El cuenta-cuentos: Sociedad. (2ª Parte).

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para ver la primera parte de Sociedad pulsad AQUÍ

(2ª parte. 12 de Agosto de 2012)

Palabras a añadir:

Emma: Luchar.

Continuación…

El camarero que vestía una camiseta negra con el logotipo y nombre del bar en su pecho izquierdo con delantal granate en sus caderas y pantalón negro tajo la comida. Belén y Laura miraron encantadas la ensalada de lechuga, tomate, atún y aceitunas que el hombre dejó ante ellas. Una ensalada quizá demasiado grande para ellas dos. Arturo cogió rápidamente el vaso de gazpacho frío que había pedido, se lo bebió de golpe, como si de ello dependiera su vida.

¡Por Dios Arturo! -reprendió su novia- ¿para qué te pides algo, si no vas a saborearlo?
Tenía sed mujer…

Belén cada vez sentía más repulsión por aquel individuo. Pero hizo caso omiso a aquella pequeña discusión absurda, y se dedicó a aliñar la ensalada con el aceite de oliva, el vinagre y la sal. Sus dedos se impregnaron levemente del sabroso aceite y la chica se llevó el dedo a la boca en un gesto tan inocente como natural.
Desde la otra mesa, Arantxa sintió como su corazón se aceleraba ante aquel gesto, que en su estado de agitación, no le pareció tan inocente. Sus dientes atraparon a su labio inferior en una mueca clara de excitación. Pronto sacudió la cabeza al darse cuenta de que no estaba sola, en la intimidad de su piso.

Madre mía… me está torturando Carol.

Así es como llamaban sus amigos a Carolina.

¡Ja, ja, ja! Te torturas tu sola, solo se está chupando los dedos.
¡Lo sé, lo sé! Pero… mamma mía!

Dijo con un tono italiano exagerado. Belén, desde su mesa, levantó la mirada, aún atareada con su misión de saborear el aceite, y al ver el rostro de Artantxa, se dio cuenta de lo que ocurría. Se apartó la mano de la cara con un gesto tan brusco que a Arantxa le hizo gracia. Belén sonrió sonrojada, sus mejillas habían tomado el color de los trozos de tomate que descansaban esparcidos en el plato. Su admiradora le guiñó un ojo y Belén tuvo que LUCHAR para que el mareo que le invadió todo el cuerpo al ser consciente de que la chica que le estaba encantando, también presentaba interés en ella, no le dominara.

¡Arantxa, deja de ponerla nerviosa!
Yo no he hecho nada… aunque haría mucho si ella quisiera.
¡Arantxa! -exclamo Carolina al escuchar aquella afirmación- ¡ja, ja, ja! Eres lo que no hay, ¿eh?

Volvieron a estallar en una risa conjunta que captó la atención de Belén, y esta vez, también de sus acompañantes. Arturo las miró por encima del hombro, como aquel que te perdona la vida.

Que escandalosas son… si siguen así tendré que pedirle al camarero que les llame la atención.

Belén le lanzó una mirada fulminadora que hizo que el hombrecillo no pidiera mantener los ojos en los de la amiga de su novia.
Laura se dio cuenta de la mirada, y aguantó una carcajada al comprender que el motivo de la distracción de su amiga, no era un mal estar físico, si no un repentino enamoramiento acompañado por una compañía no deseada. Ella sabía más que de sobras que a Belén no le caía bien Arturo, de hecho, era consciente de que Arturo solo le caía bien a los amigos de éste. A veces incluso ella misma se hartaba del comportamiento pueril de su pareja.

¿Cual es la que te gusta?

Preguntó Laura dejando a Belén sin palabras un instante. Empezó a titubear, sin conseguir formar una sola palabra. Laura le interrumpió:

Déjame que lo adivine… ¿es la del pelo rizado rubio? No, a ti las rubias no te gustan… así que es la otra. ¡Vaya! Que buen gusto que tienes Belén…

Belén se enrojeció de vergüenza, y a la vez se sorprendió gratamente al ver que su amiga conocía tan bien sus gustos. Arturo abrió la boca para hacer un comentario, pero esta vez quedó enmudecido por la mirada de las dos mujeres. Belén presentaba el aspecto de alguien a quien se le acabó la paciencia hace tiempo, y que en cualquier momento, podría estallar. Y Laura el aspecto de quien se siente ofendido por el mal comportamiento hacia una amiga. Apartando lentamente la vista de su novio, arrastrando las pupilas en un matiz perfecto de enfado, volvió a la conversación con Belén:

¿Crees que ella se ha fijado en ti?

Belén agachó la mirada cada vez más roja.

Me ha guiñado un ojo hace unos segundos…
¡Vaya! ¿Y a qué esperas para ir a hablar con ella?
Estoy con vosotros…
Vamos, vamos, no es que te vayas a ir de viaje con ella, ¿no? Ve, dile algo y luego vuelve…
No sé…
Belén… ambas sabemos que no estás agusto en esta mesa. Ve, y cuando acabes vuelve.

Belén pensó un instante en aquella posibilidad. ¿Qué le podría decir? ¿Y si el guiño era solo de complicidad por la situación? ¿Y si no era lesbiana? ¿Y si hacía el ridículo? Demasiados “y si…” pero había uno que resonaba por encima de todos esos: ¿Y si por no ir, perdía la oportunidad de conocer a alguien especial?

Continuará…
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