El cuenta-cuentos: Sabores. (Parte 2)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para leer la primera parte de “Sabores” pulsar aquí.

(2ª parte, 15 de Noviembre de 2012)

Palabras a añadir:

(no hay palabras a añadir)

Continuación…

De pronto la zombie tropezó, dejando constancia de la torpeza que la muerte le había otorgado. Emanuel se asustó, y de un respingo saltó hacia atrás golpeando su pequeña espalda contra el muro de ladrillo. El dolor del golpe hizo que reaccionara, y antes de que la muerta viviente pudiera agarrar su pie desde el suelo, el niño echó a correr sin mirar atrás.
Tenía que llegar hasta el lugar de los disparos. Necesitaba encontrar a alguien más con vida. Lo deseaba con todas sus fuerzas. Y se obligó a sí mismo a seguir deseándolo, solo aferrándose a ese pensamiento podría conseguir que se hiciera realidad. Tenía que sobrevivir a aquel día sacado de la pesadilla más truculenta.
El callejón terminó y Emanuel se vio en una calle principal, llena de aquellos asquerosos engendros. Le costó sobremanera no lanzar un grito desgarrador al aire impulsado por el terror. Por suerte consiguió reprimirlo. No tenía claro si aquellos monstruos podrían oír, estaban muertos, eso lo sabía por el centenar de películas que existían sobre zombies, pero no apostaría su vida a aquellos datos ficticios.
Se detuvo un momento, mirando al rededor, para asegurarse de que ningún zombie le hubiera visto. Parecía estar de suerte, aunque aquel concepto, el de la fortuna, le pareciera en aquellos momentos un chiste malo. Emanuel había perdido a toda su familia a manos de unos monstruos que él solo creía que eran posibles en la pantalla. Volvió a mirar su entorno, buscando un sitio donde ir. ¿Dónde habían sonado aquellos disparos? El crío deseó que volvieran a sonar, dándole una pista sobre a dónde dirigirse.
No se dio cuenta de lo mucho que había tardado en moverse, y tras él, del callejón salía patizamba aquella muerta viviente que casi le caza. Su cerebro se activó rápidamente y empezó a correr alejándose de allí. Mirando a un lado y al otro de la calle, buscando un sitio donde esconderse. De pronto, como caída de un cielo, como un regalo en la noche de reyes, apareció una ferretería. Corrió hacia la puerta rezando, aún sin saber bien como hacerlo, para que estuviera abierta. Y pareció que la providencia estaba del lado de los niños, pues la puerta cedió dejando espacio para aquella estancia regada por la luz tenue de la calle. Cerró la puerta de cristal tras él, y se apartó, alejándose de la exposición al exterior. En la protección de una estantería llena de bombillas de bajo consumo, Emanuel se dio unos segundos para respirar hondo. Poco después dejó de jadear. Mientras notaba como su respiración se iba normalizando, miró la estancia. Era una ferretería, lo sabía porque había acompañado varias veces a su padre a una para comprar tornillos. Sin duda ahora la situación era muy distinta. Ahora no iba a comprar ninguna herramienta, iba a sobrevivir.

Continuará…
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