El Cuenta-Cuentos: El Caso Grimm. (Parte 2)

Para ver la primera parte de “El Caso Grimm” pulsad aquí.

(2ª parte, miércoles 06 de febrero de 2013)

Palabras a añadir:

(No hay palabras a añadir)

Patrice se sintió aliviada al oír esas palabras del detective. Se sentía mal por pensar algo así. Siempre había dicho que cuando dejase de amar ese trabajo, se dedicaría a otra cosa, pero ahora sentía un compromiso con aquel trabajo. Le parecía egoísta rendirse, dejar de ayudar a aquellas víctimas porque su ánimo desfalleciese.
Wilde miró el rostro de la chica tumbad en la cama. Era realmente hermosa, como si realmente fuera una princesa embrujada por el hechizo de una bruja. Sin duda, era el caso que más odiaba de su carrera, y deseaba, con todas sus fuerzas, atrapar a la persona que estaba haciendo aquello.

Falta algo…
¿A qué te refieres, James?
La primera víctima tenía la bolsa de la compra, la segunda tenía una manzana, la tercera su larga melena…
Por cierto, el asesino puso extensiones a esa víctima para llegar a la largaría del personaje.

James Wilde lanzó un pesado suspiro ante aquel desagradable dato.

Como te decía… – dijo James, haciendo notar que aquel dato le daba la razón – aquí falta algo… ¿me puedes hacer el favor de examinar los dedos de la víctima?
¿Los dedos? ¿Qué debo buscar?
Es la Bella Durmiente, ¿no? Tiene que haber algún pinchazo, seguramente en el dedo índice.

Patrice Goodman hizo caso sin pensarlo. Conocía la inteligencia de James, y sus corazonadas no debían caer jamás en el olvido.
La forense cogió la mano izquierda de la mujer, y apretó uno por uno todos los dedos, haciendo que la piel se tornara blanca por la presión. No encontró nada. Luego cogió la mano derecha y al apretar el dedo índice de la víctima, pudo diferenciar un pequeño punto rojo.

¡Aquí está, James! Una pequeña punción en el dedo índice de la mano derecha.

James Wilde miró automáticamente al suelo nerviosamente, como si buscase algo que hubiera caido. Se colocó unos guantes de látex que Patrice le ofreció, y empezó a inspeccionar la cama ante la atenta mirada de su compañera.
Cuando acabó con aquella minuciosa inspección, sacó su linterna del bolsillo del tejano. Se agachó y empezó a mirar debajo de la cama.

¿Qué buscas, James?

El detective no respondió. Siguió buscando, y en uno de los movimientos de su linterna, vio como el haz de luz rebotaba en algo metálico haciendo que su superficie emitiera un destello. James alargó la mano y cogió aquel objeto. Se levantó del suelo y estiró el brazo con el objeto sujeto por su índice y su pulgar en dirección de Patrice.

¡Una aguja!

Exclamó Patrice.

Tiene sentido del humor… estoy deseando reírme con él cuando le cace…

Continuará…
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