Diario positivo: Septiembre.

¡Hola flosers! Bienvenidos/as a esta sección nueva. ¿De qué trata? Pues como su propio nombre indica (diario positivo) trata sobre el optimismo. Aquí os dejaré una serie de reflexiones que yo iré haciendo sobre la vida en general o temas en particular. Dicho esto, empecemos.

(1ª entrada: Miércoles 19 de Septiembre de 2012)

Nací en un barrio llamado “la Mina” en Barcelona. En otro tiempo era uno de los peores barrios de la ciudad. Estaba dominado por los yonquis, por camellos y gitanos armados hasta los dientes. Cuando creces en un entorno como ese, acabas adaptándote a él. Te acostumbras a que lo malo es el estado normal de la vida. Creces pensando que la violencia, el machismo y la falta total de ética, es el camino a seguir.

Cuando yo era pequeño estaba tan adaptado a ese mundo, que fui un “minero” más. ¿Por qué no serlo si era lo normal? La vida no tenía porque ser bonita, al menos eso es lo que yo aprendí. Crecí en un lugar, en el cual el sistema educativo daba verdadera pena (por no decir vergüenza). Y en el que los profesores se excusaban diciendo que si no enseñaban más o mejor, era porque los alumnos no teníamos el nivel suficiente. Una profesora me dijo una vez: “los alumnos de la Mina sois gitanos, y los gitanos no sois capaces de seguir un ritmo normal.” Bien, en esta lógica aplastante hay dos errores: 1- ser gitano, payo, marroquí o chino, no son condicionantes de la inteligencia. Eso de “los gitanos no pueden” es una soberana estupidez. Los gitanos podrían si los profesores enseñaran. 2- no todos los de la Mina somos gitanos, yo no lo soy. Según la lógica de aquella mujer; ¿por qué no me enseñaban a mi a otro nivel si no soy gitano? La explicación es más sencilla: es más fácil sentarse en la mesa a leer el periódico, que hacer tu trabajo.

Mi infancia era una fuente inagotable de pesimismo. Mis padres son auto-destructivos a nivel estratosférico. Mi hermano… bueno, mejor no hablar de él. Mis amigos estaban todos metidos en un mundo bastante viciado. Así que simplemente me dejé llevar por esa fuerte corriente de negatividad. La verdad es que era de lo más cómodo, casi una droga. Quejarme siempre era lo más sencillo que me había tocado hacer hasta la fecha. Solo tenía que sacar al niño llorica que todos tenemos dentro, y darle rienda suelta para que se lamentase.

Realmente, aquello tenía un efecto placebo. Al quejarme continuamente, me sentía (o creía sentirme) bien. Ya había soltado todos los problemas, me había desahogado. Y verdaderamente me enganché a aquella sensación. Pero como en toda droga, lo que sientes al hacer uso de ella, es ficticio. Es solo el efecto de tu ceguera. Cuando te quejas quizá piensas que estás mejor. Pero en tu interior vas formando un ovillo con cuerdas de pesimismo. Cada lamento es un trozo de cuerda, y cada trozo se va uniendo, hasta que la bola es tan inmensa, que nuestra propia felicidad se resquebraja.

Hay una frase que me gusta mucho. La citó Nelson Mandela aunque no es suya: “yo soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi vida.” Y es así, somos los responsables directos de nosotros mismos. Si no luchamos por ser felices, ¿qué sentido tiene la vida? Si nos centramos única y exclusivamente en la parte negativa, ¿para qué despertarnos cada mañana? No os pido que seáis positivos siempre. ¿Os imagináis? No me gustaba la casa de la pradera, así que no es necesario. Lo que os pido es que no os desesperéis ante las cosas que parecen negativas. Puede que no lo sean tanto.

Creo mucho en la cultura zen. Creo en el yin y el yang. En que todo lo bueno tiene algo malo, pero que por contra, todo lo malo tiene algo bueno. Y creo en el refrán de “cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana” porque es real. Cuando nos pasa algo malo, nuestro primer impulso es rendirnos. Y desde que recibimos ese “algo” sea una noticia, o algo que nos pasa directamente a nosotros, nuestro día se vuelve gris. Incluso miramos con cierta rabia a la gente que camina por nuestro lado sonriendo, pensamos: “¿y tú de qué te ríes?” ¿Os dais cuenta? Esa reacción, ese ir por el mundo enfadado con todos, no es sano. Y cuando algo no es sano, debemos lanzarlo a la papelera de reciclaje. ¿Sabéis lo malo de la papelera de reciclaje? Que al igual que en el ordenador, muchas veces nos olvidamos de vaciarla. Y vamos acumulando cosas negativas que nosotros creemos haber tirado, superado, pero que en realidad se están coleccionando en otro sitio. Y de repente nos vemos tan saturados que pensamos: “voy a vaciarla” y cuando le damos a “vaciar papelera de reciclaje” nos sale el siguiente mensaje: “quiere eliminar estos 150 elementos de forma permanente” y nuestro ordenador, nuestra cabeza, se bloquea en el proceso porque es demasiado esfuerzo.

Con esto ya termino por hoy, recordad que tenéis que ser felices, y vaciar vuestra papelera cada vez que lancéis algo.

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2 pensamientos en “Diario positivo: Septiembre.

  1. ¡Hola! Llevo ya una temporada pensando que necesito meter más sentimientos, sensaciones, ideas positivas en mi vida. Curiosamente, en una época en que me siento un imán para las crisis. Hace un par de días que tengo el convencimiento de que tengo que darle mayor importancia a lo positivo de las cosas si quiero empezar a experimentar el cambio. Hoy he comprado un cuaderno especial que aún no sé muy bien cómo llenaré… pero sentí que lo necesitaba. Y de pronto vengo a parar a tu blog. Creo que me quedo por aquí un rato… 😉

  2. Hola Mer. Perdona si he tardado en responderte, pero ahora mismo solo puedo conectarme en la biblioteca.

    Me ha gustado mucho tu comentario y entiendo lo que dices. Pero intenta verlo de otra forma. Más que un imán para las crisis, piensa en que todos tenemos que vivir cosas difíciles. Mira, creo sinceramente que el equilibrio de la vida es tan simple, como que debemos vivir cosas negativas para poder valorar las positivas.

    Imagina que nunca vivíeramos nada malo, ¿cómo podríamos distinguir cuando nos está pasando algo maravilloso? Me alegra enormemente que me hayas comentado y que te haya gustado este post, así como mi blog.

    Serás siempre bienvenida.

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