Mono-Lógico: febrero 4.

Miércoles 20 de febrero de 2013

Monólogo: Cielo o Infierno.

Anoche tuve un sueño… y no, no soy Martin Luther King, aunque el parecido asuste. En serio, soñé que me moría. Tú cuando sueñas que te mueres… con buen cuerpo no te despiertas. Te da por pensar en cosas trascendentales: ¿de dónde soy? ¿A dónde voy? ¿Por qué el reggaeton sigue existiendo? Cosas que todos, y cada uno de nosotros, nos hemos preguntado alguna vez, ¿no?

Una amiga me dijo que soñar con la muerte propia es bueno. Y al pedirle referencias, me dijo: “no… es que lo dice Freud en un libro” si lo dice Freud en un libro… va a misa. Señores les deseo a todos que mueran en sus sueños. Y cuanto más dolorosa sea la muerte, más dichosos serán en vida. ¡Ojo! Que lo dijo Freud ¿eh? De esta forma Freddy Kreuger, no era un monstruo al que temer, el tío ayudaba a los habitantes de Elm Street a ser felices al despertarse. Solo que el pobre era demasiado apasionado, y sus clientes no despertaban. Oye… no se puede tener todo.

En el sueño, al morirme llegaba allí al limbo, (aunque dijeron que ya no existe… fíjate tú, se conoce que no era rentable y lo cerraron), una vez en el limbo, había una cola larguísima. Más larga que la cola del INEM (y ya es decir). Yo en e sueño no tenía muy claro para que era la fila. “¿Regalan algo?” Pregunté, y un alma con muy mala leche, muy chula me dijo: “Esta cola, ‘e’, ‘pá’ lo que ‘e’” ¿qué queréis? Era un sueño, hay gente que sueña con almas cultas, yo sueño con almas quinquis. ¿Algún problema? Luego me fijé que no era una mala alma… es que tenía prisa, porque tenía el Fiat Panda, verde limón, con neones hasta en los neones, aparcado en doble fila.

Total que allí seguía yo, sin saber que narices había al final de la cola. Yo escuchaba rumores, dos almas cotilleando: “me han dicho que al final de la cola están regalando puestos de trabajo” la otra: “¿ah, sí? Pues yo he escuchado que lo que regalan es dinero a todos los que lleguen al final” Claro ahí ya lo entendí todo… regalan trabajo, o dinero… me he muerto y estoy o bien en el cielo, o en el limbo. Cuando la cola se terminó, y me planto allí delante del funcionario en cuestión, me dice: “a ver, nombre…” se lo digo. “Ocupación…” y yo: “En paro, soy de España” ahí ya se relajó, y empezó a hablarme con más tacto. Seguramente debió pensar “bastante tiene, con lo que tiene”Fue entonces cuando me dijo que había muerto. Al preguntarle como había sido me respondió que me morí de aburrimiento. (Insisto… es un sueño, no pidáis tampoco la trama de una película de Francis ford Coppola) En el sueño miraban mi historial, para decidir si me iba arriba o a abajo, y claro, mientras revisaban toda mi vida, me puse a pensar: ¿qué era mejor; ir al cielo… o ir al infierno? Algunos dirán que soy poco original. Otros dirán “qué largo se me está haciendo este monólogo” a esos los mandaba yo al banco a pedir un préstamo.

Cuando empiezas a pensar sobre algo así, tienes que verlo desde todos los puntos. Está claro que todo el mundo quiere ir al cielo. Todo blanco, impoluto… el cielo es la perfección, es en el único sitio que al encender el televisor, no se sintoniza telecinco. Eso ya vale la pena. En el cielo también encuentras que los lavabos están limpios y huelen a pino. Tú te quedas pensando: “¿de dónde han sacado el ambientador si no hay ningún bazar chino en la zona?”Porque esa es otra, en el paraíso no hay tiendas. Nada, nada… tu quieres algo, lo imaginas y ahí está. Imaginas un ambientador de pino, aparece. Imaginas un solomillo a la pimienta verde, aparece. Imaginas un yate con un montón de modelos en bañador… “lo sentimos, siga intentando” hombre, es que Dios es bueno, pero no tonto.

La pregunta que yo me hago es: ¿si vas al cielo, puedes bajar al infierno siempre que quieras? Claro, porque ahí realmente está todo lo divertido. Las mejores discotecas… jacuzzi. Tienen atracciones turísticas como: “métele el tridente por el culo a Hitler” Además allí las pelis de miedo, dan miedo. No te puedes asustar de una película donde sale una niña de un pozo. Aunque esté putrefacta y sucia, como mucho si eres tío te viene una idea a la mente: “bueno… para uno rápido tampoco está tan mal…” y si eres mujer: “huy, mira esa… vaya pintas. Le deben haber cortado el pelo a mordiscos…”. No, en el infierno te ponen películas de terror realistas, yo leí en una revista local llamada “HELL-O” (esto solo lo pillarán los que sepan inglés como yo) pues en dicha revista hablaban de una película que se estrenaba esa misma semana en el cine Belcebú. La peli se llamaba “¿Dónde estás corazón? 2: el regreso de Mariñas” ya el título acojona. Yo no quise entrar a verla porque soy muy impresionable, y luego no duermo.

Esa noche conocí a una gente muy maja, todos recién llegados al infierno. Creo que era un grupo que se conoció por Facebook e hicieron una quedada. Eran todos políticos, y algunas de las personas eran traficantes de harina. Lo deduje porque me dijeron que ellos pasaban unos “polvos blancos” que la gente tomaba y se ponían las botas. Y mi madre siempre que sacaba la harina para rebozar el pescado me decía: “hijo, nos vamos a poner las botas”. Todo cuadra. El grupo y yo, nos juntamos para ir de fiesta por los mejores garitos del infierno. Justo ese día inauguraban una discoteca nueva en el punto más caliente de la zona, la discoteca se llamaba Hellstudio 54 y allá que nos fuimos. Nos pusieron un sello por si queríamos salir. Ojo, que los sellos del infierno duelen ¿eh? Claro se graban a fuego, ¿qué os creíais? Lo malo de las discotecas del infierno es que tu no eres consciente, pero allí no vas a pasártelo demasiado bien. Para empezar solo puedes beber agua del grifo, y nada de dejarla correr… no, no, con todo el cloro posible. Luego los y las gogós son personas octogenarias, que cada vez que dan un paso sus pieles colgantes siguen moviéndose al son de la música durante un buen rato. Yo que soy muy de adaptarme, acabé liándome con una de estas personas mayores. Pensé: “no voy a encontrar a nadie con más experiencia” Entre tonteo y tonteo le dije: “oiga, que tatuaje más bonito de un bulldog tiene en el brazo…” y me dijo: “qué va, si es el Ché Guevara, mira, mira…” cuando se estiró las arrugas/pliegues del brazo, en efecto, se distinguió al buen hombre.

Otra cosa mala de las disco es el dj, este hombre es un poco… ¿cómo decirlo sin que suene brusco? ¡Cabronazo! El jefe de la discoteca solo le compró discos de Bisbal y de reggaeton. Eso no se hace, eso es ir a mala leche. Una de las chicas con las que iba me dijo: “¡Anímate, esto es buena musicota!” No voy a opinar, me niego… de repente en los altavoces suena una voz: “¡Damas y caballeros, tenemos el orgullo de presentarles, al amo y señor de cuanto nos rodea!” yo pensé: “¡cómo mola! Solo un día en el infierno y ya voy a conocer a Lucifer… lástima que no tenga un papel y un boli para pedirle un autógrafo” y la voz sigue: “con todos ustedes… ¡Juliáaaaan Muñooooz!” toda la gente aplaudiendo, las mujeres tirándole el sujetador, los hombres tirándole los boxers, yo tirándole piedras… bueno, bueno, una locura.

El infierno tiene otra cosa mala, yo rezo por no ir. Por cierto, tened cuidado con rezar por no ir al infierno, porque el demonio se puede encabronar y decir: “encima provocando, ¿no?” y puede armarse un follón de la hostia. Pues eso, tiene otra cosa mala, seguramente el tío que le toque enseñarte las instalaciones, se pasará el día hablándote de la crisis, del gobierno, del paro, y de Gran Hermano.

Pero bueno, allí estaba yo, esperando a que el funcionario acabara con mi biografía cuando de pronto el tío me dice: “huy, esto está mal…” y yo: “¿perdón?” Y él: “sí, hay un trozo de su vida que no nos viene registrado… debe haber un fallo en los archivos…” (siempre hay un fallo en los archivos, nunca tiene la culpa algún o alguna inútil negligente) “bueno, y ¿ahora qué hacemos?” pregunté, y él me respondió: “pues deberá esperar a que vuelva mañana, si se fija en el horario, verá que mi turno ha terminado”y yo indignadísimo: “pero hombre, dígamelo, por un minuto no pasa nada” para qué dije nada… “¡Cómo que no pasa nada! ¡Ya estamos intentando presionar al pequeño trabajador! ¡Los horarios están para algo! ¡Que los funcionarios también tenemos sentimientos..!” Total que el tío se fue, y allí me quedé yo esperando a que volviera.

Luego me desperté, por suerte. Y pensé: “madre mía, que sueño más raro… esto debe ser por la harina que compré ayer en aquel polígono, no me ha sentado muy bien.” Es que hay que tener cuidado con lo que se compra por ahí, yo porque soy avispao, que si no, me la colarían más de una vez.

Moraleja: hay gente que le gusta el averno… aunque yo soy más de verano…

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