso es rata?” y yo decía: “bueno pues debo reconocerlo: me gusta el doble woper de rata…”Cuando has acabado de comer, toca el café, ¡ojo con el café, que no es tarea fácil! No vale decir: “vamos a este mismo…” no, no. El café en un centro comercial, es como el chocolate en una feria… puede ser laxante. Uno por ahí dice: “bueno, no está mal, es la primera vez que oigo que el café no te pone nervioso, si no que te relaxa…” (chiste malo)

Ya has comido, ya te has “laxado” Ahora toca ir al cine. El cine es lo mejor del centro comercial, el cine, no sus palomitas. Sus palomitas son de las que usaron para la inauguración, que sobraron, y las siguen poniendo. Son como chicle, de hecho yo he intentado hacer una burbuja con una palomita, pero que va, no hay manera. Y si te pides un refresco que sea de botella o de lata, ¡que no te lo pongan de barril! No, porque aunque le digas: “sin hielo” la persona que te sirva, desoyendo tus consejos y tus peticiones, hará buenamente lo que le salga del bolo… Llegas a la butaca con el bombo de palomitas. ¿Por qué lo llenan tanto? Creo que es para vengarse: “¡yo trabajo mientras tu ves la peli, pero hasta que llegues te vas a quedar sin palomitas, todas al suelo! ¡Muahahaha!” ¿Sabéis lo peor del cine? Ir solo. Sí, tu vas a la taquilla: “hola, quería una para la película: ‘mira que aún sé lo que hicisteis aquel verano de hace ya diez años, ¿te acuerdas no? Sí hombre aquel verano en el que matasteis a un tío…’ Para la sesión de las diez…” y ella con un tono de incredulidad que no consigo entender, te dice: “¿solo una?” y tú: “Sí, solo una.” Parece que vaya a llamar a su supervisor: “oiga, este señor solo quiere una entrada.” Y el supervisor: “por favor, acompáñeme…” Te sientes como un miembro de ETA en un puesto de petardos, creas sospecha. Por cierto un chiste sin venir a cuento: ¿que hace uno de Lepe enterrando interrogantes en un huerto? Sembrar la duda… (vale ya está…)

Por fin sales del centro comercial, te da el aire fresco, ese aire puro que solo en la ciudad puede darte, esa mezcla de alcantarilla con humo de coche y olor a porro. Y miras a tu novia y te dice: “podríamos volver mañana…” tú la miras, y decides no responderle, porque si lo haces, acabarás durmiendo en el rellano o lo que es peor, en la puerta del centro comercial.

Moraleja: si quieres ir a un centro comercial, come rata a la plancha que no está nada mal.

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