El frikismo como forma de vida.

Durante años se ha utilizado la etiqueta “friki” de una forma despótica. Un intento (a menudo exitoso) de ofender a un grupo de personas que sentían las cosas de una forma distinta.<

Antaño el adjetivo “freak” estaba ligado a personas con deformidades. Como eran los “monstruos” de circo. Me refiero a los enanos, a los “hombres elefante” a la mujer barbuda. Eran engendros a ojos de los ciudadanos “normales” de la época.

Con el paso del tiempo, la utilización de este término ha variado en cuanto a su destinación. Ya no se le dice a una abominación, si no a un grupo de personas que simplemente son distintos al resto. Distintos única y exclusivamente en la manera de entender la vida. Ahora una persona que va vestida con una camiseta del grupo Iron Maiden es un friki, una persona que lleva en el móvil el tono de llamada de la marcha imperial de Star Wars es un friki. Una persona que siente admiración por Steve Jobs y por todo su trabajo, es un friki. Es tan triste que incluso los que dibujamos o escribimos, somos unos frikis.

Perdonad pero eso es una estupidez. No el hecho de llamarnos frikis. Declaro pública y orgullosamente que no soy un friki… soy lo siguiente. Me encanta serlo. La estupidez es llamarnos frikis con la intención de ofendernos. Bueno, yo soy feliz así, y el resto del mundo, se preocupa tanto de mi “forma de ser” que se detiene a criticarme. ¿Eso no es ser un freak? Yo creo que sí, pero no un friki como los del siglo XXI no… los que os dedicáis a criticar, a mirar con desprecio, a creeros superiores… sois unos bichos raros.

¿Amar el arte hasta el punto de convertirse en un experto, es ser friki? Si es así no hacéis más que darme la razón: adoro serlo. El frikismo, o el fanatismo moderado, generan conversaciones de lo más interesantes. Y ya sea sobre la nueva saga literaria de moda, la última película de James Cameron, o sobre el material con el que están hechas las garras de Lobezno, nunca hay que despreciar a la gente por sus convicciones. Siempre y cuando, esas convicciones no molesten u ofendan la sensibilidad de nadie, en cuyo caso es obligatorio llamarles la atención.

Muchas veces me asombran las etiquetas. Porque un friki, es por ejemplo, el que hace cola desde el día anterior para comprarse un producto nuevo de Apple. Pero en cambio, una mujer que se gasta 200€ en un bolso, o un hombre que se gasta 80 en una camiseta que pone “i love Ibiza” son de lo más normal. Bueno, pues una cosa que tenemos buena los frikis, es que el resto del mundo nos da igual. Somos felices en nuestros pensamientos, en nuestras convicciones y nuestros gustos. Y los demás no nos importa. (Generalizo, porque descerebrados hay en cualquier grupo social) pero en esencia es así. Nos importa un rábano que la anciana que nos ve leer un cómic de Moebius en el metro nos mire y piense “a esa edad, y leyendo tebeos”. Nos es indiferente que mantengamos una conversación, para nosotros apasionante, sobre la última parte de Harry Potter y que las personas que pululan por nuestro al rededor piensen que somos patéticos. Bueno oiga… el patetismo es meterse en la vida de los demás cuando la nuestra propia es un caos…

Muchas gracias.

-Sergio Flores Marcos. (Floser)-
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