Mono-lógicos: Noviembre 2.

21 de Noviembre de 2012.

Monólogo: Anécdotas Metródicas.

¿Cuanto cobrará el tío que dice eso de “próxima parada…” en el metro? Y ¿cómo se llama su profesión? Claro, imaginaros al hijo en el cole cuando se tenga que presentar el primer día, todos los niños: “mi padre es inspector de hacienda,””el mío es barrendero” “el mío evade impuestos” y el chaval: “el mío dice cual es la siguiente parada en el metro” Solo hay un hijo que se avergüence más, y es el hijo de un árbitro de fútbol. La profesora: “Manolito, ¿a qué se dedica tu padre?” Y el niño: “Mi padre… mi padre… pues mi padre… ¡mi padre me abandonó profe!” (Acaba antes.)

En el metro vives cosas de lo más inverosímiles; empiezas a vivirlas al entrar; sacas una tarjeta de la máquina, que precisamente barata no es, te gastas el dinero y cuando vas a “picar” el billete para entrar, ves como de repente se cuelan tropecientas personas delante de tu cara, en plan estampida, que te quedas pensando: “¿han soltado la vaquilla y hay que correr? ¡Avisar hostias, y corremos todos!” y todo esto delante del personal de seguridad que está sentado en un taburete. Yo un día le dije: “¿estás cómodo?” y me saltó: “bueno… si tuviera una birrita estaría mejor…” ellos alegan que no cobran lo suficiente como para realizar bien su trabajo. Querrán cobrar lo que cobra Messi, no te jode… la verdad es que los “seguratas” a veces son desconcertantes, es decir: vas por el andén y de frente te viene un chaval imberbe, que mide metro cincuenta con un pastor alemán con bozal. De entrada te cuesta reconocerlos, miden lo mismo. De hecho hasta que no le ves el acné no puedes saber cual es cual, (el acné del chaval ¿eh?) ¿Qué seguridad te da un tío que cuando llega a casa se pone el pijama de Pikachu y se toma su leche calentita en la taza del oso Yogui?

Un día tuve un problema con uno de estos “seguratas” me dijo que como mi billete estaba arrugado, no servía y tenía que pagar la multa (esto es real) yo con toda la paciencia del mundo y toda la delicadeza le dije: “¿tú eres tonto?” Ojo con la pregunta que el tío aún dudó, me dieron ganas de decirle: “vamos a ver, despacito, la -s- con la -i-…” En una ocasión uno me dijo: “¡Tú no sabes con quién estás hablando! ¡Yo soy personal de seguridad del metro!” y le dije: “¡haber estudiado!”

Llega el momento de subir al vagón, en cuanto las puertas se abren aparece por tu derecha una abuela, salida de la nada, que entra a toda hostia para buscar un sitio donde sentarse, es como un perro buscando coca, entra y pone la pata tiesa y empieza a olisquear posesa: “quiero sentarme, quiero sentarme, quiero sentarme.” Las ancianas del metro dan para varios monólogos, lógicamente hay de todo, está la estúpida que entra y se queda de pie esperando a que alguien se levante, y dice:
“¿nadie se va a levantar? ¡No hay vergüenza!” y siempre, siempre, siempre habrá alguien que diga: “lo que no hay es sitio, señora…” y se reirá (yo le metía dos hostias.) Una vez tuve la conversación más absurda con una señora; entró en el vagón y yo me levanté para que se sentara, y empezó el debate; la señora: “no hijo, no hace falta” y yo: “sí, señora, siéntese, que yo bajo enseguida.” ella volvió: “¡que no hijo, no hace falta de verdad!” y yo de nuevo: “Señora, insisto, siéntese” y ya la mujer me dijo: “¡qué no!” Yo pensaba que me iba a pegar.

Y esos músicos que tocan el acordeón dentro del metro, pero dentro del vagón ¿eh? Se creen que eso tiene una acústica que te cagas, y la realidad es que pueden llegar a sangrarte los oídos. Empiezan a tocar y tú lo que oyes es algo parecido a ese sonido que se te queda cuando sales de la discoteca, ese: “¡¡¡piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!” Es horrible, repelente. Y te pasan sonriendo el vasito para darles la limosnilla, y te lo quedas mirando y dices: “¿dinero por el piiiiiii? Métete a árbitro” O los que cantan, (o eso creen que hacen) y cuando acaban la canción empiezan: “gracias, muchas gracias” Estos son los que después te ponen en la parte cutre de los castings de OT.

¿Sabéis que es peor que un revisor? Un revisor que va de gracioso. Un día me viene uno, yo estaba escuchando música y leyendo (me gusta leer un buen libro, como ¿donde está Wally?) y pasó el revisor, yo estaba en mi mundo, intentando encontrar al pescador con camisa de cuadros; realmente difícil. Y no me di cuenta del tío que me decía: “billete, por favor.” Me lo repitió, y cuando me di cuenta le dije. “huy perdone, aquí tiene.” Y me dice: “¡no me hables de usted hombre, que me haces viejo! ¿Ves? Me llamo Antonio, ¿tú como te llamas campeón?” (esto es totalmente cierto) yo le respondí: “yo me llamo, ‘quiero leer el libro tranquilo, ¿me miras el billete ya por favor?’” y me dice: “joer, que borde.” Yo al metro no voy a hacer amigos, y menos un revisor, ¿cómo se lo presento a mis amigos? ¿Con qué cara llego yo a mis padres y les digo: “papá, mamá, este es mi nuevo amigo, se llama Antonio, y es revisor”? Mis padres me dirían: “¿pero qué hemos hecho mal contigo hijo?”

Para acabar: hay una cosa muy graciosa en el metro de Barcelona, no sé si en el resto de ciudades también. Cuando estás en el andén, suena un mensaje por megafonía: “tenga especial cuidado con sus pertenencias, los carteristas esperan una distracción para arrebatarle sus cosas…” Y vosotros diréis: “¿qué tiene de gracioso?” Bueno, aparece este mensaje distorsionado por los altavoces que parecen salidos de ultra-tumba, que no entiendes nada de lo que dice, y haces eso que todos hacemos (sin explicación lógica) de mirar al altavoz para ver si entiendes mejor lo que dice, (se ve que intentamos leerle los labios al megáfono) con lo cual te distraes, y en ese preciso momento, un ratero te roba la cartera. Y tú como un tonto mirando al altavoz, los “seguratas” reventándose los granos unos a otros, los revisores llorando porque no hacen amigos, las viejas pegándole con los bolsos a alguna buena persona que intentaba dejar que se sentase, y un músico tocando su flauta de pan en un cubículo que hace que te duelan los oídos… ¿no os parece una viñeta de Ibañez de Mortadelo y Filemón? Solo faltan los dos ratones diciendo alguna parida.

Moraleja: si en el metro quieres viajar, ten cuidado que alguna hostia te puedes llevar.

Anuncios

¡Coméntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s