Positivismos varios.

¿Qué es la positividad? ¿Es pensar siempre que todo es bueno? ¿Es cerrar los ojos a las cosas malas? ¿Es el convencimiento de que si piensas que todo es bonito, lo será? No… la positividad es pensar que el equilibrio de la vida es tan simple como que deben existir las cosas negativas para poder apreciar las cosas positivas.

Quizá para muchos esa idea sea chocante. Es decir, ¿cómo puede ser positivo que te pasen cosas negativas? Bueno, de una forma muy simple. Empieza por dejar de etiquetarlas. Lo que es bueno y lo que es malo es muy relativo. Me refiero a que, dejad que me ponga como ejemplo; yo tengo una úlcera de estómago desde los diez y séis años. (Para los que no sepáis lo que es, intentad recordar si alguna vez habéis sentido ardor de estómago. ¿Sí? Vale, ahora multiplicad ese dolor por, que sé yo, ¿cien? ¿Mil? Os acercaréis levemente al dolor de una úlcera como la que yo tengo). Bien, durante muchos años, cada vez que sentía ese dolor, me apagaba anímicamente. Pensaba: “¿Por qué me tiene que doler tanto?” Y durante muchos otros años, mientras mis amigos soñaban con volar, con ser futbolistas, o cantantes… yo soñaba con un día sin dolor. Mientras mis compañeros jugaban el escondite, o al “pilla-pilla” (no sé si solo se llama así en Cataluña) yo muchas veces, me quedaba sentado, porque estaba agotado físicamente. Muchos y muchas de vosotros/as estáis leyendo esto y pensáis: “pobre…” otros/as pensáis: “bueno, no creo que sea para tanto. Este tío es un quejica” En ambos casos os equivocáis. ¿Me permitís un consejo? A los primeros/as no sintáis lástima por nadie. Nadie se merece ese trato. Hay mucha gente que siente lástima cuando ve un hombre o una mujer en silla de ruedas. Piensan: “pobre” Mi pregunta es: ¿por qué es pobre? ¿Por seguir viviendo? ¿Por luchar? ¿Por ser fuerte? ¿Por ser un ejemplo de superación? Y a los que me leen y piensan que soy un llorica, solo os puedo decir una cosa: “callad y leed”

Cuando convives con el dolor, veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año. Ya sea una úlcera, o cualquier otra cosa. Te haces fuerte físicamente. Yo no recuerdo lo que es no sentir dolor. Mi úlcera me ha acompañado literalmente a cada segundo. Desde que empezó, nunca he dejado de sentir dolor. Pero ahora, aquel dolor insoportable, aquel que me hacía sentarme jadeando de cansancio. Aquel insoportable malestar, aunque no ha disminuido ni un ápice, es para mi una leve molestia. Mi cuerpo se ha acostumbrado de tal forma a esa sensación, que seguramente, si un día desaparece, lo echaré de menos. Y es ese sentimiento de superación, ese “dejar atrás lo malo, porque ya no es malo, simplemente es algo más en mi vida” lo que es la positividad.

A muchos os preocupa la situación del país. Lo entiendo, a mi no me preocupa menos que a vosotros. Mi situación económica es pésima. De hecho, estoy actualizando mi blog en un centro comercial, aprovechando el servicio de wifi gratis, porque tuve que suspender mi contrato de ADSL en casa para recortar gastos. Todos sufrimos los azotes de la crisis. Pero es cuando nos centramos en el problema cuando éste va creciendo. Los problemas son como globos, y nuestra atención es la que los va hinchando. Pueden pasar dos cosas, que sigamos soplando, que sigamos quejándonos y diciendo “esto está mal” y que el problema se infle tanto que acabe explotándonos en las narices. O podemos soltar el problema, y dejar que se vaya volando mientras se deshincha.

Nuestro deber no es estar siempre contentos, siempre felices y positivos. Eso es de lo más negativo. Porque si una persona siempre “está bien” lo que en realidad ocurre es que oculta su malestar en pro del bienestar de los demás. Eso lo que está creando es la sensación de mentira, de ocultar algo, de retenerlo y no dejar que fluya. Llorad si necesitáis hacerlo, sea en compañía o a solas. Yo soy un llorón olímpico. No me da vergüenza reconocerlo, porque cuando acabo de llorar. Cuando termino con eso que mucha gente ve como una señal de debilidad, me siento fuerte. Y si es así, sí algo te hace fuerte, ¿cómo puede ser una señal de debilidad? Para mí los débiles son aquellos que nunca lloran, porque no hay nada más valiente, que reconocer que estás mal.

Es cuando dices que estás mal, cuando estás preparado para estar bien. Es un poco como en las adicciones; “el primer paso es reconocerlo” y es que la negatividad es una droga de lo más potente. No es comparable a la coca o el speed, tampoco al tabaco y muchísimo menos al éxtasis. Pero la negatividad engancha por la sensación de comodidad que sientes cuando haces uso de ella. Ese sentimiento de “yo ya me he quejado, y me he deprimido. Y estoy aquí en mi cama sin hacer nada, porque el ‘nada’ es mejor que el ‘todo’ teniendo en cuenta que todo me sale mal” No es así. Prefiero caerme mil veces, que quedarme tumbado de por vida. Porque solo cayéndome me podré levantar. Porque solo si me caigo sabré lo que duele, y lo que tengo que evitar. Ese es el verdadero sentido de la vida. La vida es como una carrera de obstáculos, en la cual nos caeremos más de una vez. Depende de nosotros si decidimos quedarnos sentados en el suelo, mirando ese obstáculo que nos ha hecho caer, lamentándonos por no haber saltado más alto. O si nos levantaremos, nos sacudiremos el polvo, y seguiremos corriendo sabiendo que la próxima vez, el salto debe ser mejor.

Una vez, no hace mucho, leí una frase: “no tengas en tu vida a gente que no te aporte nada más que negatividad” y desde que la leí la adopté como uno de mis muchos lemas en la vida. La puse en práctica poco a poco, pensando en esa gente con la que a veces quedaba y pensaba: “¿por qué quedo con esta persona? Si cuando llego a casa me siento vacío”. Las personas somos la única especie animal de la tierra que siente remordimientos. La única que se siente mal con ciertas decisiones o afrontando ciertos dilemas. Y ser tajante, administrar nuestras vidas es una de esas cosas. A veces tenemos a personas que nos anulan, que nos hacen sentir incómodas. Que quizá no siempre ha sido así, si no que simplemente las relaciones cambian, y la complicidad, el feeling, desaparece o muta. Y cuando eso pasa nos sabe mal prescindir de esas personas. No echamos de nuestras vidas a esa gente “por los momentos vividos”.

Bien para mi ese pensamiento es de lo más destructivo. ¿Es que los momentos vividos son un contrato intangible que nos obliga a mantener de por vida a esa persona aunque nos hiera? No… los momentos vividos son simplemente diapositivas de instantes preciosos que siempre te acompañarán. Tras leer la frase que os comentaba hace un momento, empecé a meditar, a pensar en mis amistades de una forma individual, no colectiva. Y me di cuenta de que realmente no me sentía agusto con muchas de esas personas. Solo las mantenía en mi vida “por los momentos vividos”. Ese descubrimiento me cabreó. Pensé que ese sí que era un síntoma de debilidad. ¿Por qué no podía administrar mi vida? ¿Por qué no puedo ser el que mande en mi vida? ¿Quién ha dicho que nuestras vidas, que nuestra felicidad personal es una democracia? No señores y señoras, nuestras vidas son dictaduras y nosotros somos los dictadores de las mismas. Nosotros decidimos quien entra y quien sale, y nosotros decidimos lo que aceptamos o rechazamos.

Una amistad es una relación. Y las relaciones cambian, sufren metamorfosis. A veces a mejor, (más complicidad, más cariño, más orgullo y necesidad de absorber instantes con esa persona). Y otras el cambio es negativo, (te distancias, de repente descubres que el número de cosas que te sacan de quicio de esa persona es mayor al de las cosas que te gustan o divierten). Eso a veces se soluciona hablando, quizá no es un cambio, si no una mala racha. Pero otras no se soluciona, simplemente estáis en puntos distintos de la relación, y chocáis. No es culpa de ninguno, el cambio no entiende de culpables o inocentes. Pero sí que entiende de separaciones. En el momento que una persona empieza a darte pereza. En el momento que piensas “uf, y ahora tengo que irme con éste/a, ¿para qué le diría de quedar?” En ese momento te estás creando negatividad, y ese es el instante en el que tienes que dar por finalizada la relación.

Muchos/as pensaréis que eso es demasiado drástico. Que alejar de tu vida a alguien de esa forma es muy frío y que demuestra no tener sentimientos. ¿Sabéis cuantas cosas dice un adiós, a parte del propio significado? Un adiós no es necesariamente un “ya no me interesas, aléjate de mi vida”. Un adiós puede ser un “te quiero mucho, pero me aportas demasiada negatividad, y si dejo que sigas a mi lado, acabaré odiándote o lo que es peor; odiándome yo…” también significa “necesito quererme a mi, más de lo que te quiero a ti” Y esto no es un pensamiento egocéntrico. No eres creído/a por quererte. Lo eres si solo eres capaz de quererte a ti mismo/a. A mi me ha costado veinticinco años quererme, y ¿sabéis qué? A mis veintiséis empiezo a caerme muy bien. Y es que… ¿quién es más importante que tú mismo? Es muy bonito decir eso de “te quiero más que a mi propia vida” pero es una tontería. Si no te quieres, si no amas tu forma de ser, ¿cómo pretendes querer a otros? Si no te soportas, tú que convives veinticuatro horas al día contigo mismo/a, ¿cómo pretendes soportar a un amigo, a una novia, a un familiar que están en tu vida muchas menos horas al día? Y una de las formas de quererte, de mostrarte respeto, es echando de tu vida a todas aquellas personas que te ponen un yunque y no te dejan crecer; (voluntaria o involuntariamente).

Termino ya diciendo que realmente todo lo negativo tiene un punto positivo. Mirad, debido a esa mala racha económica que os comentaba más arriba, he decidido prescindir de transportes públicos (a no ser que sea necesario usarlos) pensé: “es que una tarjeta de diez viajes vale nueve euros, y un viaje sencillo vale dos… no puedo permitirme eso” Entonces empecé a agobiarme. Viviendo en Barcelona, sin coche, tenía que usar el transporte. ¿Cómo me iba a mover? ¿Andando? Eso era una estupidez. ¿Cómo iba a ir andando a todas partes? Luego pensé: “¿Y por qué no?” Soy un chico gordito (no voy a descubrir nada nuevo con esa afirmación) así que el hecho de decidir dejar de usar el metro podría ser una oportunidad para caminar más. Para moverme, para estar en contacto con la ciudad, para adelgazar, y para ahorrar. Bueno llevo poco haciendo esto, la verdad. Llevaré unos dos o tres meses poniendo en práctica esta convicción de “Barcelona paso a paso” y puedo deciros que me siento genial. Ahorro un dineral al cabo del mes, porque el transporte público es una ruina. He adelgazado bastante (sigo estando gordito, pero ahora soy más foca y menos morsa). Y por otro lado yo tengo una vieja lesión en las rodillas, y cuando hacía muchos esfuerzos se me resentían. Ahora me siento estupéndamente. Mis rodillas, mis piernas en general se han fortalecido.

Todo esto lo digo por un simple motivo. Cuando te llegue una mala noticia, cuando te pase algo malo; antes de desanimarte, antes de deprimirte y mandarlo todo a hacer puñetas. Piensa, medita, pregúntate: ¿es tan malo? Esa simple pregunta hará que tu cerebro se dispare. El hecho de que tu cerebro cuestione la veracidad de esa “mala noticia” hará que todo tu ser se pregunte: “oye, pues es verdad… ¿es tan malo?” Y en el momento que todo tu ser se haga esa pregunta, tú dirás: “esto es ridículo…” y dejarás de darle importancia.

Un consejo extra es que te rías. Sobretodo de ti. Métete contigo. ¿Tienes complejos? Explótalos. Yo siempre he tenido el complejo por mi peso. Y un día pensé: “¡qué narices! Que se acomplejen los demás, yo me niego a ocupar mi tiempo en eso”. Y empecé a reírme de mi mismo. No de una forma ridícula ni hiriente, si no como en el comentario que he hecho al decir que he adelgazado. ¿Qué son los complejos si no una representación psicológica y dañina de lo que nos molesta de nosotros mismos/as? Bueno, pues lo mejor para superarlos es quitarle hierro. Una vez, hace años, una persona me vio por la calle y me gritó: “¡Gordo!” Yo me fui a casa y me puse a llorar desconsoladamente. Años después me da exactamente igual lo que piensen de mi. Siempre digo que el mundo es muy grande, y aunque yo ocupo bastante espacio, no es necesario mirarme a mi… y si alguien no puede evitar mirarme, es que tanto no le desagrado, ¿no?

Muchas gracias.

-Sergio Flores Marcos. (Floser)-
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