Diario Positivo: Enero 2.

(17ª entrada, Miércoles 9 de Enero de 2013)

Los que me sigáis asiduamente, sabréis que he estado leyendo un libro llamado “El Monje, el Surfista y el Ejecutivo”. Lo terminé hace unos días y debo deciros que es uno de los mejores libros que me he leído hasta la fecha. Concretamente es el segundo mejor libro que he leído, el primero será siempre “El Retrato de Dorian Gray”, os recomiendo ambos.

Cuando cerré este libro de Robin Sharma, me sentí vacío, pero no de la forma negativa que solemos ver el hecho de sentirse vacío. No, ni mucho menos, sentí como mi mente olvidaba todo lo que había aprendido, todas las cosas innecesarias, todos los comportamientos auto-destructivos, desaprendí todo lo que me estaba haciendo daño. Y aprendí, ya de paso, que a veces, sentirse vacío es maravilloso, solo cuando te vacías, puedes llenarte, llenarte de cosas nuevas, enseñanzas y experiencias.

¿Qué he aprendido con este libro? He aprendido que la vida es preciosa, y aunque suene cursi, o quizá ñoño, es así. El mundo es un lugar amistoso, en el cual solo pueden pasarte cosas malas si crees que existen las cosas malas.

He aprendido que las cosas solo son cosas, y esa es la única etiqueta que existe. “Bueno o malo” son adjetivos muy relativos. Cuando algo te enseña, cuando aprendes de un problema, incluso de una enfermedad, si me permitís decirlo, deja de ser algo “malo”.

Poniendo como ejemplo a un personaje famoso: Albert Espinosa, es el vivo ejemplo de que algo tan duro como el cáncer, le hizo vivir la vida de una forma más plena. De verdad que pienso que la vida es maravillosa. Y este año que ha entrado he empezado a poner en práctica algo que leí: “ayuda a los demás sin esperar nada de ellos/as” es algo que nos cuesta hacer, tendemos a movernos solo si sacamos partido del movimiento, pensando, erróneamente, que ese partido debe ser material. He ayudado a un par de personas de forma desinteresada y os prometo, que me siento lleno, y quizá eso hace que deje de ser desinteresado, ¿no? No lo creo, no busco nada con esas ayudas, pero al hacerlas la vida me sonríe, y me hace ser feliz, ¿quién rechazaría la felicidad?

He aprendido que los miedos que se acomodan en nuestras mentes, no son malos, pues esos miedos nos descubren cosas de nosotros mismos que no sabíamos. Por ejemplo, cuando pensamos en hacer un curso que no tenemos claro si es buena idea, y de repente acuden a nosotros miles de miedos, yo pienso que esos miedos dejan claro que realmente deseas hacer ese curso. Si no quisieras, no existirían miedos, sería un “no” rotundo. Los miedos son algo precioso, y no debemos enterrarlos, si no ponerlos en un pedestal, porque solo cuando tenemos miedo, podemos vencerlos, y solo cuando los vencemos nos hacemos más fuertes. Lucha, disfruta y vive la vida como la gran amiga tuya que es.

-Sergio Flores Marcos. (Floser)-
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