El cuenta-cuentos: Sociedad. (parte 4 -final-)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para leer la primera parte de “Sociedad” pulsar AQUÍ.

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Y para leer la tercera parte de “Sociedad” pulsar AQUÍ.

(4ª y última parte 25 de Agosto de 2012)

Palabras a añadir:

Sara: miseria y cráneo

Continuación…

Ya en su casa, Belén no pudo esperar a ponerse cómoda. Normalmente al llegar a casa se cambiaba de ropa y descansaba unos minutos antes de ponerse a hacer cualquier cosa. Esta vez, por el contrario, se sentó en el sofá nada más entrar, abrió su portátil e ingresó en su cuenta de Facebook. Sacó de su bolso el papel que Arantxa le había dado en el bar. En la barra de búsqueda de la página web introdujo mientras miraba la preciosa letra de la chica, su nombre y apellidos. La cara ilusionada de Belén se apagó al ver que en los resultados de búsqueda habían demasiadas mujeres con aquel nombre y apellidos, ninguna era la chica que ella buscaba. Se preguntó, por un momento, si no le habría dicho mal el nombre. En seguida se reprendió y decidió que era absurdo que la chica hubiera hecho algo por el estilo.
Se quedó mirando la nota, y suspirando dijo el nombre de la chica que le encantaba tanto. Era demasiado bonita, nunca, ni en un millón de años, habría podido imaginarse que conseguiría gustar a una mujer como aquella. Sus complejos le hacían pensar así, a pesar de ser una chica preciosa y resuelta. Solía auto-sumergirse en la más absoluta MISERIA.
Tras aprenderse cada cuadrícula de la hoja que tenía en las manos, decidió que si la red social no quería aliarse con ella, tendría que llamarla por teléfono. Buscó su móvil en el bolso y una vez en su mano empezó a marcar los nueve dígitos del número de Arantxa. Cuando hubo terminado pulsó primero el botón de opciones y guardó el número en su agenda.

A-r-a-n-t-x-a…

Acto seguido pulsó el botón verde del teclado. Cuando se llevó el auricular a la oreja, empezó a sentir una oleada de nervios. El primer tono le martilleó la cabeza, con el segundo su corazón dio un vuelco. Al quinto tono saltó el buzón de voz. Belén, decepcionada colgó. Su cabeza estaba cargada de un dolor punzante, era como si miles de agujas se le clavaran en el CRÁNEO.
Se levantó y fue a la nevera, donde se echó un poco de refresco de cola bien frío en un vaso. Siempre le calmaba el dolor de cabeza, no tenía ni idea del motivo, y no sabía si simplemente era un efecto placebo. Mientras daba un sorbo de su vaso, el móvil comenzó a sonar. Era una canción del grupo Scorpions, su título: “Still loving you”. Belén tragó el líquido que tenía en la boca, y se acercó al móvil, como si fuera algo terrorífico. Sin cogerlo se fijó en la pantalla que parpadeaba con cada vibración. Allí, en letras negras se encontraba el nombre de Arantxa. La estaba llamando, y de repente le invadía un terror ilógico. Necesitaba superarlo, y descolgar, necesitaba hablar con ella, pero el miedo era demasiado grande. La lucha interna se interrumpió cuando el teléfono dejó de sonar.
La rabia se apoderó de Belén, que se empezó a insultar a si misma por no haber cogido la llamada. Sujetó el móvil en su mano, a punto de pulsar la rellamada, pero se quedó quieta, pensó en que quizá aquello era absurdo. Mientras pensaba el móvil vibró en sus manos, haciendo que Belén se sobresaltara. Era Arantxa de nuevo. Belén miró la pantalla, respiró hondo y le dio, esta vez sí, al botón verde.

Hola…
¡Sabía que eras tú!
Que energía tienes.
Sí, suelen decírmelo. Oye, perdona que no te lo haya cogido, estaba en la ducha.

Belén no pudo evitar imaginarse a aquella chica en la ducha. Su corazón y respiración se agitaron acompasados.

¿Cómo sabías que era yo? No te di mi teléfono.
Bueno, al ver un número que no conocía, he imaginado que serías tú. No voy dando mi número, así que las opciones eran: alguien que se equivocaba o la chica que me había encantado y a la que le di mi teléfono. Ante la duda… hay que ser positiva.
Yo tengo que aprender a serlo.
¡Yo te enseño!

Las chicas hablaron durante rato.

Arantxa, te va a salir por un pico esta llamada.
¡No mujer! Tengo una de esas tarifas de “llama todo lo que quieras” o algo así. Oye, por cierto; no me has agregado a Facebook, ¿eh? Lo he mirado nada más llegar a casa.

Aquello hizo gracia a Belén, aquel monumento a la belleza, había estado pendiente de que una chica sencilla le agregara o no a una red social.

Lo he intentado, pero me salen ciento y la madre con tu nombre, y ninguna eres tú.
¡Hala, que cabeza la mía!
¿Qué pasa?
Se me olvidó decirte que tengo como imagen de perfil una ilustración de Victoria Francés…
Vaya tela, ya podía buscarte.
Sorry…
Bueno, te perdono por tener buen gusto. Me encanta esa ilustradora.
¿Ella o su arte?
Ambas… ¿la has visto? ¡Es preciosa!

Rieron ante aquel comentario. Victoria Francés era una ilustradora valenciana, que solía pintar a chicas y chicos en una estética gótica. Sus ilustraciones solo podían compararse en belleza a la suya propia.

Entonces te he visto, pero ¿cómo iba a saber que eras tú?
Lo sé, lo sé. Soy bastante despistada. Ya irás conociéndome.
Eso espero, la verdad es que hacía tiempo que no me gustaba tanto alguien. Me pone nerviosa el simple hecho de saber que estás respirando al otro lado de la línea.
Eso es precioso Belén. Tú también me gustas mucho. Mi hermana creo que ya está harta de que le hable de ti…
Ja, ja, ja. Pobrecilla.
Sí, es una santa. Quisiera proponerte algo Belén, pero me da miedo agobiarte o incomodarte.
Dime…
¿Quieres cenar conmigo esta noche? Vivo con mi hermana, pero hoy se va a dormir con su novio, y tengo la casa para mi. No pienses mal, este dato no era con una intención lujuriosa, solo como información para que no te de tanta vergüenza.
¿Te puedo ser sincera?
Espero que lo seas siempre…
Me encantaría cenar contigo esta noche…
Pero…
Pero con una condición. Como bien has dicho, soy muy vergonzosa, y por mucho que tu hermana no esté, lo pasaría mal yendo a tu casa. Veo que tu eres más espontánea y menos cortada. ¿Sería muy egoísta por mi parte que vinieras tú a la mía? Estando en mi terreno me sentiré más segura.
¡Claro! Estaré encantada. Yo llevo el vino, ah, pero no empieces a cocinar sin mi, ¿eh?

Belén se sonrojó al pensar que si fuera por ella no cocinaría, y se comería a besos a aquella chica. Pero tras un ejercicio de auto-control, aceptó aquella petición. Le dijo donde vivía y colgaron el teléfono. Al hacerlo los nervios se apoderaron de Belén. Tenía una cita, en su propia casa, por la noche, con la chica más maravillosa que jamás hubiera conocido. Las dudas se agolparon en su mente: ¿qué se pondría? ¿qué prepararía de cenar? ¿decoraba el salón con velas, o era quizá demasiado exagerado? Ninguna de estas dudas le importaba, porque aquella noche, cenaría con la que seguramente, sería la mujer de su vida.

-FIN-
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