El Cuenta-cuentos: El camino de las gaviotas. (Parte 3)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para ver la primera parte de “el camino de las gaviotas” pulsad AQUÍ.

Y para la segunda parte, pulsad AQUÍ.

(2ª parte, 24 de Octubre de 2012)

Palabras a añadir:

Sara: aviador, remoto y latón.

Continuación…

El viento se levantó y azotó con fuerza el cuaderno de Esteban. Las páginas empezaron a moverse violentamente, y el chico tuvo que cesar en su empeño por seguir escribiendo. Se limitó a cerrar los ojos, dejando que aquel viento le acariciara el rostro. Era agradable y a la vez, volvió a trasladarse a aquel tiempo REMOTO.
El recuerdo de Juan nunca dejaba de maravillarlo. En cierta medida le dolía recordarle, pero a la vez sentía una inmensa paz en su pecho. Recordaba las tardes de verano en su querido barrio, jugando al escondite en el descampado de aquella calle gris con otros niños que no caían bien ni a Juan ni a Esteban, pero que les servía para que el juego fuera más divertido.
Los dos amigos empezaron a reírse de uno de los niños en privado, refugiados en su escondite. Era un niño que llevaba siempre un gorro de AVIADOR, seguramente comprado por su madre en algún berrinche insoportable.
Cuando terminaban de jugar, o simplemente se hartaban. Decidían irse sin avisar, dejando que los otros niños les buscasen sin éxito. Corrían sin descanso hacia un parque cercano, en el cual habían colocado, clavada en la tierra, una gran placa de LATÓN a la cual acostumbraban a tirar piedras para afinar su puntería. Contaban cuantas veces sonaba la chapa y cuando se cansaban de aquel juego miraban quien había ganado. Si el ganador era Juan, podía pedir lo que quisiera a Esteban y viceversa.
Esteban tenía mucha más puntería que Juan, pero siempre se dejaba ganar, porque el chico se ponía tremendamente contento de poder pedirle lo que quisiera. Fue una tarde, a finales de Agosto cuando Juan pidió lo que realmente deseaba. Esteban había lanzado la última piedra desviada a propósito, y a Juan se le dibujó una sonrisa aderezada con un temblor de labio que anunciaba los evidentes nervios del muchacho.

Bueno, has vuelto a ganar. ¿Qué quieres hoy?
No sé si decírtelo...
¿Por qué?
Porque no quiero que te enfades...
Pídemelo ya...
Quiero que me dejes darte un beso.
¿Cómo?
Sería mi primer beso, y me gustaría que fuera contigo...

Esteban se quedó pensando durante un instante. Él tenía claro que no le gustaban los hombres, y aquella seguridad le hizo dudar. Si tenía tan clara su condición sexual, ¿por qué no ceder a algo que haría feliz a su mejor amigo?

Déjalo Esteban, no debería habértelo pedido...
Hagámoslo.

Aquella afirmación dejó a Juan con la boca abierta.

Estás... ¿estás seguro?
Bueno, seguro no estoy, pero me parece bien.

Juan no pudo evitar sentir que su corazón se aceleraba, y un hormigueo agradable le recorrió el pantalón. Aquella idea le animaba en lo más profundo y carnal de su ser.
Tuvo que respirar profundamente, y luego pidió a Esteban que se sentara con él. Tuvo claro que si le besaba de pie, caería al suelo, pues sus piernas ya le temblaban antes de hacerlo. Esteban estaba nervioso también, en cierto modo, tenía miedo de que aquello le gustase. Se sentía extraño, pero era fiel a su palabra, y llegaría hasta el final.
Juan respiró hondo y le preguntó si le parecía bien que llevara él mismo la iniciativa. Esteban aceptó, ya que era Juan el que tenía ganas de hacerlo. Entonces ambos cerraron los ojos, y sus labios se juntaron. Fue un beso corto, apenas tres segundos. Y Juan se apartó bruscamente, como si temiera que su amigo le golpeara por aquello.

¿Qué pasa?

Preguntó Esteban.

No sabía si seguir. No quiero que te enfades conmigo...

Cuando Juan vio que los ojos de Esteban mostraban cansancio ante aquella insistencia, el chico, sin pensárselo dos veces, volvió a juntar sus labios con los de Esteban. Fue un beso puro, en los labios, un beso apasionado por la parte de Juan, sin lengua, pero sensual. Un beso que a él le estaba excitando sobremanera. Y de pronto, sin poder evitarlo, Juan introdujo un poco su lengua en la boca de Esteban, éste, al sentir su lengua acariciada por la de su amigo, dio por terminado el beso.

¡Perdona, lo siento!
No te preocupes, no me he enfadado.
Te... ¿te ha gustado?
¿Sinceramente?
Sí, por favor.
Ni sí, ni no. No he sentido nada, Juan.
Ya veo...
¿A ti te ha gustado?
Me ha encantado, Esteban. Gracias, era importante que el primero fuera contigo.
Me alegra que te haya gustado.

Y allí quedaron los dos, al principio sumidos en un silencio lógico ante aquel beso. Esteban tampoco había besado a nadie antes, había renunciado a su primer beso con una chica para hacer feliz a su amigo. Luego, a los pocos segundo, el silencio se rompió y empezaron a hablar con toda normalidad.

Continuará…
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