El cuenta-cuentos: Olores. (Parte 2)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para leer la primera parte de “Olores” pulsar AQUÍ.

(2ª parte, 19 de Septiembre de 2012)

Palabras a añadir:

Sara: Amarillo, telégrafo, bujía, campanario, techumbre, sensación, osciloscopio y compulsivo.
Marta: Sol, playa, calor, oscuridad y cabaña.

Continuación…

Mientras reposaba jadeante, Marga miró al cielo. Las nubes estaban tomándolo por completo, como si incluso el SOL quisiera esconderse de aquella tenebrosa situación.
Intentaba recordar algo agradable, pero la SENSACIÓN de agobio, de miedo y agotamiento, solo le permitía pensar en aquellos monstruos. Marga quedó ensimismada, presa de su mente, de un recuerdo COMPULSIVO. Tan anonadada que ni siquiera se dio cuenta del zombie que reptaba por debajo de la furgoneta. Quizá si hubiera visto aquella imagen, aquel movimiento lento e incesante del ser putrefacto, su cara calavérica. Aquellos dientes de un tono AMARILLO, Marga habría quedado de nuevo paralizada por el terror. En lugar de eso, todo su cuerpo dio un respingo al sentir la mano fría y huesuda del muerto viviente. Sin pensárselo hizo un movimiento fuerte con su pierna, intentando desprenderse de aquella nauseabunda mano, y esta se separó del brazo del zombie como si fuera un trozo de mantequilla. ¿Cómo unos seres tan frágiles podían ser tan peligrosos y terroríficos? Aquella pregunta se repetía en la cabeza de la chica.
El engendro siguió avanzando a pesar de aquella truculenta amputación, y se puso en pie delante de la muchacha aterrorizada. Una oleada de CALOR seguida de un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Todo ocurría demasiado deprisa, a pesar de la lentitud cadavérica de aquellos seres. Marga sintió más miedo que en toda su vida. Cuando de pronto un disparo desgarró el cielo y el zombie cayó al suelo. La chica se quedó mirando al monstruo, y vio que seguía moviéndose, un gran charco de sangre se había creado en el suelo, el líquido salía de su pierna que había sido cercenada por el disparo.

¡¿Está bien?!

Preguntó una voz, haciendo que la mujer saliera de su hipnosis. Marga miró en dirección a la voz y vio a un chico corpulento, empuñando un rifle. Estaba subido en el capó de un coche.

Sí, estoy bien. Gracias.

El chico se acercó a Marga. Y cuando estuvo a pocos centímetros, sacó un revolver de la parte trasera de su pantalón y sin pensarlo dos veces apuntó el cañón a la cabeza del zombie que estaba tumbado en el suelo y disparó.

Son ellos, o nosotros… hay que dispararles en la cabeza.
A… a… ¿a cuantos ha matado?
A decir verdad, este es el primero.

De pronto, a su espalda, el zombie al que acababa de disparar, se puso en pie con una velocidad impropia de aquellos seres. Su cráneo tenía un gran agujero sangrante producido por el calibre del arma pero parecía que aquel abominable ser no sintiera nada. Rodeó el cuello del chico con sus brazos pútridos, y clavó sus asquerosos dientes en la yugular del hombre. Un chorro de sangre salió disparado con fuerza por los aires. Y el zombie cayó junto con el salvador de Marga. Aquel ser ya había conseguido su objetivo, su presa estaba siendo engullida y Marga por fin, consiguió desprenderse de sus miedos. Cogió el rifle y la pistola del suelo, y salió corriendo. Pudo haber disparado contra el monstruo ahora que estaba desprevenido. Pero pensó que aquel muchacho ya estaba muerto, y que las balas serían un tesoro demasiado preciado como para desperdiciarlas.
No muy lejos de allí, en un descampado, pudo ver una pequeña CABAÑA, le pareció un buen sitio para esconderse. Estaba situada en una amplia explanada y por las ventanas tendría una visión periférica del lugar. Si se acercase un zombie, ella, podría verlo.
Corrió hacia la puerta, y pegó su espalda contra la pared exterior. Acercó su cara a una de las ventanas para intentar ver el interior, pero la OSCURIDAD era absoluta. Se colocó el rifle en la espalda, acomodándolo con su correa en el hombro y sujetó con manos temblorosas el revolver. Sujetó el pomo de la puerta y comprobó si estaba la cerradura echada. Estaba de suerte, no era así, la puerta se abrió con un chirrido que helaba la sangre, y la luz fue tomando presencia en la estancia poco a poco. No quedó iluminada del todo, pero lo suficiente como para inspeccionarla.
Entró con el pulso cada vez más agitado. La TECHUMBRE de aquella cabaña era como de latón, frío y oxidado con pequeños orificios. Marga pudo ver una mesa con platos, en éstos había una especie de potaje florecido. ¿Desde cuando estaba aquella comida allí? El olor era repugnante, pero era aún peor la imagen de las cucarachas recorriendo la mesa de madera. El corazón de Marga se aceleraba con cada paso que daba. Sentía verdadero terror, pensaba que en cualquier momento sería atacada por uno de aquellos zombies.
Las ventanas estaban cubiertas por unas cortinas de flores. Se acercó a una de las ventanas para correr la cortina y dejar que la luz entrara aún más. De pronto la puerta se cerró y Marga, presa del pánico, apuntó con el revolver a la puerta y apretó el gatillo sin pausa sin que sonara ningún disparo. Solo se escuchaba el chasquido constante del arma. Cuando se detuvo, quedó paralizada en la oscuridad. Por los agujeros del latón del tejado se filtraban pequeñas columnas de luz. La respiración de Marga dominaba por completo el lugar. Era una respiración ahogada, agitada, aterrada. Su arma no se había disparado, y aquella falta de seguridad le creó una sensación mayor de desesperación. Cuando consiguió controlarse, buscó a tientas la cortina que había visto delante suya segundos antes y cuando la encontró tiró con fuerza de ella, arrancándola del pasador. La luz entró en la casa, y Marga se vio sola, nada había ocurrido. La puerta se habría cerrado golpeada por una corriente de aire.
La chica miró el arma y se preguntó porque no se había disparado. Sin duda no era por el seguro, ya que el chico la acababa de disparar. Empujó el cargador del lateral, y vio que no había ni una sola bala en aquella rueda. Furiosa lanzó el arma contra una de las ventanas. Su vida había dependido de aquel arma, y estaba descargada. Si en aquel momento hubiera entrado algún zombie, ella ahora estaría muerta. Aquel pensamiento la agobió y se echó a llorar con un ataque de pánico. Su cabeza empezó a darle vueltas, y se tuvo que sentar en el suelo. Se obligó a respirar hondo, ya que se negaba a perder el conocimiento. Si lo hacía, quizá no despertase jamás. Podía haber uno de aquellos asquerosos monstruos en cualquier sitio.
Poco a poco su respiración empezó a regularse. Y Marga pudo volver a ponerse en pie. La habitación le daba vueltas, pero le daba igual. Tenía que moverse, tenía que inspeccionar la cabaña que por suerte era pequeña. No debía medir más de tres metros cuadrados, y con la cama, la mesa y la cocina de butano parecía aún más pequeña. También había un pequeño armario. Frente a la cama había un pequeño escritorio. Marga se acercó y vio un TELÉGRAFO. Se preguntaba si funcionaría, aunque no le serviría de nada, ya que no sabía usarlo. También había una botella de cristal vacía. Un trapo de tela y un puñado de BUJÍAS.
Marga miró todo aquello asombrada, no entendía nada. En la pared, colgado de un clavo, había un cuadro pintado de una PLAYA. Era un cuadro inquietante, pues el cielo estaba ennegrecido por lo que parecían nubes de tormenta. ¿Quién pinta un cuadro tan lúgubre? Marga veía más lógico pintar una imagen idílica.
En la cama habían dos papeles. Marga los cogió y empezó a examinarlos. Uno de ellos parecía una hoja arrancada de un manual de instrucciones. Empezó a leerlo y vio que eran instrucciones de un OSCILOSCOPIO. ¿Quién tiene unas instrucciones de algo así en su cabaña? Marga no sabía realmente ni lo que era. Nunca había oído hablar de un aparato así. El otro papel era una hoja impresa de alguna página web. Marga empezó a leerla y vio que eran instrucciones para fabricar un cóctel molotov. Decía que para su fabricación era necesario una botella, un trapo, aceite o gasolina y objetos para usar como metralla, como clavos, tornillos, o bujías. Cuando la chica leyó esto último miró asombrada al escritorio. Quien estuviera viviendo allí, estaba a punto de fabricar una bomba casera, sin duda para defenderse de aquellos seres. Marga buscó lo que iban a usar para prender la mecha, abrió el armario y vio una botella de plástico llena de un líquido amarillento. Destapó la botella y acercó con cuidado su nariz. No tuvo que acercarla mucho para notar el olor de la gasolina.
La chica sintió un gran alivio, podría crear ella misma aquella bomba, sin duda podría utilizarlo en un momento de desesperación. En el armario había también un cuchillo largo, Marga lo cogió, era un cuchillo jamonero, pero estaba tan afilado, que su punta ya no era redondeada si no puntiaguda, parecía un puñal. La chica lo dejó encima de la cama y siguió mirando el armario. Había ropa, una camiseta negra y unos pantalones vaqueros. Marga se quitó la ropa y se puso la que había encontrado. Los pantalones le iban estrechos así que decidió cortarlos convirtiéndolos en unos shorts tejanos. En el armario, en una estantería inferior pudo ver un aparato. Era una especie de monitor con botones. Jamás había visto aquello y no sabía lo que era pero supuso, por su ignorancia, que las instrucciones que había encontrado en la cama serían de aquel aparato. Así que aquello era el osciloscopio. Mientras seguía inspeccionando el armario, un ruido alertó a la chica. El mero hecho de escuchar un sonido, fuera cual fuere, le ponía en tensión. Y al principio no distinguió el tañer de las campanas del CAMPANARIO de la ciudad. Marga respiró hondo, y pensó que era bueno aquel sonido. Necesitaba saber que hora era. Tras la tercera campanada Marga volvió a su labor. Cuando de pronto se quedó quieta, pensando. ¿Solo eran las tres? No podía ser, el día estaba demasiado avanzado, la luz del sol empezaba a atenuarse, y aunque las nubes lo ocultaban, sin duda era más tarde. Encontes, ¿por qué solo tres golpes de campana? El campanario estaba automatizado, no había lugar a errores, si no es que alguien había golpeado tres veces la campana a propósito. Sin duda eso era lo que ocurría, alguien había subido al campanario y había lanzado un mensaje de auxilio desde el lugar que podría ser escuchado por toda la ciudad.

Continuará…
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