Diario positivo: Diciembre 2

(13ª entrada, Miércoles 12 de Diciembre de 2012)

Me he empezado a leer un libro que me dejó una amiga. Se llama “el Santo, el surfista y el ejecutivo” de Robin S. Sharma. En una de las páginas del libro dice una grandísima verdad. Explica que los libros, el hambre de leer pueden ser nuestra mejor compañía. Que debemos pensar que algún día, en uno de los millones de libros que nos leeremos, encontraremos una frase que nos cambiará la vida, y que debemos seguir buscando libro a libro hasta que la encontremos. Encontrar ese libro que literalmente, nos trastoque el mundo, y luego, cuando lo encuentres, tener el valor necesario para seguir esa frase, la filosofía escondida tras esa línea.

Bien, algo así me pasó con “El Retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. Lo curioso es que en mi caso, no encontré una frase que trastocara mi vida, si no más de doscientas páginas llenas de sabiduría.

Da igual lo que leáis. No os avergoncéis, e ignorar la opinión de los demás. Ya leáis a Freud o leáis la saga crepúsculo. Estáis leyendo, y la ignorancia viene de aquellos que se ríen de lo que leéis. Disfrutad de la lectura, y viajad con ella en busca de ese tesoro que es la sabiduría extrema. No me refiero a ser el más listo de la tierra, a la cultura superior sobre el resto de mortales. Ese pensamiento es negativo. No, yo me refiero a la sabiduría extrema sobre vosotros mismos/as. A ese instante mágico en el que algo te hace descubrir tus debilidades, y en el que otro algo, hace que saques fuerzas para superarlas.

Robin S. Sharma dice una frase que me encanta, y es: “cada uno conoce su verdad y lo que necesita hacer para crearse una vida extraordinaria”. Partiendo de esta premisa, hay que dejar de luchar contra la vida, pues la vida no lucha contra nosotros. Ella nos pone retos, metas que superar, somos nosotros los que nos tomamos esa ayuda, esa experiencia expuesta en el día a día, como un ataque directo del universo. No, el universo tiene mejores cosas que hacer que batallar contra nosotros, es demasiado hermoso y está demasiado ocupado en ser hermoso, lo único que hace es ponernos la zancadilla para que dejemos de mirar al suelo, y estemos atentos a esa belleza.

Como final, y aunque no lo he terminado de leer, os recomiendo, encarecidamente, que leáis “el santo, el surfista y el ejecutivo”, quizá sea el libro que os trastoque el mundo.

Gracias.

-Sergio Flores Marcos. (Floser)-
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