El cuenta-cuentos Julio: Bajo una luna de otoño. (Parte 2)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para ver la primera parte de “bajo una luna de otoño” pulsar AQUÍ.

(2ª parte. 23 de Julio de 2012)

Palabras a añadir:

Nursiwe: Recodo y alma.

Continuación…

De las bocas de los dos hermanos salía un vaho que se iluminaba bajo la luz de la luna. Trin se abrazó a Sam al escuchar acercarse a la muchedumbre por el callejón. Sam temía que aquella multitud descubriera la caja que cubría la ventanilla rota.

¿Dónde demonios están?

Dijo una voz masculina.

¡Ha sido esa niña! ¡Han desaparecido!

Respondió una voz chillona que Sam no supo si pertenecía a un hombre o a una mujer.

¡Es una bruja!

Gritaron unas cuantas voces al unísono. Trin lloraba en silencio, sintiendo la mano de su hermano tapándola el oído.

tranquila Trin, – susurró Sam –, ya se van.

En efecto, las voces se alejaron por el callejón. Murmuraban y maldecían a los dos hermanos. Sam se relajó, y Trin sintió que el miedo empezaba a abandonar cada RECODO de su ser.
Se abrazaron y Trin rompió a llorar. Su hermano la apretó contra el pecho sin saber como tranquilizarla. Aquello era algo espeluznante, ¿cómo era posible que gente adulta quisiera quitarle la vida a una niña pequeña?

¿Qué vamos a hacer Sam?

Debemos esperar un poco, así nos aseguramos de que esa gente se ha ido.

No entiendo nada, ¿por qué nos quieren hacer daño?

La niña no recordaba nada de lo que había ocurrido. En cambio Sam no podía olvidar como la voz de su hermana cambiaba perdiendo el tono angelical y dulce para dar paso a una voz tenebrosa y grabe. No podía dejar de pensar en la luz que envolvía el cuerpo de Trin, y aquellos ojos, sentía el rojo fogoso de la mirada de su hermana clavados en lo más profundo de su ALMA. No pudo responderla, no sabía que decir, que explicarla.
Trin se quedó dormida en el suelo, con la cabeza apoyada en el regazo de Sam que estaba sentado con la espalda reposada en la pared. El crío acariciaba el pelo espeso de la niña. Y veía como la pequeña dormía en posición fetal con el dedo pulgar de su mano izquierda dentro de la boca. Recordó como Sarma, su madre, había intentado conseguir que Trin dejara aquella costumbre.

Ya eres mayor para chuparte el dedo, hija mía.

Los ojos de Sam se humedecieron al recordar a su preciosa y querida madre. También recordó con rencor como su repulsivo padre intentó conseguir que Trin dejara aquel hábito, solo que el método del hombre era más agresivo. Las lágrimas del chico cayeron al recordarse a sí mismo plantándole cara al hombre, para que le pegara a él y no a su hermana.

Gracias hermanita – susurró Sam – no sé como lo hiciste, pero prometo protegerte.

Tras decir esto, los ojos del chico se cerraron embrujados por el sueño y el cansancio. Quedaron ambos hermanos en el suelo de aquel frío sótano, dormidos, a salvo de la ira de unos pueblerinos desquiciados.

Continuará…
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