El Cuenta-cuentos: New Year. (Parte 3)

Para leer la primera parte de “New Year” pulsad aquí.

Y para leer la segunda parte pulsad aquí.

(3ª parte, 17 de Enero de 2013)

Palabras a añadir:

Sara: bagel, humo, silbido y alzado.

Continuación…

Cuando Sondra entró en aquel lugar emblemático de la ciudad, no pudo evitar sobrecogerse. Había visto en miles de fotos aquel hall lleno de columnas y arcos, con una luminosidad espectacular. Pero presenciar tanta belleza en persona le abrumaba, no podía dejar de mirar los grandes ventanales, las arañas que colgaban del techo para iluminar la grandiosa estancia, el suelo impoluto. Simplemente se enamoró de aquel lugar.
Cuando se empapó de la belleza de aquellos techos altos, de aquellas paredes de piedra, subió unas escaleras y se encontró en una gran estancia, llena de mesas largas de color caoba con sillas que a pesar de ser de madera parecían extremadamente cómodas. En cada mesa habían cuatro lámparas igual de bellas que el resto de la biblioteca y en los extremos de las mesas descansaba un letrero que rogaba silencio. Sondra quiso vivir en Nueva York solo para poder hacer caso cada día de aquellos letreros y cayó en que su teléfono no había sido silenciado. Lo hizo, y siguió andando.
Una chica joven, se quedó mirando a Sondra, estaba estudiando, y de vez en cuando levantaba su mirada del libro de texto para mirar a la turista.
Las paredes de la sala estaban llenas de libros, se acercó a uno de los laterales, sin dejar de ser observada por la estudiante. Sondra sentía como su corazón se aceleraba, no podía creerse que estuviera allí, que estuviera acercándose a una de las estanterías de libros. Hizo algo que siempre había dicho que haría si llegase a aquel lugar maravilloso. Siempre había dicho que algún día se acercaría a una de las estanterías, cerraría los ojos, y posaría su mano en un libro al azar y que luego compraría ese libro y sería su libro favorito. Así pues, cerró los ojos, levantó el brazo, y tras mantenerlo ALZADO un segundo, posó su dedo indice sobre el lomo de un libro. Su respiración se aceleró, acababa de tocar el libro que quizá marcaría su vida. Abrió los ojos, y en su precioso rostro se dibujó una sonrisa al leer el título de una novela que siempre había querido leer, pero que por una cosa u otra, jamás había leído. Esa novela era “The Picture of Dorian Gray” de Oscar Wilde. Sondra cogió el libro y lo sostuvo en su mano, era una preciosa edición, con una ilustración del cuadro de Dorian Gray que a Sondra le pareció maravillosa.
La estudiante seguía mirando desde la mesa, Sondra pensó que quizá le había molestado, se miró a sí misma pensando que tal vez su aspecto fuera extraño, pero tan solo su gran mochila, y la mirada ilusionada que exhibía le delataba como turista. Tras un rato paseando entre aquellas paredes, empapándose de la belleza que aquel templo de sabiduría le regalaba, decidió seguir su camino. Fue extraña la sensación de pena que invadió el pecho de Sondra al abandonar la New York Public Library, pero no podía quedarse allí eternamente.
Empezó a caminar por la cuarenta y dos, y allí delante suyo, vio la Grand Central Station. A la chica le sorprendió ver que en Nueva York, todo estaba cerca, como reunido en unas cuantas manzanas. Se preguntó si de ahí venía el nombre de “La Gran Manzana”. Cuando estuvo a punto de entrar a la Grand Central Station, un aroma le obligó a detenerse. Era un olor dulce, cálido. Como si le llamase, Sondra empezó a seguir aquel aroma. Pudo imaginarse un HUMO de perfume atrayéndola. Y a escasos metros de la estación central, pudo ver un precioso cartel sobre una puerta de cristal. El cartel rezaba “Foods&Books” solo con leer esas tres palabras, Sondra se llenó de ilusión. Era una cafetería en la cual vendían libros, había oído hablar de aquellas cafeterías/librerías. Una pareja salió del local, y al abrir la puerta, todo el aroma a café recién hecho golpeó a la turista que no pudo negarse a responder a aquella llamada deliciosa.
Cuando entró en la cafetería, se sintió rodeada de una calidez que jamás había sentido. Era extraño decir que en España, las cafeterías no tenían aquel ambiente. Escuchó el SILBIDO del vapor que calentaba la leche. En el mostrador había un expositor de pastas con un aspecto apetecible. La gente charlaba en las mesas, éstas rodeadas de estantes llenos de libros. Sondra se acercó a los libros, no sin mirar los suculentos bollos que descansaban en los platillos de porcelana de las mesas, y los cafés humeantes. Cuando llegó a una de los estantes, cogió el primer libro que vio, y se fijó en que su precio era de veinte dolares. Sondra se dirigió al mostrador y le preguntó a la chica si tenían “The Picture of Dorian Gray” en stock, la chica con un fuerte acento neoyorkino le dijo que esperase un segundo y se lo miraría en la tras-tienda. Sondra se pidió un café expresso y un suculento BAGEL, que era una especie de brioche con forma de donut. El bagel se abría por la mitad, como si de un bocadillo se tratase y se le solía poner queso de untar.
Se sentó en una mesa redonda de mármol con silla de madera y empezó a degustar su pedido. El primer sorbo de aquel delicioso café solo fue superado por el primer bocado a aquel sabroso brioche. La camarera se acercó a Sondra con dos libros en la mano. En la izquierda sostenía una edición de bolsillo y en la derecha un grueso libro con tapas duras. La española eligió la segunda edición e hizo a la camarera una petición que le sonrojó. Sondra explicó que estaba en Nueva York de visita, que era su sueño desde que tenía consciencia. Y le preguntó si podría hacerle el favor de escribirle una dedicatoria, lo primero que se le ocurriera, en el libro. Por su puesto antes de nada le pagó el libro que costó veinticinco dólares, el café y el bagel.
La camarera le sonrió y aceptó la curiosa petición de Sondra. Se llevó el libro y dejó que su clienta siguiera disfrutando de su merienda. Sondra por su parte saboreó cada bocado y cada sorbo, no sabía si eran imaginaciones suyas, si aquel café era realmente el mejor que había probado nunca, o si simplemente, todo en Nueva York sabía mejor, el caso es que Sondra disfrutó de aquel instante. Luego se levantó y se dirigió al mostrador donde la camarera que le había atendido le esperaba con su nuevo libro, con “The Picture of Dorian Gray” dedicado. Sondra abrió el libro, y pudo leer:

Take this book as a one way ticket towards your new life’s journey. May its pages be your master and its letters stir up heaven and earth of your inner world.
Courtney.

Que traducido sería:

Toma este libro como un billete sin vuelta al viaje de tu nueva vida. Que sus páginas sean tus maestras, y que sus letras remuevan el cielo y la tierra de tu mundo interior.
Courtney.

Sondra se emocionó con aquella dedicatoria, y agradeció de la forma más sincera que pudo, aquel precioso detalle de la desconocida. Pegó el libro a su pecho cerrando los ojos, y supo que aquel viaje había sido una grandísima idea.

Continuará…
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