El cuenta-cuentos: El camino de las gaviotas. (Parte 4-Final-)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para leer la primera parte de “el camino de las gaviotas” pulsa aquí.

Para leer la segunda parte pulsa aquí.

Y para leer la tercera parte de “el camino de las gaviotas” aquí.

(4ª y última parte, 31 de Octubre de 2012)

Palabras a añadir:

(no hay palabras a añadir)

Continuación…

En el móvil de Esteban se podía leer un mensaje: “llego en cinco minutos”. Y tras responder y guardarse el móvil en el bolsillo, comenzó a recoger sus cosas. Metió el cuaderno con el bolígrafo rojo en su mochila, y se limitó a cerrar los ojos en aquel banco. Le había gustado aquel rato entre recuerdos, sobretodo porque los recuerdos eran sobre su querido amigo Juan.
Recordó una mañana estival, muy parecida a aquella, Juan y él se habían ido juntos a la playa. Ya hacía tiempo de aquel primer beso de Juan, y lejos de haberse distanciado, o sentido incómodos el uno con el otro, se unieron más. La amistad se hizo tan fuerte que parecía que nada ni nadie pudiera romperla.
El mar estaba tranquilo, parecía una manta infinita que tomaba un color aturquesado con destellos del sol que, presumido, se reflejaba en la superficie. A Juan no le gustaba sentarse en la arena, con el resto de la gente. Por alguna razón sentía un complejo enorme por su cuerpo. Algo que Esteban nunca entendió ya que a diferencia de él, Juan era un chico delgado y esbelto.
Se sentaron en las rocas, con una vista privilegiada del enorme espejo de agua, Juan tenía una gran sensibilidad, y se maravillaba con todos los detalles que la madre naturaleza le otorgaba. Esteban no era así, no se fijaba en aquellos pequeños detalles, aunque empezaba a apreciarlos debido a que Juan le iba inculcando esa fascinación.
El cielo estaba completamente despejado, y el sol, como amo y señor de aquel techo interminable, azotaba con fiereza los rostros de los dos amigos. Juan se había quitado las gafas para que no se le quedase la marca del bronceado. Esteban se había puesto una gorra para protegerse el rostro, ya que en vez de ponerse moreno, su piel tomaba un tono rojizo encendido.
Ambos amigos hablaban con una lata de refresco que goteaba agua de la condensación en sus manos. El gas les rascaba las gargantas y sus ojos empezaban a llorarles cuando bebían demasiado líquido de golpe. Hablaban de todo y a la vez de nada importante. Hablaban de dibujos animados, a ambos les volvían locos, adoraban las series de animación. También hablaban de la gente del barrio, de los problemas que habían allí. De los planes de futuro.

Te propongo un trato, Esteban.
Dime…
¿Qué te parece si cuando consigamos salir de este barrio, sea para trabajar o para vivir, o estudiar, nos compramos algo para conmemorar ese momento?
¿Algo como qué?
Pues no lo sé… ¿qué te parece un anillo?
¿Un anillo?
¡Sí! Yo me pondría el mío en el dedo pulgar de mi mano izquierda y tú el tuyo en el de la derecha.
Me gusta mucho la idea…

Ambos se dieron la mano para dar por cerrado aquel pacto entre amigos. Justo entonces, un puñado de gaviotas empezaron a volar formando una línea en el cielo. Juan miró aquello maravillado, y Esteban le miraba a él asombrado de que algo tan simple como aquello pudiera provocar aquella cara emocionada en su amigo.

¿No es precioso?
Solo son pájaros…
Esteban…

Juan empezó a reírse y rodeó el hombro de su amigo señalando al cielo con la mano que contenía el refresco.

¿No lo ves?
¿El qué?
El camino de las gaviotas…

Esteban miró al cielo, y luego a su amigo. Éste le sonreía y entendió que no tenía que mirar con los ojos, que ver lo obvio, era lo que hacía todo el mundo, y Juan no era como el resto de la gente. Así pues volvió a posar los ojos en el cielo, y allí, las gaviotas que volaban en línea recta empezaron a transformarse en la imaginación de Esteban, aquellos simples pájaros volando, se convirtieron en un inmenso camino en el cielo. ¿A dónde llevaría? Sin duda a un lugar inolvidable, solo allí podía llevar el camino de las gaviotas. Solo a la consecución de algo grande, el triunfo de un sueño.
¿Que cómo sé todo esto? Quizá porque alguien me lo contó, o quizá, y solo quizá, mirar este frío anillo acomodado en mi dedo pulgar derecho me ha transportado, como ya hiciera aquella tarde, al pasado. Porque por suerte, es imposible olvidar a aquel amigo, y sus ideas románticas sobre la vida. Porque gracias a él conseguí llegar tan lejos, siguiendo, como no, el camino de las gaviotas.

-Fin-

Nota: las palabras que dejéis en esta última parte de la historia, las utilizaré para el principio de la siguiente. Gracias.

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2 pensamientos en “El cuenta-cuentos: El camino de las gaviotas. (Parte 4-Final-)

  1. me gusta!! 😀 palabras para el proximo cuenta cuentos: pernera, dátil, roedor y anti-balas. Gracias por ser como eres Floser!

  2. Gracias! Me encantan tus palabras, aún no estoy seguro de que irá la siguiente historia. Aunque tengo una idea. Me alegra mucho de que te guste mi trabajo.

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