El cuenta-cuentos: Sabores. (Parte 3)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para leer la primera parte de “Sabores” pulsad aquí.

Y para leer la segunda parte pulsad aquí.

(3ª parte, 21 de Noviembre de 2012)

Palabras a añadir:

(no hay palabras a añadir)

Continuación…

Emanuel lanzó un último soplido ahogado antes de recuperar la normalidad de su respiración. Allí estaría a salvo, a no ser que los zombies supieran abrir puertas. Aquella duda hizo que el chico se angustiara. Realmente no sabía nada de aquellas criaturas, y no sabía lo que eran capaces de hacer.
Miró a través del cristal de la puerta asomando tan solo la cabeza, vio a tres zombies femeninos y uno masculino. Deambulaban sin rumbo alguno, sin ningún objetivo. Y el chico apartó la cabeza para no arriesgarse a ser visto por aquellas bestias.
Empezó a mirar a su alrededor, inspeccionando la ferretería. No sabía exactamente cuanto rato podría quedarse allí. Sin comida, sin ningún tipo de suministro. Solo herramientas, que quizá podrían servirle para defenderse. Aunque aquella idea le aterraba. ¿Enfrentarse contra aquellos monstruos? Era la idea más espantosa que se le pasaba por la mente. En una esquina vio varias cajas tiradas por el suelo con tornillos esparcidos. Sus sentidos se alertaron al instante. Algo había pasado allí. No debía confiarse. Encima del mostrador encontró una gran lima de hierro macizo. La cogió para protegerse. En sus manos parecía un puñal. Pasó al otro lado del mostrador, donde había una abertura en forma de puerta, con una cortinilla de bolas de madera.
De pronto, el sonido estridente del tañer de campanas alertó a Emanuel, e hizo que girara sobre sí mismo. Las campanas sonaron y el chico volvió a sentir como su respiración se agitaba. Cuando pudo relajarse al comprender que el sonido no podría hacerle daño, volvió a girar en la dirección de la puerta. Y su pequeño corazón dio un vuelco al verse ante uno de aquellos malditos zombies. Todo pasó tan rápido que a duras penas tuvo tiempo de esquivarlo. Emanuel cayó de espaldas, y el engendro, que se incorporó para hincarle el diente al niño cayó encima de él. El chico empezó a golpear el cráneo del zombie con el mango de madera de la lima. Pero aquel salvaje parecía no sentir nada. El monstruo era extremadamente fuerte y las fuerzas del niño comenzaban a escasear. Consiguió apartarlo con sus piernas, pero el zombie volvió a la carga consiguiendo clavar sus dientes en el vientre del chico. Emanuel lanzó un alarido al aire, y comenzó a pedir ayuda instintivamente, aún sabiendo que nadie podría ayudarle. Siguió forcejeando con el zombie, y de pronto un gran estruendo sonó en aquella pequeña ferretería, y notó como el zombie dejaba de luchar contra él.

Continuará…
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