The textualist Febrero: Abril. (Parte 3, final)

Como veis el juego es bien sencillo. Bien, pues empecemos.

Para ver la primera parte de “Abril” pulsa AQUÍ.

Y para ver la segunda parte pulsa AQUÍ.

(Parte 3ª y final. 03 de Febrero de 2012)

Palabras a añadir:

Krysty: Catástrofe y pirámide.
Ali: Marfil y ajedrez.
Floser (yo): Lunar y Remiendo.

Continuación…

Carlos oía los gritos de Rubén al otro lado de la línea. No le hizo falta ver lo que ocurría para saber que dos de sus compañeros habían muerto. Cogió el teléfono móvil y marcó el número de los Mossos d’Esquadra.

¡Necesito ayuda, hay dos hombres en peligro!

Carlos sabía de sobras que no estaban en peligro, habían muerto. Al otro lado de la línea telefónica una agente intentaba calmar al hombre que llamaba.

Dígame señor, ¿qué ocurre?

Me llamo Carlos, soy del personal de seguridad del metro, me encuentro en el punto de control de Diagonal. Algo ha pasado en la línea dos, en la parada de la Pau, dos compañeros míos… oh, Dios… creo que están muertos.

¿Qué le hace pensar eso?

¡Maldita sea! ¡Porque he escuchado por radio sus berridos! ¡Manden una patrulla por favor!

Carlos colgó sin despedirse, rezando – aún sin ser creyente – para que la agente le tomara en serio y mandara una patrulla. Recogió sus cosas y subió a toda prisa por las escaleras mecánicas. A pesar de su corpulencia, Carlos subía los escalones móviles de dos en dos. Sus pantalones crujieron en su entrepierna, el hombre lo notó y pensó instintivamente en que al llegar a casa debería hacerse un REMIENDO. Le parecía curioso que pensar en aquella tontería en un momento como aquel.
Al llegar a la calle se dio cuenta de que no había cerrado la puerta de la estación. Solo le faltaba que algún vagabundo se colara y anidara en el calor del metro. Volvió a bajar corriendo las escaleras, esta vez usó las escaleras ordinarias. Empujó la puerta de metal hasta que dio un golpe, el gran candado se le cayó por los nervios, lo recogió a toda prisa del suelo y respiró hondo para relajarse. Cuando consiguió cerrar el lugar volvió a subir las escaleras mecánicas. Corrió por la calle hasta llegar a su coche, un Nissan Primera de color verde. Arrancó el motor, y tras meter primera emprendió su marcha. Carlos miró por el parabrisas hacia el cielo al notar una creciente oscuridad.
Nuevamente notó que la sorpresa le invadía. La luna estaba eclipsada.

¿Qué diablos está pasando? Hoy no había eclipse LUNAR.

Bajó por la avenida Diagonal, rezando por no toparse con un coche patrulla, rezando también porque la fortuna – o los semáforos – se pusieran de su parte, rezó y rezó, algo que nunca antes había hecho.
Llegó a rambla de Prim y torció. Estaba realmente cerca, desde el punto de control no tardaría más de diez minutos en llegar. Cuando estuvo a la altura, en rambla de Prim esquina Guipuscoa respiró aliviado al ver un coche patrulla frente a la boca de metro de la Pau.
Aparcó, puso el freno de mano y giró la llave para enmudecer el motor. Se apeó del coche y corrió hacia la luz azul que brillaba intermitentemente en el techo del coche.

¡Buenas noches!

Gritó jadeante Carlos. Le recibió un agente uniformado con una camiseta azul pálido, un pantalón oscuro con una franja roja en su lateral y un gorro con el escudo de Cataluña en el frontal.

¿Usted ha llamado?

Dijo secamente el agente.

Sí, he sido yo.

El hombre que respiraba con dificultad por el esfuerzo y la adrenalina, miró al mosso que tenía delante, era un chico joven, delgado, con gafas de pasta negra. A Carlos le pareció más un campeón de AJEDREZ que un agente de policía. Del coche patrulla de pronto salió una chica de una belleza asombrosa, a pesar de aquel uniforme que a Carlos nunca le había gustado. La agente tenía una sonrisa de MARFIL, y se acercaba a ellos con paso decidido.

Buenas noches señor. ¿Es usted el que ha dado el aviso?

Carlos asintió.

Bien, cuéntenos lo que ocurre si es tan amable.

El hombre intentó no estallar en cólera ante la pérdida de tiempo que suponía volver a repetir todo lo ocurrido, respiró profundamente para contenerse, y les habló a los agentes de una niña abandonada en el vagón de metro, que Dios sabe donde estaría. Les habló también de los gritos ensordecedores de Ferrán, y que mandó a otro hombre a ver lo que ocurría. Les comentó por ende que el segundo hombre parecía haber sido también atacado por alguien.

A veces se cuelan yonquis en la estación.

De a cuerdo, ¿tiene la llave de esta estación?

Carlos asintió. Y por fin se encaminaron hacia las escaleras. Las bajaron, y el hombre abrió el candado del portón de hierro. En pocos segundos pudieron entrar en el vestíbulo de la Pau.

Mis dos compañeros estaban en el andén de trasbordo de la línea cuatro.

Los agentes se miraron, y tras mover ambos la cabeza positivamente emprendieron el descenso. Al llegar al último escalón, Carlos, que les seguía de cerca, les señaló con la cabeza la dirección que debían tomar. Ante ellos se había la puerta del trasbordo completamente desprovista de luz.

¿No puede dar la luz?

Todas las luces de la estación están encendidas, deben haberse fundido.

Los dos agentes gruñeron ante la imposibilidad de que todas las luces de un andén se fundieran en el mismo instante. Acercaron los dos sus manos a la cartuchera de su cinturón, y quitaron el botón que las mantenía cerradas.

Quédese aquí.

Dijo el agente extendiendo la mano en claro signo de “stop” a Carlos, y miró a su compañera. Volvieron a sentirse y se acercaron sigilosamente a la puerta en penumbras. La mujer sacó de su cinturón una linterna que encendió. Al hacerlo un ruido, sonó en la lejanía.

Mierda, David-dijo dirigiéndose a su compañero- no te despistes.

Sacaron las pistolas y extendiéndolas para apuntar posaron la mano de las linternas bajo la que empuñaba el arma. Empezaron a caminar moviendo aquí y allá la luz para que nada les sorprendiera. La mujer iba delante, el hombre iba detrás caminando de espaldas para cubrir la retaguardia.

David… mira.

El agente miró por encima de sus hombros a donde la agente señalaba con la luz.

¿Qué cojones es eso Laura?

Es la mitad inferior de un cuerpo…

Ambos estaban espantados ante aquella CATÁSTROFE. Entendieron en seguida que no se trataba de ningún yonqui, y aunque no sabían que había causado aquello, se dieron cuenta que no fue obra de ningún hombre ni ninguna mujer. El cuerpo de Ferrán-o lo que quedaba de él-presentaba marcas de dientes, sin duda algo lo había deborado. ¿Pero el qué? Algo que estaba en la parte más alta de la PIRÁMIDE alimenticia.

¿Has oído eso Laura?

Dijo David al escuchar un ruido en los túneles. Ambos se miraron entre la poca luz de las linternas dotaban a aquel siniestro andén de Barcelona. El agente hizo unas señales de luz, apagando y encendiendo la linterna en dirección de Carlos que se aproximó en una carrera. No pudo evitar posar su mirada en el medio cadáver que había en el suelo.

¡Virgen santa!

Señor – dijo el agente – escuche, tenemos que bajar al túnel. ¿El servicio está totalmente interrumpido? ¡Señor!

Carlos asintió temblando sin dejar de mirar las piernas que yacían a pocos centímetros de su persona.
Laura hizo ademán de entregar su linterna a Carlos, y éste la interrumpió sacando de su cinturón una grande de metal que encendió apuntando al tejado compuesto de unas vigas de metal, su vista se alzó instintivamente siguiendo el haz de luz. Los ojos de Carlos se abrieron como platos al ver, colgando de las vigas, el cuerpo ensangrentado de Rubén. Del propio sobresalto cayó de culo al suelo. Ambos agentes apuntaron hacia donde el hombre miraba desde el suelo aún sin la ayuda de la luz, como si de alguna forma aquella visión se le hubiera tatuado a fuego en las retinas.

¡Mierda! ¿Qué está ocurriendo a quí?

es… es… es Rubén. El… el… el hombre que… que envié… pa… para ver que o… ocurría.

Entonces ese debe ser su otro compañero.

Dijo Laura apuntando con su linterna las piernas del suelo.
Escucharon un golpe en el andén de enfrente, y apuntaron al instante en aquella dirección. Allí se encontraba de pie una niña completamente desnuda.

¿Qué haces ahí pequeña?

Carlos giró la cabeza al oír gritar al agente David, y vio a la cría. El mosso comprendió que la pequeña estaba asustada, y decidió bajar a la zona de vías para cruzar al otro andén y rescatarla.
Laura por su lado aumentó la atención alzando la pistola para cubrir las espaldas de su compañero, si alguien le atacaba mientras salvaba a la niña, ella vaciaría el cargador.
Carlos tuvo al instante un flash: recordó que Ferrán había encontrado a la niña y de pronto murió de alguna forma cruel y sanguinaria. Recordó que después fue Rubén el que se topó con la mocosa, y que mientras la rescataba sufrió el ataque de alguien, o algo. De pronto su expresión cambió y lo entendió todo.

¡Agente, no! ¡Aléjese de ella!

Laura le miró, y David se giró en medio de las vías para ver al hombre que le hacía una petición tan absurda. ¿Dejar a una niña asustada allí sola?

¡Agente, aléjese!

De pronto la niña alzó la cabeza, y desde una posición inferior David le enfocó la cara, aquella cara que fue la última visión de dos hombres, aquella cara tenebrosa, con su sonrisa pérfida. Abril ladeó la cabeza, y aquella simple acción, poseía una capacidad asombrosa para helar la sangre de cuantos la contemplaran. Con un rugido animal la cría se abalanzó sobre el agente, que al sufrir el primer mordisco lanzó cuatro disparos al aire.

¡Sacármela! ¡Sacármela!

Gritaba David. La niña arrancó un trozo de carne del cuello del agente de un fuerte bocado. El agente cayó al suelo muerto. Laura hizo un gesto como para emprender la carrera en su rescate, pero Abril miró a la agente, y se lanzó hacia ella, como si volara por los aires, en un instante recorrió la considerable distancia que las separaba. Laura soltó la linterna y consiguió, no obstante apuntar a la niña y disparar cuatro veces. Uno de los disparos alcanzó el hombro de la pequeña endemoniada y ésta cayó en el negror de las vías.
La agente respiraba con esfuerzo y apuntaba a la penumbra, primero a la izquierda, luego a la derecha. Quizá arriba, o quizá en frente, puede que abajo… de delante suyo surgió la niña, tan precipitadamente que a Laura no le dio tiempo a reaccionar.
Carlos temblaba, e incluso, se había orinado encima del propio miedo. Tenía frente a él, a pocos centímetros, a una cría en apariencia, y una bestia en esencia. Devorando a la agente de los Mossos d’Esquadra. Su mente le decía que debía huir, su cuerpo no estaba dispuesto a obedecer.
Cuando Abril terminó con su nueva presa, le miró con aquellos ojos negros como el carbón. Y en toda la parada de la Pau, se escuchó el desgarrador grito de dolor de la nueva víctima de la niña. Todo se había vuelto terrorífico aquella noche, y la niña se retiró a la profundidad de los túneles, esperando a que las víctimas volvieran a ella. Ahora ya sabía donde conseguir a sus presas. Ahora ya sabía, cual sería su nuevo hogar.

-Fin-
Anuncios

6 pensamientos en “The textualist Febrero: Abril. (Parte 3, final)

  1. por fin!!!, que ganas de que acabara la historia!, siniestra ehh, pero me gusta. solo espero no soñar con ella…. buen trabajo!! como siempre 🙂
    Hasta la próxima artista….

  2. Ja, ja, ja. No lo digas de esa forma mujer, que parece que tuvieras ganas de que se terminara porque estabas ya harta. ¡ACLARO QUE SE REFIERE A QUE EN ENERO HICE VACACIONES, NO PUBLIQUÉ Y HE TARDADO MÁS DE UN MES EN ACTUALIZAR ESTA SECCIÓN! jajajaja. Me alegra que te guste Krysty.

  3. jajajaja. Si es que… jajajaja Recordar que podéis dejarme palabras aunque se haya terminado la historia, ya que las que me dejéis este mes las usaré para el principio de una nueva. (No os diré el género de la siguiente historia para que no os condicionéis a la hora de ponerme palabras.)

  4. Hala, como se pasa esta chica. Jajajaja, recuerdo al principio, cuando empezaste a ponerme palabras, ponías cosas como “amor” ahora me pones cosas como “pirámide”, “esperpento” jajajajajaja. Gracias, me gustan mucho tus palabras.

¡Coméntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s