Diario Positivo: febrero 2.

(20ª entrada, miércoles 06 de febrero de 2013)

Una de las peores partes de la negatividad, son las quejas. Las propias o las ajenas. Las que decimos y las que escuchamos.

Cuando se trata de las nuestras, nos centramos en ellas. Nos sumimos en un círculo pernicioso que nos atrapa como una peligrosa adicción. No nos damos cuenta de que cuando cruzamos el umbral del pesimismo, empezamos a quejarnos de todo. Creemos que tenemos razón cuando nos quejamos, pensamos que así las cosas son más sencillas. Que todo pasa mejor y más rápido cuando nos quejamos.

Os voy a poner una analogía para que veáis que esto no es así. ¿Alguna vez habéis hecho un plan a una hora determinada, y mientras esperáis no dejáis de mirar el reloj, esperando que los minutos pasen más rápido? En lugar de acelerarse, parece que pasa más lento. Lo mismo pasa con las quejas. Cuando tenemos un problema y nos centramos en las quejas, le damos demasiada importancia, nos centramos en él y eso impide que pase más deprisa.

Por otra parte están las quejas ajenas. Son esas que escuchamos a nuestros amigos, familia, o incluso a alguien que no conocemos. Estamos en la cola del supermercado, a punto de pagar. Y alguien detrás nuestro se queja de lo lenta que es la cajera. Se queja y resopla mientras nos mira. Nosotros, por educación quizá, o quizá porque en el fondo somos como esa persona, le respondemos. Asentimos dándoles la razón. Esa decisión nuestra de animarle, de avivar las llamas de sus quejas, hace que todo se alargue más.

Os propongo una cosa. La próxima vez que alguien que no conocéis se os queje de algo. Como en el ejemplo de la cajera. No le respondáis, no asintáis ni neguéis. Simplemente miradle a los ojos unos segundos, luego apartad la mirada y después giraros dándole la espalda. No es una falta de educación. La educación no depende de donde mires, la educación depende de otros aspectos que no mencionaré en esta entrada. Cuando le deis la espalda, dejando claro que os negáis a seguirle el rollo, y dejando claro que vosotros no entráis a esa dinámica repelente, veréis que deja de hablaros y busca a otra persona.

En el caso de que los que se quejan sean vuestros amigos o vuestros familiares, la cosa es bastante más extraña. Aquí depende de dos cosas. Primero aseguraros de que la persona que no cesa de quejarse, acepta las críticas. Que no se enfada cuando le dices las verdades. Si no las acepta y no podéis ser sinceros con ellos/as… lo siento, no son personas importantes en vuestra vida. Una persona que solo está bien cuando le das la razón, es una persona tóxica que os acabará envenenando. En el caso de este tipo de personas les podéis decir claramente que no os interesa escuchar más quejas, ya que os aporta una negatividad que no os beneficia.

Si realmente es alguien que merece la pena, y acepta críticas y sinceridad. Dadle los mismos consejos que os acabo de dar yo. Decidles que las quejas no sirven de nada, que no conseguirán salir antes del problema. Que llorar por algo no lo soluciona, si no va seguido del esfuerzo y la lucha. De esa forma, vosotros no escucharéis quejas y a la vez, ayudaréis a alguien querido a luchar por su felicidad.

-Sergio Flores Marcos. (Floser)-
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