El cuenta-cuentos: Sabores. (Parte 1)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

(1ª parte, 7 de Noviembre de 2012)

Palabras a añadir:

Nursiwe: Pernera, dátil, roedor y anti-balas.

El logotipo del grupo musical “Guns n’Roses” descansaba orgulloso en la camiseta de aquel crío. El chico, en cambio, estaba completamente asustado. Solo en aquella ciudad infestada de muertos vivientes. De seres nauseabundos que seguramente le impedirían dormir durante el resto de sus días.
Intentaba recordar la voz de su madre, su querida madre a la que había escuchado por última vez hacía tan sólo un par de horas. Intentó recordar aquel sonido buscando en los archivos de su memoria alguna conversación banal.

¡Emanuel ven a cenar!
¡Un poco más mamá!
¡Emanuel, deja la consola y ven a cenar!
¡Solo un poco más, por favor!
¡Te dejo hasta que cosa la PERNERA del pantalón de tu padre!
¡Vale mamá, gracias!

Era curioso como solo conseguía recordar aquella conversación. Al chico le daba rabia haber olvidado la voz de aquella persona tan importante para él.
Acababa de escuchar dos disparos amplificados por el eco de aquellas calles en esencia vacías. A pesar de su corta edad, entendió que donde habían disparos, habían seres humanos vivos. Estaba a salvo, aquellos malditos zombies no habían matado a todos. Con energías renovadas por el optimismo de poder encontrar a nuevas personas, empezó a correr rezando, aún sin creer en ningún dios, para no toparse con ningún zombie.
Giró en un callejón que por suerte estaba vacío, a excepción de una rata que parecía estar exenta de temor. Emanuel envidió a aquel ROEDOR, quería no sentir miedo, porque nunca antes había sentido tanto pavor. De detrás de uno de los contenedores que habían en el callejón salió una de esas criaturas endemoniadas. Era una mujer, y por un instante recordó lo que le había pasado a su familia.
Recordó aquella mañana cuando se levantaron sus padres, su hermana mayor y él para hacer una pequeña excursión a la playa. Estaban contentos, prometía ser un día excepcional. La carretera estaba totalmente desierta, así que su madre estaba contenta. Odiaba conducir con tráfico. Su padre estaba medio dormido en el asiento del acompañante. Su hermana en el asiento de atrás pulsaba frenéticamente los botones de su Blackberry. Y él se limitaba a mirar por la ventanilla. Le gustaba contemplar el paisaje, aunque algo en el la línea del horizonte le perturbó. El cielo, por alguna extraña razón tomaba un color liláceo en la lejanía.
Su hermana le acercó una bolsa llena de frutos secos, y él la rechazó pues acababa de comerse el último DÁTIL que había, y era lo único que le gustaba. Cuando llegaron a la ciudad, el panorama era dantesco. Parecía que un huracán hubiera azotado aquel lugar. Los coches volcados y decenas de cadáveres esparcidos aquí y allá. Había un policía que llevaba puesto el chaleco ANTI-BALAS y Emanuel, horrorizado, pudo ver la pistola del hombre tirada a escasos centímetros de él.
De pronto, la madre del chico apretó con brusquedad el pedal del freno para evitar llevarse por delante a una mujer que había en medio de la carretera. Estaba de espaldas al coche, y se tambaleaba. El padre del muchacho, que había despertado por la brusquedad de la frenada, la miró pensando que quizá sería una yonqui. Claramente no había tenido tiempo de ver el panorama que ofrecía aquella ciudad. La madre de Emanuel tocó el claxon, y la zombie se giró poco a poco. Todos los pasajeros del coche sintieron como el corazón les daba un vuelvo al comprobar que aquella mujer no era una drogadicta, y seguramente ya no era ni si quiera humana. Sin mandíbula inferior, sin ojos en aquellas cuencas negras y profundas. Emanuel sintió el impulso de vomitar pero se contuvo, no supo bien porque.

¡Acelera cariño!
¿Pero qué es eso?
¡No lo sé, joder, pero no pienso averiguarlo!

De pronto la ventanilla del padre reventó, y una mano cadavérica le agarró del cuello. Y como si fuera una simple pluma, le sacó de golpe del coche a través del hueco que había dejado el cristal.
Emanuel hizo un esfuerzo por dejar de recordar aquella matanza. Intentó olvidar la pérdida de su familia en manos de aquellos seres. Y sobretodo, el tormento que suponía para él haber conseguido huir. Ser el único superviviente de su familia. Y todo para que otra muerta viviente le diera caza en aquel sucio y frío callejón.

Continuará…
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